miércoles, 25 de diciembre de 2013

jueves, 19 de diciembre de 2013

Al hilo de las eléctricas...


Andaba uno por los “jaenes”, hace ya bastantes más lustros de los que uno deseara, comiéndose el mundo a dentellás y aún perdiendo el tiempo, como ahora, en alguna que otra chorrá fuera de sitio.

Posiblemente, ¡con seguridad!, fue la asignatura de “Historia del Arte” la mayor chapuza que tuve durante la carrera y, como diría el refrán, “no quieres caldo, pues toma tres tazas y la última con colmo”: en primero, en segundo y en tercero.

Pues metido en verea y en el disloque que aquello era, no tuvo la “manigera” otra ocurrencia que apañar los anejos de su doctorado con el trabajo ajeno haciendo, cosa muy cotidiana en todo tiempo y lugar, que la responsabilidad del error recayera en el escribiente.

Y nos vimos pergeñando un coñazo de fichas sobre pañitos varios, mantelerías y demás útiles sacros en materia de ganchillo. Pues así andábamos, rematando la faena, cuando de aguinaldo tuvimos la encomienda de fotocopiar varios artículos que formaban parte de la bibliografía “manejada”. Y en esas, nos pusimos en dos patás en el Archivo de la Diputación que, por aquellos años, cogía de frente y de buen grado frente al muy afamado “Bodegón”, lugar de grato encuentro, buenos tapas y mejores vinos.

Con la buena compaña de mi compañero y mejor amigo Hilario, una vez finada la faena y pensando que la “dolorosa” corría a cargo de la susodicha de la encomienda, dijimos de cerrar los 200 duros de la factura cuadrándonos entre pecho y espalda un vino del mencionado cuchitril vecino. Y ya puestos, redondeamos con tres, ¡total, iba a pagar la capitalista!

El paso de los días y las semanas vino a certificarnos que además de puta, pusimos la cama. Ya viejos, y al hilo de esto de las eléctricas, las cosas siguen con las mismas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sobre las dos orillas...

¡Hay días que a uno se le va la olla!

Al hilo de una de las noticias del día, el amago de privatización de la Seguridad (cualquier día andamos a la par del Perú), por cierto solo un episodio más de la privatización total de los bienes y servicios públicos, me ha venido a la cabeza lo cierto del encuentro de los extremos.

Y así es, el estado ultraliberal que nos ha traído esta santa globalidad cada vez se acerca más al más estricto feudalismo, como así pone de manifiesto el crecido y arbitrario diezmo que sin falta se nos recauda cada fin de mes como prestación de los servicios más básicos e imprescindibles: higiene, energía, agua potable,…, para mejor salud de nuestra “nobleza”; peaje que sin tregua y mesura enflaquece y merma los paupérrimos salarios,…, cuando los hay.

domingo, 27 de octubre de 2013

lunes, 23 de septiembre de 2013

Turismo paciente: Compuertas Parque Natural, la vida a la luz del Atlántico

http://www.andalucia.org/es/turismo-y-deporte/cadiz/compuertas-parque-natural/
 
Compuertas Parque Natural es una empresa dedicada al desarrollo de actividades turísticas y a la preñez de sensaciones en el marco de los espacios naturales de la provincia de Cádiz, tanto en la Bahía, como en Alcornocales o Doñana. La peculiaridad de estos espacios y su vinculación a la cultura, a la historia y a la propia vida de las gentes de esta tierra, los convierten en unas zonas de gran valor para el desarrollo de programas con amplio contenido interpretativo, educativo, lúdico, etc.
 
La propuesta  de Compuertas Parque Natural incide de lleno en estos valores y propone diferentes productos turísticos agrupados en Naturaleza, Cultura y Gastronomía. Así, entre su amplia oferta cuenta con rutas temáticas tan atractivas como "El muelle pesquero", en Rota, o la "Isla del asedio"; la visita a diferentes salinas activas, tanto de San Fernando como de Sanlúcar, para conocer la "cosecha" o pasear entre caños y esteros; introducirse en pequeños talleres de elaboración artesana, como el mimbre; navegar entre las artes del atún, en Barbate; o colarse en el hábitat de las algas, porque Cádiz huele a algas.
 
Además de estos contenidos, intentan en todo momento sumar valores al espacio natural. Es por ello que, durante el desarrollo de las visitas, ofrecen una sencilla degustación de productos de la zona que crean un ambiente muy agradable en este marco inigualable. Una copita de manzanilla o moscatel, un cartuchito de camarones, o unas tortas de aceite y polvorón de Sanlúcar  son un acompañante perfecto para la mañana o el atardecer en la salina.

 



viernes, 13 de septiembre de 2013

De música y otras cosillas

Uno se crío, musicalmente, en un revoltijo, entre un barullo de cintas de mi primo José María, donde igual alternaban los Chichos, que Bonie M o Los Puntos. A ellos se sumaron los pasodobles de “Los Esclavos” o las cansinas orquestas del primer “Emigrante”.

Pero, a hurtadillas, algunas tardes me cobijaba en el cuarto de mi chacho Vicente con un viejo radio casete que, jubilado del horno, me descubría extrañas melodías, todas ajenas a mi andurrear cotidiano. Allí, a mi antojo, me di de bruces con “Diario Pop” y arrabales. ¡“pa” qué contar!, mi primera banda señera fueron los inigualables “Tarik y la Fábrica de Colores”. Allí fui descubriendo, a migajas, el pasado más inmediato y el futuro que acechaba.

No tardé en colarme en “movidas” varias. Así, mi bisoñez se inclinó pa Vigo, mientras que mi corazón tiraba de Madrid y mi ardor al primer Euskadi que se aferró como hierro ardiente con la inmediata aparición de Kortatu.

Palurdete, cuando llegué a Jaén intenté disimularlo, más aún en temas musicales, donde mi buen aprender radiofónico me daba cancha. Pero, ¡ay de mi!, cuando en mi primer “Lagarto”, ya con la buena compañía de mi amigo Hilario, más puesto en estas cosas del rock, aparecí más de vacío que el bueno de mi amigo “José María” en una fiesta de cumpleaños. Aquello era todo intendencia: neveras y neveras de “bebercio” pa blincar con un poco de alegría y holgura económica.

Aquel año anduvieron de invitados, creo recordar, los M-Clan.

Bueno, pues andaron años y mudanzas y con tanta “hambre” pasada a la mínima que uno pudo pegarle un bocado a un mendrugo no dejó pasar la ocasión. Así, como cuando en un plan turístico hubo que jurar que las aguas el Guadalquivir fluían entre las Migaldías y el Tamujoso con más contundencia que las que afirman lo propio de la Sierra de María, hice las tretas que pude para encaramar a mi pueblo a la cartelera del rock patrio.

Abrió camino, muy flojete, “El Norte”, pero le sucedieron otros como “Buenas Noches Rose”, “La Frontera”, “Hermanos Dalton”, Tahúres Zurdos o el primer y auténtico Ska-p. Pero, en una de ellas, por mayo, anduvo por aquí Rosendo. Uno, en su papel, más estirao que un palo de polo y, en esas, a poco de comenzar el concierto, veo que de un coche foráneo se baja un patrullón cargado de neveras. Hilario, Marisol, “el negro” y alguno que otro de Linares; se me cayó un lagrimón.

¡Menuda noche!


domingo, 8 de septiembre de 2013

De mudanza

Cosas del aquí y allá, por estos días del ’82 andaba de mudanza.

Por entonces, los pocos que en mi pueblo brincaban la EGB tenían la correcta tendencia de ejercer el bachiller en la vecina localidad de Bailén. Era cosa de pura logística, pues a la mayor cercanía se sumaba la intendencia de transporte: ida y vuelta a pie de obra y en el minuto de fichar.

Pero, como decía, cosas del aquí y allá, que un servidor acabó haciendo las primeras en la ciudad minera y estrenando el Cástulo, cuando aún se nominaba mixto número 2 y los bocadillos del recreo siempre eran de “perrito caliente”, vendidos bajo la escalera del primero.

Comencé con mal pie, pero se ve que no era el izquierdo y acabé un año excepcional, y no solo en lo académico. Pero la suerte estaba echada desde el principio y con septiembre vendrían las mudanzas al María Bellido.

La víspera, un servidor, “ilustrado” y con mundo -ya verás-, incité a mi gente a escuchar la recién pirateada cinta de Leño. Los “merguis”, en la línea de subterfugio en la que andábamos, ofrecieron la vieja casa de sus padres en la calle Amargura, la que ahora es de Antonio, para el trapicheo.

Andábamos en esas por la azotea, pergeñando un viejo radio casete de Juanatos para darle marcha a la cinta. Pero nos tiraba el monte, eran muchos años en el Corralón saltando bardales. Así que, entre “corre, corre” y “qué tire la toalla” dimos el brinco al vecino de abajo, a olisquear (perdona Ani).

Poco vimos que no conociéramos pero, ¡ay!, qué en la alacena encontramos una orza de carne de monte en aceite, que paciente esperaba la visita de su ausente destinatario. Improvisando y a hurtadillas de Lola nos dimos una jartá. Terminó su andadura la cinta, y la sartén, y cada uno para su casa.

Creo que no llegó la noche y llegaron los primeros retorcijones. Primero leves y después achuchaíllos, tanto que no me valió, tuve que llamar la atención de mis mayores. Hospital de Linares, supuesta apendicitis aguda, uno callao como un muerto, los otros cagaos por si eran intoxicación.

Total, dos días sin comer, pues aunque era apendicitis parecía que no había llegado a mal puerto, y la mudanza que tuvo que retrasarse. De paso, evité el castigo como novato, pues en el revolicio explica tú que siendo nuevo no eras novicio.


sábado, 7 de septiembre de 2013

El tránsito de la Edad Media a la Moderna en la aldea de Bannos: el Cerco de de los Corvera

Durante la segunda mitad del siglo XV y en el marco de la guerra por la sucesión de la corona de Castilla, los Corvera, noble familia baezana mudada a la periferia territorial del término concejil, levantó en las estribaciones de Sierra Morena una muralla como refuerzo y defensa de la incipiente aldea de "Bannos" y su castillo. Fieles a Isabel de Trastámara, hubieron que enfrentarse a las huestes de Enrique IV y,  posteriormente, a las de su hija y heredera Juana la Beltraneja.
 
Su coyuntural apoyo a Isabel, les enfrentó al Concejo de Baeza bajo cuya jurisdicción se hallaban las tierras de Baños. Con la definitiva victoria de la Católica, y tras un fugaz periodo de euforia, cayeron en desgracia y perdieron la alcaidía del castillo que debieron entregar a los Carvajales, también familia muy principal baezana.
 
La edificación de la parroquia de San Mateo, la construcción de casonas sobre la muralla o la necesidad de dar salida a estranguladas callejas como Madre de Dios, fueron desfigurando el Cerco de la temprana Edad Moderna.
 
De la edificación original podemos apreciar la muralla, que se desliza ante nuestra vista calle Trinidad abajo (Guzmanes). Aún cobija un puesto de guardia que se asoma a la izquierda de la puerta de la actual hospedería de los Guzmanes. Otros testimonios muy visibles son  la escarpa que delimita la calle travesía Fugitivos en su flanco sur y el torreón exento de los Corvera o Poblaciones-Dávalos (otrora presidiendo la plazoleta del Rosario) que, posiblemente, mudo de defensivo a fiscalizador de la maraña económica que debería sustentar el crecimiento de la aldea y su mudanza a villa.
 
Ocultos bajo amalgamas constructivas, pueden intuirse otras trazas del viejo cerco, ya sea en la parte posterior de las casonas que cierran la plaza por su banda noroeste, muy destrozada por la historicista construcción de la cada de “las viudas”; o en el viejo y desfigurado callejón, otrora funerario, que, desde la misma Plaza, zigzageaba hasta el Castillo. Bajo el Cueto, en el alto Laero, con los movimientos de tierra de la promoción inmobiliaria del Callejón del Precipicio, aparecieron cortes estratigráficos que ponían de relieve la posible existencia lateral de una fosa.
 
http://youtu.be/XrNOoLiTMjE




viernes, 6 de septiembre de 2013

Turismo paciente: Alema Chiclana, la cosecha entre salinas, caños y esteros

 
Alema Turismo y Medioambiente es una empresa fundada en el año 2001, que tiene como principal objetivo la educación ambiental en el marco de la conservación de los bienes de carácter etnográfico. Su vocación es subrayar y difundir los valores medioambientales, el contacto directo con la naturaleza y la preservación de los quehaceres tradicionales del territorio de la Bahía.
 
Alema Turismo y Medio Ambiente cuenta con la concesión de una salina tradicional situada en el término municipal de Chiclana de la Frontera, “labor” que forma parte de la Ruta de los Esteros. La población ésta situada en el área de influencia socioeconómica del parque natural Bahía de Cádiz. Dicha salina, denominada Santa María de Jesús, incluye entre sus instalaciones: una casa salinera, dos esteros, destinados al cultivo y estudio de los peces del lugar, y el Centro de Recursos Ambientales “Salinas de Chiclana”, que actúa como punto de información, centro de visitantes y dinamizador de actividades.
 
El equipo de Alema Turismo y Medioambiente está formado por un grupo de personas altamente cualificadas a nivel técnico y educativo, lo que viene justificado por los muchos años de experiencia, su capacitación, la formación continua de la que están impregnados y el entusiasmo que  ponen en cada uno de sus campos de trabajo.
 
Además de las experiencias vinculadas a la explotación salinera, como la alba cosecha o una cata artesana, Alema Turismo y Medioambiente ofrece otras actividades como las propias de una granja escuela, talleres artesanales, huerto ecológico, observación de aves en la marisma, pasear a pie o en bicicleta entre los muros de la salina o realizar piragüismo entre caños y esteros.
 



martes, 3 de septiembre de 2013

De clérigos de armas tomar y otras cosas de la calle del Potro, Baños de la Encina 2

En los inventarios del siglo XVII y primer tercio del XVIII, aproximadamente, aparecen frecuentemente las espadas, poco aptas para defenderse en desploblado, así como las dagas, En el ámbito de la sierra las armas de fuego eran más apropiadas para repeler un posible asalto. Particularmente las armas cortas. El prior de la iglesia parroquial de Baños, Dr. Don Melchor Blanca de la Cueva poseía:
 
- “Una pistola de cuatro cuartas de largo de cañón, con sus volsos para la munición y una taleguilla para la pólvora… para postas. Así como otros utensilios para ésta.
- Un pistolete pequeño.
- Un cuchillo de monte grande y otro pequeño, ambos en la misma vaina.
- La espada de mis abuelos que es de estima por ser de Vilbau, de las viejas y de marca, ésta ba de mayor a mayor (de primogénito en primogénito).”
 
No hay duda de que el mencionado clérigo estaba bien pertrechado ante cualquier eventualidad.
 
“Algunas notas alrededor de un caso de bandolerismo en Baños de la Encina”, Ángel Aponte Marín.
 

 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Hábitat singular en el área de influencia del parque natural Sierra de Andújar

http://www.redalyc.org/pdf/398/39801601.pdf
 
La explotación agraria del territorio propició la aparición de un elevado número de viviendas rurales además de las que ya hemos comentado. Algunas de ellas destacan por su originalidad, como pasa con los denominados «chozos» o «torrucas», que aún se mantienen en varias dehesas de Baños de la Encina. Son construcciones circulares en piedra (granito o pizarra) de unos 4 metros de diámetro y una altura aproximada de 1,20 m., completadas con una techumbre cónica y vegetal (vigas de encina, ramaje de jara y retama), hasta alcanzar en la cúspide los 4,5 m. aproximadamente. Junto a ellas se emplazan eras empedradas, pues la finalidad de la torruca era ser centro de un sistema agrícola propio de los pobres suelos mariánicos: la roza de cama para sembrar cereales de forma itinerante.
 
En el norte del municipio de Andújar, pero todavía en las estribaciones serranas, se formaron, por su parte, pequeñas viñas, compuestas por una pequeña casa y un lagar anexo. Desaparecido el cultivo de la vid, las residencias secundarias del término, que han proliferado por la zona, han mantenido la denominación y multiplicado su número de forma espectacular. Por supuesto, en la zona campiñesa tenemos magníficos ejemplos de molinos aceiteros, si bien han desaparecido las docenas de instalaciones que se reportaron en informes como el del Marqués de la Ensenada, sobre todo a partir de la formación de enormes almazaras industriales. No obstante, en el municipio de Villanueva de la Reina se ha producido la recuperación de viejas instalaciones, ya sea para integrarlas en modernas infraestructuras, ya para exponerlas en lugares públicos de la localidad.
 
Sobre la vivienda tradicional hay que referirse también a las casas de hortelanos, emparejadas junto a las terrazas del Guadalquivir. Generalmente son de pequeñas dimensiones y una sola estancia, a la que se asocia un pequeño porche a la entrada que frecuentemente está protegido del sol veraniego por una parra. Tampoco faltan ejemplos de hábitat más reciente y concentrado, fruto en ambos casos de políticas públicas de enorme resonancia en la comarca de referencia. Por una parte, encontramos los poblados de colonización ligados a los embalses construidos, surgidos para acoger a los obreros que durante años trabajaron en ellos, como ya referimos anteriormente. Por otra, los poblados de colonización, alzados en los años sesenta del siglo pasado para cobijar a la población que se instalaría en las tierras bonificadas por la transformación en regadío. En total, en la zona se levantaron seis de estos poblados, tres en la denominada Zona Regable del Rumblar (La Quintería, Los Villares y La Ropera) y los otros en la Zona Baja de Vegas del Guadalquivir (Vegas de Triana, Llanos del Sotillo y San Julián). Junto a los canales de riego y las diferentes estaciones elevadoras que fueron necesarias para poner en marcha el ambicioso proyecto, los colonos recibieron pequeños lotes familiares o huertos complementarios, así como la correspondiente vivienda, de diseño homogéneo aunque de mayor tamaño y con almacén-garaje anexo en el caso de los beneficiados con lotes familiares (unas 5 Has. Por término medio). Además de las viviendas, en el trazado en damero típico encontramos los edificios de uso público (Araque, Sánchez y Gallego, 2005).
 
Sierra Morena, una lectura geográfica para un destino turístico en ciernes
Eduardo Araque Jiménez; José María Cantarero Quesada, Antonio Garrido Almonacid, Egidio Moya García y José Domingo Sánchez Martínez.
Cuadernos de Turismo de la Universidad de Murcia, nº 16. 2005




sábado, 31 de agosto de 2013

Burch al Hammam

La primera ocupación del Cerro del Cueto, uno de los dos montes que, junto a la Calera, soportan al núcleo de población de Baños de la Encina, y sobre el que se sitúa el castillo, nos remonta a los últimos latidos de la Edad del Cobre que, en la zona, ofrece ciertos testimonios en Cerro Tambor (hace unos 4.000 años). Desde este lugar la población ejercía el control de la mina de azurita y malaquita (cobre) del Polígono-Contraminas, donde el valle se da de bruces con las primeras estribaciones serranas, al pie del vecino cerro del Gólgota. Asimismo, encontramos en el interior del castillo muros pertenecientes a la Edad del Bronce y de la cultura Íbera, que también tienen amplia presencia fuera de sus tapias deslizándose hacia el barranco de Valdeloshuertos por el oeste y al llano por el sur.
 
Roma plantó un mausoleo funerario, a modo de templo, en la corona artificialmente amesetada de su cota más elevada. Una estela hallada durante las recientes excavaciones arqueológicas, que parece directamente vinculada a este inmueble, nos identifica a una tal “Ilicia” como el personaje reverenciado bajo esas piedras, posiblemente una dama perteneciente a los notables publicani  que regentaron la explotación minera de esta parte de Sierra Morena durante el Alto Imperio.
 
El Castillo, heredero de las clásicas fortalezas bizantinas que tuvieron su predecesor en los campamentos castrenses de Roma y una amplia dispersión a una y otra margen de la franja sahariana, es quizá su mejor testigo en toda Europa
 
De rara forma ovalada -adaptándose a las curvas de nivel del cerro- y tabiyya como principal componente, está organizado en quince torres cuadradas (una es ligeramente pentagonal) que avanzan desde el lienzo de muralla. En su interior presenta una complicada urbanística de época almohade (siglo XII) y bajomedieval. La compleja trama urbana tenía como objetivo principal desorientar y provocar el caos en un posible atacante, que consiguiera ultrajar sus murallas defensivas una vez superada la entrada en codo de acceso al castillo, de la que hoy apenas quedan contados y mudos testigos en la calleja que nos lleva a la puerta del castillo y en las ruinas de la que fuera Santa María del Cueto (cripta, que no aljibe, y ábside), que aprovechó para su construcción parte de la propia estructura “codada”.
 
En el interior, elevándose apenas sobre el laberinto urbano, un pequeño patio de armas se asoma sobre la ruina del que fuera mausoleo romano organizando, en su justa medida, el simulado desorden de las viviendas. La trama, salpicada de calles pétreas que preconizan en el tiempo los empedrados que caracterizarían la aldea bajomedieval de “Bannos”, va derramando pequeños detalles que nos narran como eran las cosas en esta tierra de frontera. Las casonas cobijan cuadras y molinas, alternan jaraiz con bodegas, trazan conducciones y registros pluviales, pisan suelos de barro y cal, sientan goznes y trancos, y…, en fin, viven en tiempos que fueron de guerra, pero también de encuentro con un territorio que les era de nuevas. Ya bajo control castellano, la estructura interna es alterada mediante la construcción de un reducido y bien defendido castillete o alcazarejo de sillares medianamente regulares. Paralelamente, se reviste de piedra el exterior de la torre cuadrada situada más al noreste, dando lugar a una estructura cilíndrica que se eleva en altura sobre las demás: la torre del homenaje o Almena Gorda. En una primera fase gana en robustez logrando a duras penas doblegar bajo su mando al resto de hermanas; será ya en el tránsito entre los siglos XIV y XV, posiblemente durante las luchas de “banderías” que acaecieron en los estertores del reinado de Enrique IV y que auparían al poder de Castilla a Isabel I, cuando la terraza superior, almenada, muda en sala que cierra en bóveda apuntada y torna a mirar de frente a los nuevos poderes emergentes (Plaza Mayor). Sobre la meseta central se sitúan los aljibes, dos naves excavadas en la roca y cerradas en altura por una doble bóveda de medio punto elaborada con ladrillo.
 
Los muros laterales de los pozos están construidos con la técnica del “opus signinum” (el mortero se realiza de una sola vez evitando la presencia de mechinales), evitando así las filtraciones del agua embalsada; cada vez se suman más investigadores que certifican un probable origen romano de este equipamiento hídrico. Tierra roja libre de materia orgánica, chino de río, cal como aglutinante y agua es la fórmula mágica que ha permitido que este coloso, después de muchos siglos, siga perfectamente en pie. Sobre la cota del suelo, donde aparece un mortero con alta presencia de ripios de piedra y considerable tamaño que permite nivelar la irregular superficie, se van levantando sucesivas hiladas de este calicanto, denominado por los musulmanes tabiyya o tapial. En realidad, no es otro material que el “opus caementicium” heredado de la arquitectura romana. En cada hilada de mortero se vertía el material sobre un molde rectangular de madera o encofrado, a modo de cajón sin fondo ni tapa, que medía dos codos de altura y entre cuatro y seis codos de longitud (el codo equivale a 42 centímetros). Entre hiladas, se situaban pequeños maderos (agujas) que sostenían el encofrado de madera y que, al pudrirse, funcionaban a modo de junta de dilatación. Podemos apreciar la huella que dejaron estos maderos en la sucesión de agujeros o mechinales que surcan todos los muros del castillo. El cajón se ayudaba de otros elementos complementarios, como el costal o vara vertical que evitaba que los cajones se abrieran; y el codal, que hacía lo propio impidiendo que se cerraran. El material se vertía en tandas, que eran apelmazadas con un pesado pisón de madera.
 
Acabados los muros, se remataban con un enlucido rico en cal que protegía de las inclemencias meteorológicas y que era decorado profusamente mediante excisión con elementos vegetales muy esquemáticos (zigzag, espigas, ramificaciones, flores, etc.).
 
En 1626, la aldea de Baños se segrega del concejo de Baeza constituyéndose como villa. El nuevo orden jurídico y civil, in crescendo hasta la promulgación de las primeras ordenanzas municipales de la villa (1742), pone una losa definitiva a la actividad vital del castillo. La población y el poder se van derramando extramuros, alejándose del coloso que acabará dando cobijo a la muerte.
 




 

viernes, 30 de agosto de 2013

De clérigos de armas tomar y otras cosas de la calle del Potro, Baños de la Encina 1

Hubo, además, más casos de muerte por arma de fuego en la villa. Los Mármol Galindo estuvieron relacionados con dos casos más. En uno de ellos aparece Juan del Mármol Galindo como víctima de un carabinazo, obra de un recaudador de “millones”. Un año antes Gregorio del Mármol Galindo, clérigo de Epístola estuvo implicado en la muerte de un vecino:
 
“De dos alcabuzazos, en esta villa en la calle que llaman del Potro, como a ora de las una del día poco, más o menos.”
 
Las espadas y estoques eran también armas mortíferas, La falta de alumbrado público, carencia propia de la época, hacia que la noche fuese un momento apropiado para llevar a cabo venganzas y encerronas. En enero de 1680, hacia las tres de la madrugada, murió a estocadas Pedro García, también en la calle del Potro.
...
 
“Algunas notas alrededor de un caso de bandolerismo en Baños de la Encina”, Ángel Aponte Marín.
 
 

jueves, 29 de agosto de 2013

De trazas urbanas y otros apuntes sobre el territorio

En esto de las redes sociales, una amiga y paisana me interrogaba sobre si conocía el origen de la bella denominación que luce uno de los ejes viarios en los que anduve por los años de mi niñez. “Desengaño”, un apelativo no poco evocador, pero no menos que la vecina “Amargura” o la más alejada y recogida “Recuerdo”.
 
Las verdad sea dicha, siempre me han atraído y bastante los apelativos de las calles de mi pueblo; aún más, siempre me ha llamado a la curiosidad el posible origen de las trazas viarias que a diario pisoteo, pues en gran parte esconden mucho de la memoria del territorio, de sus gentes y de la evolución de la una y las otras. No es menos verdad que bien poco he profundizado en el tema, poco más que alguna que otra anotación puntual, que anda agazapada entre los muchos papeles que he ido acumulando en un supuesto despacho de trabajo que tengo en casa, ¡pero es que éste no pasa de grandiosa papelera! 
 
Debajo de algún montón de apuntes, carpetas y libros deben respirar las notas sobre la atrayente, misteriosa y aún anónima, al menos para un servidor, calle del Potro, escenario de tabernáculos varios y numerosos aconteceres trágicos.  De la mano, entre copias de Ordenanzas y articulados, debe suspirar la transcripción completa de un censo de 1932, donde, de la mano de mi vieja máquina electrónica -comprada al amparo de mi primera beca en Granada-, comencé a comparar denominaciones viarias e “industrias” presentes.
 
Poco más he llegado a trabajar, aunque sí esboce mentalmente una primera, seguro que esperpéntica, línea evolutiva de las nominaciones que tienen las calles del pueblo de Baños de la Encina.
 
Los primeros apelativos aldeanos, ausente memoria alguna del territorio, pues no en vano las denominaciones musulmanas no superan el llano desapareciendo totalmente en las ondulaciones serranas, se agarran a los accidentes topográficos que dan nombre a la estrechez urbana y al territorio que la circunda.  Así, el interior del castillo y el Cueto formarían el núcleo principal, cuando no el único habitado, siendo este segundo el nombre con el que el castellano viejo llama a los cerros enriscados. La periferia viene argumentada mediante las propias características del relieve que, en breve, sumaría su inmediata utilidad primaria o algún hecho de cierta relevancia local: Laero, Ladera, Barranco, Llano, Buenos Aires, Cantalasranas, Charcones, Precipicio, Calera, Piedras Bermejas, Cotanillo, Serna , Ruedos o Celada (Zalá) significan este primer periodo.
 
Pronto, con el crecimiento urbano bajo medieval aparecerían nuevas nominaciones, ya vinculadas a los nuevos usos urbanos (Cestería, Cuidado, Pilar e Iglesia) o quizá a acontecimientos significativos de la vida social (Potro, Fugitivos o Huérfanos). La Modernidad saltó el cerco aldeano y subrayó la presencia de industrias y sus consecuencias (Piedras, Eras, Molinos, Mazacote, Canteras, Becerrá, Cruz, Industria o Herradores) y transformó caminos en calles (Real, Luzonas, Mestanza o Carril); pero, ante todo, el nuevo orden villano mudó lo terreno en celestial santificando calles y callejones, como Santa María, Trinidad, Madre de Dios, Rosario, Visitación, Calvario o San Ildefonso.
 
Finalmente, la postmodernidad, perdida de manera definitiva la memoria que se agarraba al territorio y sus quehaceres, cargada ahora de parcialidad, humanizó y bandeó indistintamente los apelativos de nuestras calles.
 
Y llegados aquí, nos queda la rotulación de aquéllas más bellas, o al menos las más evocadoras, con las que arrancaba el relato y a las que se podría sumar Salsipuedes. Su carga poética quizá oculte alguna iniciativa de un alma muy particular, o quizá encontrara cobijo en las ideas románticas de la segunda mitad del XIX; o, posiblemente,  con mayor seguridad, sea la suma de ambas situaciones.
 


 

viernes, 23 de agosto de 2013

La vida en papel: el matadero


Tardes de viento en días de cabañuelas de retorno remueven el polvo de la conciencia, levantan los cadáveres del tiempo y esquivan a la hermana amnesia. Tardes de viento en días de cabañuelas de retorno te recuerdan por dónde anduviste y qué fuiste.
 
El viento borra asfaltos y alza remolinos de humo dormido.
 
Terrizo por delante, el matadero asoma al fondo de una ancha explanada, achaparrado, dando paso a las viejas canteras de piedra, cobijo de cabezolones, tiros y retazos de las historias y los trajines de zagales. Parido al amparo del plan de los Poblados de Colonización, sufrió con paciencia los avatares que la modernidad trajo a su entorno.
 
A su siniestra, apretados contra las blancas fachados, dos frondosos morales ponen una nota de color a una ancha calle huérfana de otros avatares que no fueran el mañanero y esperpéntico desfile de chotos que con premura arriban a su último baile. Se alzaban como oteros de la chiquillería en las tardes mayo, que se ufanaban en recoger sus frutos. Y que no había día que no salieran por pies bajo la amenaza y gruñidos del propietario colindante.
 
Pero, cuando el viento remueve el polvo de mis años, la anchura cercada se llena de notas de feria, de las barcas de acero en huída, de la novedad del “balansé” o del espectacular y único zig-zag, no en vano ocupando lugar privilegiado al amparo de la ermita y restando protagonismo a unos coches locos que envalentonaban a las cosas de la mocedad. Ocultos en el recodo, ayudaban a blindar aún más la pista colorá, muchos años huidiza a las correrías de deportistas y pasaratos.
 
Cuando parecía que la feria engullía más y más metros, cuando los “pinchitos” tomaban la lonja y la acera de mi tía Leonor, la cálida y traicionera huella del asfalto trajo un viento ahora achicharrante, que pareció estrechar la mirada e influjo del matadero que vino a fenecer a los pies de una moderna fuente que marcaba la muerte de las cosas de pueblo y dejaba aparentes notas de ciudad.
 
El polvo de mi camino también me trae mañanas de sábado donde me veo cargado con la cuajadera de mi abuela Pura calle Amargura arriba, en busca de los trajines que mi tío Jeromo tenía en la sala de matanza. Con amargura olía la calor con la que al chivo se le iba la vida en un suspiro y ésta resbalaba en el barreño.
 
Con su fenecer, plácidamente murió todo un callado sistema económico serrano que ya renqueaba, y que dio al traste con la carne de choto como de sobresaliente y centenaria presencia en la dieta bañusca; como así afirmaba el Catastro del Marqués de la Ensenada allá por mediados del siglo XVIII.
 
La calor acalla al viento.

Hermana Amnesia, Los Enemigos: http://youtu.be/eSU2ZWNVwjo

domingo, 18 de agosto de 2013

Baños de la Encina "cruce" geológico

La localidad se encuentra al norte de la provincia de Jaén, a 50 km de la capital, en las primeras estribaciones al sur de Sierra Morena, a 420 m de altitud sobre el nivel del mar. Desde el punto de vista geológico, la localidad se asienta en el límite entre dos de los grandes dominios geológicos de la península, el Macizo Varisco Ibérico representado  en el entorno del pueblo por pizarras plegadas y granitos paleozoicos encajados (edad 400-300 millones de años) que conforman Sierra Morena, por el lado occidental, y las margas y areniscas marinas miocenas (edad 9-8 millones de años) de la Depresión del Guadalquivir, por el lado oriental.
 
El accidente tectónico de la Falla de Baños, cuya traza rectilínea cruza el pueblo, separa el bloque sureste hundido donde afloran los materiales de la Depresión del Guadalquivir del bloque noroeste levantado donde afloran las rocas metamórficas e ígneas de Sierra Morena. El Castillo de Baños y la mayor parte de las casas de la localidad están cimentadas sobre bancos de areniscas rojas depositadas por ríos (edad entre 250-205 millones de años) que se disponen horizontales y discordantes sobre las pizarras y el granito (no en vano esta unidad de areniscas es conocida como Cobertera Tabular). Mirando hacia el sur desde el pueblo se divisa, al otro lado de la Depresión del Guadalquivir, la silueta de las Sierras de Cazorla, Mágina y Sierra Sur que configuran el frente montañoso de otro gran dominio geológico, la Cordillera Bética.

Falla de Baños, encuentro entre la pizarra del Paleozoico y los materiales sedimentarios del Cuaternario.
 
Areniscas marinas del Mioceno en el Camino de Majavieja.
 
Encuentro entre la pizarra y los materiales ígneos, Piedras Bermejas. 
 
Acebuche nacido entre pórfidos rojos, Piedras Bermejas. 
 
Ríos y arroyos aprovechan los grandes quiebres producidos en los estratos de pizarra para fluir, Embalse del Rumblar. 
 
Viejas majadas medievales de oveja merina realizadas aprovechando los grandes bolos de pórfido del terreno, Migaldías. 
 
El castillo de Baños sentando sus cimientos sobre una mesa tabular de areniscas, Cerro del Cueto.
 
Plácida tarde lluvia en el llano de Baños: La Campiñuela.

sábado, 10 de agosto de 2013

Sobre imperios y otros desvaríos

“…

La armada capitaneada por Magallanes lucía el pendón de Castilla, pero el impulso motor provenía del Rialto de Venecia y del emporio especiero de Alejandría, ambos ansiosos de arrebatar a Portugal su preponderancia comercial, así como de la Banca de Ausburgo, cuya influencia llegaba a los más apartados rincones del mundo. El secreto objetivo de la empresa era devolver a la República de Venecia y a la Liga Hanseática su dominio sobre la economía mercantil e industrial de Europa mediante la recuperación de su monopolio en el comercio oriental. El alma de la expedición permaneció entre bastidores, y no fue otro que el capitalista Jakob Fugger de Ausburgo, banquero a un tiempo del dux de Venecia y el rey de España…”.
 
McKew Parr, Charles: “Magallanes, un noble capitán”. Madrid, 1955.
 

martes, 16 de julio de 2013

Franco Battiato - Un'Altra Vita

Algunas noches me pongo a dormir y leo,
pero necesito momentos de silencio.
A veces, incluso contigo, y sabes que te amo,
me enojo innecesariamente, sin ninguna razón real.
Por la mañana el tráfico de las calles me agota;
me pongo nervioso y paro las luces. Vuelvo por la noche con dolores.
No necesito tranquilizantes o terapias,
se necesita otra vida.
En los sofás, mandos a distancia en la mano izquierda.
Historias de fondo, Dallas y los ricos también lloran.
Las coches no avanzan y los vehículos estacionados en triple línea.
Y de regreso por la tarde aburrimiento y fatiga.
No más emociones o ideologías
se necesita otra vida.


viernes, 14 de junio de 2013

Los espacios naturales de la Sierra Morena Continental

La Sierra Morena Continental se eleva en la zona centro oriental de Andalucía dando forma a suaves lomas pobladas de encinas y alcornoques que se suceden interminablemente, a modo de colosales escalones que nos elevaran desde lo hondo del Valle del Guadalquivir hasta colonizar el otero manchego; siempre, sobre nuestras cabezas, el atento vuelo del águila imperial ibérica y el buitre leonado.
 
La sierra, una de las cordilleras más antiguas de la Península Ibérica, sustenta una gran variedad geológica, lo que ha condicionado el relieve y la presencia de una importante diversidad paisajística. Al norte dominan las cuarcitas que dan forma a un relieve abrupto, de encajados barrancos, como se pone de manifiesto en Despeñaperros o en la Cascada de la Cimbarra. Según descendemos, aparece un relieve de pizarra más suave, que atesorara gran parte de los filones metalíferos del histórico distrito minero Linares-La Carolina. Entre estas rocas se cuelan gigantescos bolos y canchales de granito que tienen su mejor exponente en la llanura Pedrocheña que ocupa el norte del parque natural de la Sierra de Cardeña y Montoro. Ya en contacto con el valle del Guadalquivir, la sierra da paso a solitarios cerros de arenisca, antiguos depósitos fluviales cuya piedra es usada tradicionalmente para los edificios monumentales de los municipios serranos y que también ha dado lugar a elementos geológicos de sumo interés, como el conjunto de huellas de dinosaurio (icnitas) de Santisteban del Puerto.
 
Los bosques de encina, en su mayoría adehesados, manchas mixtas de acebuches, quejigos y alcornoques, y, en las umbrías frescas y húmedas, bosquetes de roble melojo van a caracterizar la flora de estas sierras, dando lugar a una de las masas forestales mejor conservadas de la Península y a uno de los enclaves más singulares y de mayor valor ecológico de todo el territorio andaluz. El matorral noble es denso y diverso en las zonas menos alteradas, siendo las especies más frecuentes madroños, lentiscos, labiérnagos, aladiernos, espinos, mirtos y brezos y a los que se les unen coscojas. La vegetación de ribera, con presencia de sauces, fresnos, almeces y alisos, forma en ríos como el Yeguas o el Jándula algunos de los bosques de galería más auténticos de Andalucía.
 
Por sus agrestes laderas se mueve la población más numerosa de lince ibérico, uno de los carnívoros más amenazados, o el lobo, que encuentra en estas sierras su principal cobijo en Andalucía. Es de destacar la presencia de un número importante de grandes rapaces que pueden avistarse con facilidad desde los senderos señalizados, como son águila real, buitre negro o búho real, aunque el principal protagonista de esta sierra es el águila imperial ibérica. También se contabiliza una buena cantidad de parejas de cigüeña negra, cernícalo primilla y otras especies variopintas como nutria, meloncillo y un endemismo exclusivo de las aguas de los ríos Jándula y Rumblar: la Bogardilla. Las especies de caza mayor, como ciervo, jabalí y gamo, campean aquí por algunos de los cotos cinegéticos más prestigiosos de la Península.
 
La historia de estos lugares viene marcada por su carácter fronterizo entre la meseta y el valle del Guadalquivir, que los ha dotado de castillos, plazas fuertes monumentales y reconocidas batallas (Navas de Tolosa, Baecula y Bailén), pero también de caminos históricos, vías romanas y ventas bajomedievales. La minería ha sido otro de los componentes económicos que ha acompañado el devenir histórico de estas sierras, como ponen de manifiesto las minas de El Centenillo, el poblado argárico de Peñalosa o la ciudad íbero romana de Cástulo que, junto a las pinturas rupestres Patrimonio de la Humanidad que salpican todo el macizo, son los mejores exponentes de prehistoria de este territorio.
 
En la zona más oriental, sobre el Guadalquivir, a modo de atalaya que controla el importante cruce de caminos sobre el que se sitúa, Montoro es el máximo exponente monumental de este espacio: la Casa Ducal, las parroquias de Nuestra Señora del Carmen y San Bartolomé o el edificio de las Tercias, Museo del Olivo, son solo una muestra que se complementa con la arquitectura popular de las aldeas, como Venta el Charco, y las molinas, viejas almazaras levantadas sobre una roja piedra local, la molinaza. Hay también artesanos que siguen haciendo de lo que da la tierra una obra de arte; así aparecen maestros de la miel, mazapán, esparto, corcho,…, y hasta del calzado más artesano.
 
La presencia de suaves pendientes determina un escenario excelente para la práctica del senderismo, pero también para realizar rutas ecuestres y de cicloturismo aprovechando en su caso puentes, como el de las Donadas, o viejas calzadas romanas que surcan estas tierras. Según ascendemos, donde el control de los caminos es fundamental, la historia ha ido moteando de bastiones los oteros, como es el caso del castillo de Azuel o las atalayas de las Mañuelas y El Escorial. Pero es la arquitectura menor, como herramienta de la economía, la que identifica a la dehesa, apareciendo por doquier abrevaderos, vallas y bardales realizados con la dura materia prima que la soporta: el granito.
 
El pantano de las Tejoneras, a poco más de seis kilómetros de Cardeña, permite que los aficionados a la observación de las aves encuentren aquí un enclave de sumo interés. Para los que buscan sosiego, el tránsito otoño-invierno es interesante por la recogida de setas o la observación de la berrea, que el amante de las tradiciones puede combinar con la apreciación de la cría del cerdo ibérico en la dehesa y la visita a un centro de transformación de sus carnes.
 
En la zona central, al este del Yeguas y en el parque natural de las Sierras de Andújar, aparecen repartidos por toda su geografía senderos, uno de ellos señalizado como de Gran Recorrido (GR-48 de Sierra Morena), miradores, áreas recreativas y un jardín botánico que permiten que el turista disfrute de uno de los bosques mediterráneos mejor conservados de la Península. Un escenario idóneo para la práctica de actividades de bajo impacto ambiental, como el senderismo o la caza fotográfica. La existencia de una calzada de tierra que une el centro de visitantes de las Viñas de Peñallana, puerta del parque natural, con el poblado de El Centenillo, permite observar la disparidad paisajística de las fincas donde pasta el toro de lidia y las dedicadas a la caza. Así mismo ofrece un entorno idóneo para la observación de fauna salvaje: durante el tránsito del verano al otoño es escenario excepcional para apreciar la “berrea” del ciervo. Sus embalses, tanto el del Encinarejo como el Rumblar, conforman un litoral interior que favorece la práctica náutica (canoa) y el avistamiento de avifauna.
 
Con seguridad el patrimonio cultural es otra de las grandes bazas de este espacio. A la monumentalidad de sus municipios -Baños de la Encina y Andújar- se suma un patrimonio arqueológico y etnográfico nada desdeñable representado entre otros por yacimientos prehistóricos como Peñalosa, los castilletes íbero romanos de Los Escoriales y Salas Galiarda o el poblado minero y decimonónico de El Centenillo, edificado a la usanza británica. El Santuario de la Virgen de la Cabeza acoge anualmente la romería en honor a la patrona de los monteros, posiblemente la más antigua de España.
 
Ajeno al ajetreo motorizado que supone la autovía A4, podemos encontrar un verdadero paraíso para los amantes del senderismo y el cicloturismo: el parque natural de Despeñaperros. De los senderos que ofrece el espacio protegido, el de la Cueva de los Muñecos profundiza en el legado histórico -santuario ibérico- y el del Barranco de Valdeazores ofrece un destacada riqueza botánica y unos privilegiados enclaves para observar la fauna: desde el mirador del Collado de la Aviación se puede avistar al buitre leonado o al águila real sobrevolando el monumento natural de Los Órganos.
 
Con la llegada del otoño y las primeras aguas, es también una zona de interés para escuchar la berrea del ciervo o recoger níscalos; pero sin lugar a dudas es un espacio en el que se puede conocer con profundidad el arte rupestre esquemático -Cueva del Santo o Vacas del Retamoso-, Patrimonio de la Humanidad, pues a la cantidad de recursos presentes se une la posibilidad de realizar visitas guiadas con personal formado. En este sentido, es interesante desplazarse a la vecina localidad de Aldeaquemada, al paraje natural de la Cascada de la Cimbarra, donde un escenario natural impresionante cobija un número más que notable del mejor arte rupestre.
 
Pero es y ha sido el eje viario hacia la llanura manchega, de ahí que aún encontremos un legado más que interesante vinculado a esa mudanza: calzada romana del Empedraíllo, Venta Nueva (siglo XVIII), la Estación ferroviaria de Santa Elena o los castillos de Castro Ferral y las Navas. Es interesante también conocer sus aldeas, como la Aliseda, que concentró uno de los balnearios más destacados del siglo XIX; o la de Magaña, de un valor etnográfico más que sobresaliente. Estos mismos barrancos fueron escenario de acontecimientos bélicos de primer orden, como la Batalla de las Navas de Tolosa (1212).
 
Ajeno a los espacios protegidos, la comarca del Condado, en la zona más oriental de la Sierra Morena de Jaén y lindera con la Sierras de Segura y el manchego Campo de Montiel, se eleva hogaño como un verdadero territorio museo. Opidum como el de Giribaile (Vilches), cascos históricos como los de Vilches, Santisteban del Puerto, Castellar y la bella atalaya de Chiclana de Segura, núcleos ilustrados como Arquillos o el santuario ibérico de La Lobera en Castellar son solo la aguja de un pajar por aún explorar.


Fotografía: Alex Casas.


Fotografía: Cati Sabalete.

Fotografía: Proyecto Peñalosa.

Fotografía: Cati Sabalete.



Fotografía: Cati Sabalete.