miércoles, 19 de junio de 2019

Los Caminos de Indias (Andalucía), propuesta








La llegada y colonización de las “Indias Occidentales” (1492), la posterior Circunnavegación comandada por Magallanes y llevada a buen puerto por Elcano (1519-1522) y el establecimiento de la “Carrera de Indias” transformó la ciudad de Sevilla, que se consolida como centro neurálgico de los Reinos Hispanos e impone su frenético ritmo económico y social al continente europeo. La ciudad y su puerto se convierten en el centro mercantil y financiero del viejo mundo, en origen y destino del tráfico de Indias. Este trasiego social, esa transformación económica y cultural, no modeló tan sólo las tierras del Bajo Guadalquivir, sus efectos se extendieron como una mancha de aceite por toda la región, acentuándose en aquellas poblaciones que salpicaban las principales vías de comunicación que iban y venían a Castilla.

De una parte, las Cortes, el poder político y la capacidad decisoria seguían estando en Castilla, hecho que provoca un general trasiego de metales, piedras preciosas, especias y mercancías exóticas desde el puerto de Sevilla al corazón del reino: la Meseta. De otra, era de obligación abastecer a los galeones: de suministros para la tripulación, de géneros y “baratijas” a los mercaderes que comerciaban con las élites transoceánicas y de alimentos adaptados a la dieta europea para la población criolla. Por todo ello, los caminos históricos y las poblaciones que se extienden como un reguero por sus trazas toman un protagonismo principal en la génesis y desarrollo de la “Aventura de Indias”, ya sea por el abastecimiento de productos agroalimentarios, por el trasiego de mercancías o por el movimiento de capital, conocimientos e ideas.

En los albores del siglo XVI serán muchos los caminos históricos que arriben y tengan como punto de partida Sevilla. Cada uno de ellos se especializará en función de su punto de origen, las peculiaridades geomorfológicas de su traza, las posibilidades agroeconómicas de su territorio, el tipo de mercancías que fluye por sus calzadas, etc., pero todos ellos participaron de forma activa en modelar un “nuevo mundo” a uno y otro lado del Océano, en las Indias Occidentales y en las Orientales pero también en el Viejo Continente: en conjunto, vendrán a configurar y consolidar en territorio andaluz una red viaria decisiva, los “Caminos de Indias” por tierra firme. Por su protagonismo histórico y el patrimonio cultural que atesoran, por la riqueza natural y tradición agrogastronómica que poseen, por el trasiego ideológico que fluye por sus “arrecifes”… en general, por la potencialidad turística que presentan, se puede destacar la necesaria puesta en valor de cinco de ellos:

1.- Los Caminos Reales del Azogue

Desde mediados del siglo XVI, el destino final de casi todo el mercurio o azogue producido en Almadén fueron las minas de plata americanas, sobre todo las de Nueva España (México). En América, el azogue se utilizaba para amalgamar los minerales de bajo contenido en plata antes de su introducción en los hornos metalúrgicos, un método que era conocido como beneficio de patio.

Los tres caminos utilizados para transportarlo al puerto de Sevilla, dos carreteros y uno arriero, tenían un tramo común entre Almadén (Ciudad Real) y Azuaga, villa extremeña situado a unos 150 kilómetros al suroeste de Almadén. De esta población partían tres itinerarios, dos de ellos aptos para carretas y el tercero solo para caballerías, que cruzaban Sierra Morena y el Guadalquivir y concluían en las Reales Atarazanas de Sevilla. En este recinto el azogue se volvía a empacar para que no se derramase en la travesía atlántica y se embarcaba en los galeones de la Flota de Indias.

Cada primavera, Los Caminos Reales del Azogue se convertían en un bullicioso escenario tomado por gentes, animales y carros, que en su viaje de regreso aprovechaban para transportar los bienes necesarios para la mina, pero también para abastecer las poblaciones por las que transitaban. Todo ello significó una fuente de intercambio y prosperidad para un amplio territorio.

2.- El Camino Real Cervantino o de la Plata (o de Las Ventas)

Las visitas reales, el tránsito de viajeros ilustres y los primeros turistas de Renacimiento llenaron de vida los mesones y ventas que salpicaban el macizo de Sierra Morena entre las ciudades de Toledo y Córdoba (de ahí el apodo de Camino de las Ventas). El traslado a la Corte de todas las riquezas provenientes del nuevo continente americano, hicieron de este camino un eje viario estratégico, un nudo de comunicaciones entre el norte y el sur de la Península Ibérica. Por aquí pasaban la mayor parte de los viajeros que transitaban de la corte castellana a la Baja Andalucía (Córdoba, Sevilla y Cádiz), o a Málaga a través del Camino del Carpio.

Por otra parte, muchos autores del Siglo de Oro sitúan la acción de sus obras en este camino. Pícaros, reyes, caballeros y damas, amantes, golfines, clérigos y un sinfín de personajes serán los protagonistas de las vivencias creadas por las mayores glorias de la literatura española. El paso por Sierra Morena será cantado por su belleza y temido por sus peligros. En este mismo sentido, este recorrido, que forma parte del histórico Camino Real de Sevilla a León, será el escenario de un buen número de las aventuras y desventuras de don Quijote y es también el primer tramo del camino de retorno a su aldea desde su lugar de penitencia, primero, y desde la venta del Molinillo, después. Es por todo ello que algunos autores proponen apodarlo como “Cervantino”.

3.- El Camino Colombino o Real de Sevilla a Guadalupe

El Camino Real de Sevilla a Guadalupe, también denominado Camino del Sur o Camino Colombino, fue utilizado desde su génesis por los peregrinos de Andalucía Occidental que subían a Guadalupe. Por este camino también peregrinaron al templo mariano miles de cautivos procedentes de las mazmorras de Argel o de los remos de las naves turcas; por esta ruta salieron, rumbo a la aventura americana, muchos soldados que después, sanos, salvos y con algo de hacienda regresaron a dar gracias a la Madre.

No en vano, ya desde el siglo XIV, el monasterio de Guadalupe fue uno de los destinos preferidos de un buen número de peregrinos, viajeros, visitantes, turistas y personajes ilustres la historia de España. Desde Sevilla subió Colón a Guadalupe en 1493 y 1496 (de ahí la denominación de “Colombino”) y Hernán Cortés lo haría en 1528 tras someter al imperio azteca. También los Reyes Católicos realizaron este camino en varias ocasiones, sobre todo, tras la conquista de Granada.

4.- El Camino de Postas del Correo Real

Este Camino, que discurre por tierras de vega y formaba parte del Itinerario Valencia a Sevilla de la Edad Moderna, unía de la manera más corta dos históricas ciudades del valle del Guadalquivir: Sevilla y Córdoba. Pese al mucho tiempo transcurrido y a las numerosas coyunturas históricas negativas que se han dado, este camino no ha desaparecido del mapa viario y hoy mantiene un recorrido muy similar al que tenía desde finales del Imperio Romano.

Los Reyes Católicos, en su afán de centralizar el poder, consideran que una manera de controlar el territorio era a través de las vías de comunicación y de la mayor fluidez de la información, a la sazón, durante su reinado se regulariza el Correo como servicio público de la Corona. En principio sólo sería para el ámbito de lo político, después, con la Carrera de Indias, también se utilizó para la actividad económica y las transacciones mercantiles. Por todo ello y a finales del siglo XVI, el tramo de Sevilla a Córdoba por la margen derecha del Guadalquivir asume la función de itinerario de posta del Correo Real. De esta manera, todo el itinerario se verá salpicado por postas, posadas, puntos de control viario y grandes haciendas agrícolas.

5.- El Camino de los Romanos

Ya desde la prehistoria tardía, el eje viario que discurre paralelo a las aguas del Betis (tradicionalmente conocido como “Vía Augusta) y que comunicaba Gades con las tierras del Alto Guadalquivir y con el levante peninsular -una vez superada Sierra Morena-, se constituyó como una gran vía comercial-cultural, un hilo viario que comunicaba personas, mercancías e ideas. Con seguridad, fue el eje peninsular de comunicación más importante de la antigüedad. A lo largo de la historia, este hecho ha propiciado que su entorno se viera salpicado de calzadas, puentes, castillos y fortalezas, casas de postas y estafetas, haciendas y cortijos, pueblos y ciudades… En líneas generales, este patrimonio histórico cultural ha moldeado el carácter que mejor define lo que hoy es la idiosincrasia andaluza.

Sin tomar partido en los diferentes debates académicos que discuten la existencia de una o varias “Vías Augustas” o los que divergen en la denominación de sus diferentes tramos (Vía Augusta, Vía Heraclea, Camino de Aníbal…), con seguridad se puede afirmar la existencia de un itinerario romano que uniría Sevilla con Córdoba a través de Carmona y Écija, que luego continuaría hasta Cástulo (Linares) por Andújar y Mengíbar (Iliturgi). Por la época que nos trae (siglo XVI), este itinerario de origen ibero-púnico-romano estaría ahora conformado por la suma del primer tramo del camino histórico de Sevilla a León (que discurre por la campiña y la margen izquierda del Guadalquivir hasta Córdoba) y un segundo tramo que formaría parte del Camino Sevilla-Valencia (Córdoba-Linares). Desde Linares, la vía se bifurca en varias alternativas que podrían ser consideradas como prolongaciones, ya sea hacia la Meseta por el Puerto del Rey/Muradal (Camino de Toledo a Granada) o al Levante por el Puerto de Montizón (Linares a Montiel -Mariana-), etc.

Este trazado se caracteriza por la presencia de un importante legado romano, de ahí nuestra propuesta de usar el nombre genérico “Camino de los Romanos”, que por otra parte es como aparece y en numerosas ocasiones es llamado en los topográficos del siglo XIX y XX (no en vano muchos de los municipios por los que discurre están integrados en la Ruta Bética Romana). Durante la Edad Moderna este camino va a posicionarse como un importante eje de desarrollo agroeconómico y de difusión de ideas. Así es, las tierras que bordean el camino y río se verán salpicadas de haciendas y cortijos, de grandes complejos agrarios que van a abastecer de productos alimentarios a los Galeones y Flotas de Indias. Aunque en mayor número serán las caserías aceiteras las que ocupen estas campiñas, no serán las únicas, generalizándose un trasiego mercantil de aceites, vinos, granos, mantas, etc.