1.- La abundancia hídrica, ¿realidad o
ficción?
Contrariamente a lo que pueda parecer, enclavado
en las estribaciones meridionales del macizo de la Sierra Morena de Jaén, el
nombre del pueblo de Baños de la Encina no tiene su origen en la existencia de
alguna therma o alhama renombrada e identificada, tampoco en la
abundancia hídrica de su entorno o en la presencia de aguas mineromedicinales
con propiedades terapéuticas reconocidas. Ninguna de esas situaciones se da ni
se ha verificado documental o históricamente. En realidad, gran parte del
conjunto histórico está horadado por un rosario de pozos particulares que, sin total
certeza por su carácter privado, podría superar la cincuentena. A esa cantidad,
se suma un número menor de pozos y alcubillas públicos que están repartidos por
el frente sur del pueblo, de levante a poniente —véase Nuevo, Vilches, de la
Serna, de la Vega y Charcones—, y al norte de la aldea vieja en localizaciones dispersas
—Luzonas, del Cotanillo, Alcubilla y Pocico Ciego—. En todos los casos, estos veneros
ofrecen agua salobre nada apta para el consumo humano como suministro potable.
Por el contrario, en el pasado, algunos de ellos fueron excepcionales para la
elaboración de pan.
Sin embargo, las aguas que manan de
diferentes localizaciones de la periferia urbana, todas ellas en el piedemonte
serrano, son de muy distinta calidad. Así ocurre con el pozo de Huerto Lucero o
los manantiales de La Pizarrilla, el Pilar de la Virgen o la fuente del
Barranco del Pilar. En una situación muy similar se encuentran las distintas
fuentes históricas localizadas en el barranco de Valdeloshuertos —Cayetana,
Socavón, Pacheca y Salsipuedes—, que son de las que tradicionalmente se
suministró de agua potable la población de Baños. Pero, en todos los casos, son
fuentes menores que apenas llegaban a asegurar el abastecimiento del conjunto
de la vecindad. Así nos lo venía a confirmar el ingeniero Dupuy de Lôme (1924),
mediante un estudio realizado en la década de los años veinte del pasado siglo[1].
Lámina 1. Pozo de
la Vega (arriba) y fuente de la Cayetana (abajo).
Por otra parte, es una realidad que la
fosa de La Campiñuela, la llanura que se derrama entre el la falla de Baños y
la cuenca del río Guadiel, contiene un enorme acuífero, un reservorio hídrico
del que sólo se ha podido extraer agua recientemente y mediante complejas
técnicas de extracción, que la obtienen, quizá abusivamente, a más de cien
metros de profundidad (sondeo y bombeo). Algo similar ocurre con la cuña de
terreno que, de levante a poniente, barre la falda del pueblo y flanquea el exiguo
e intermitente cauce del arroyo de los Huertos. Aunque hoy no pueda parecerlo, el
lugar se corresponde con una antigua zona de inundación cíclica que acoge en su
seno un buen número de zanjas (acequias) y zonas de encharcamiento, cuyo
apelativo certifica un tiempo pasado como humedal fosilizado: Cantalasrranas, Renacuajares,
Escarchales, Charcones y Valdeloshuertos. Geografía, por cierto, donde se
contabiliza el mayor número de antiguas norias de la localidad. Con todo, hoy
languidecen agotadas por una sequía crónica. De entre más de una veintena, es
necesario significar algunas de ellas, las presentes en las huertas de Penecho,
Zambrana, Fausto, Matigüelas, Antero y del Morito.
Lámina 2. Pozo de
noria del Morito (izquierda) y abrevadero del pozo de la Vega (derecha).
Lámina 3. Noria de
Antero (arriba) y noria de la huerta Zambrana (abajo).
Realmente, nos encontramos con un
territorio donde las lluvias son escasas y, cuando llegan, tienen carácter
torrencial, un entorno con escasos reservorios hídricos donde los pobladores
han tenido que ingeniárselas históricamente para construir una amplia
diversidad de ingenios e infraestructuras que les permitieran obtener, domeñar
y almacenar el agua que necesitaban para producir alimentos, transformar las
materias primas y sobrevivir (CANTARERO RODRÍGUEZ y CANTARERO QUESADA, 2020).
Como ya nos avanza Araque Jiménez et alter (2005): ‘El agua, en un territorio
sin regulación cárstica o nival que atenúe las fuertes oscilaciones
estacionales mediterráneas, ha sido tradicionalmente uno de los recursos más
apreciados por agricultores y ganaderos. Estos colectivos, desde luego, se
aplicaron con tesón y esfuerzo para desarrollar mecanismos que resultaron
efectivos en el intento de control de su carrera natural hacia el mar. No
sorprende, por ello, ni la cantidad ni variedad de infraestructuras que todavía
hoy se conservan: pozos, aljibes, alcubillas, albercas, abrevaderos y, de forma
más reciente, balsas, pantanetas y grandes embalses, los cuales forman un
conjunto espectacular que da buena muestra de cuanto decimos’.
Pese a todos estos argumentos, como por
cierto ya nos adelantaba Dupuy de Lôme en su estudio, desde la vertiente
cuantitativa el volumen de aguas de los veneros bañuscos es insignificante si se
compara con fuentes y manantiales de la vecindad provincial, como es el caso de
Sierra Mágina. Así es, en esta comarca cada pueblo se ha erigido sobre la
generosidad de hontanales de enorme fecundidad. Valga como ejemplo los
manantiales de la Fuenmayor y del Nacimiento del río Cuadros, en Torres y
Bedmar respectivamente. O más cercanos a estos pagos bañuscos, en La Loma, las
arcas de agua que han suministrado el abastecimiento potable de las ciudades
históricas de Úbeda y Baeza o del reputado balneario de san Andrés, en Canena.
Aún más próximos a nuestra localización, tenemos los veneros del barranco de
Valdeazores, La Cerecilla y La Aliseda, este último soporte de un famoso balneario
decimonónico y todos ellos en territorio del parque natural de Despeñaperros.
Una comparativa crítica pone en cuestión la posible bondad hídrica del entorno
bañusco y la existencia de un razonamiento hídrico que justifique el apelativo
inmemorial del pueblo y su castillo.
2.- Los castillos edificados con la
técnica en piedra seca: un referente histórico
Efectivamente, así es, no hay indicios
sólidos de que el nombre del castillo, y por ende del pueblo, deriven de la presencia
de un importante conjunto termal más allá de la existencia testimonial de algún
pequeño balnea puntual, sencillo y familiar, como son los casos de las villae
de la Virgen de la Encina (CHOCLÁN SABINA Y PÉREZ BAREA, 1988; MOYA GARCÍA,
1991) y Santa Amalia. Por el contrario, con los datos que se tienen, el
apelativo de ‘baños’ podría derivar de la evolución fonética y errónea
interpretación semántica de una voz árabe. Veamos. Con la toma de Toledo (1085),
el frente de combate avanza y la frontera de Sierra Morena comienza a
constituirse como una realidad más cercana. Castilla, en su primer contacto con
el lugar, debió escuchar, y también asimilar, el nombre árabe con que era
conocida la fortaleza del cerro del Cueto que, por entonces (siglo XII), se
elevaba en el altozano que después sería germen histórico del núcleo urbano
actual de Baños de la Encina reutilizando la ruina de antiguas fortificaciones
históricas. Lejos de parecerse a las murallas que en la actualidad ostenta la
fortaleza, su fisonomía evocaría la de otros castillos similares localizados en
el entorno del desfiladero de Despeñaperros y puerto del Muradal. En uso
durante el periodo emiral, estos fortines serranos, construidos mediante la
técnica de la piedra seca y carácter ciclópeo, se cimentaban en estructuras murarias
pretéritas originadas en las culturas del Bronce y reutilizadas durante el
periodo ibérico: Castellón de las Sacerdotisas y castillos de la Niebla,
Malaventura y Collado de los Jardines (CANTARERO QUESADA et alter, 2025). Con
toda probabilidad, el castillo o fortín que recortaba el horizonte del Cueto hasta
el siglo XII se sustentaba en la reutilización de las murallas erigidas durante
el amplio periodo que va desde la Edad del Bronce al dominio romano (santuario funerario).
Las diversas excavaciones arqueológicas realizadas en el interior de la
fortaleza, también en las inmediaciones del castillo, han puesto de manifiesto
la riqueza histórico-cultural del lugar y certifican que la presencia humana ha
sido prácticamente constante, aunque con pequeñas interrupciones temporales,
desde una etapa tardía de la Edad del Cobre hasta la edificación de las
murallas actuales del castillo en las postrimerías del siglo XII. Valga como
testimonio de esta afirmación el poblado argárico del Cueto, su pequeña torrus
ibérica, el santuario romano, posiblemente relacionado con la ‘centuriación’ de
la campiñuela, o los testimonios defensivos y funerarios de carácter emiral
presentes en el Cueto (ARBOLEDAS et alter, 2014) que tras las excavaciones
arqueológicas han quedado a la vista. En conjunto, la suma de todas estas estructuras
ha dado forma a los diferentes horizontes históricos que han configurado el
complejo que hoy es el castillo de Baños de la Encina.
Lámina 4.-
Interior del castillo de Baños durante las excavaciones arqueológicas (2007).
Autor: Sebastián Moya García.
Lámina 5. Lienzo
occidental del castillo de Malaventura (Despeñaperros).
En cierto modo, el fortín prealmohade del
Cueto recordaría el aspecto que hoy presenta el castillo de Malaventura, un
recinto defensivo adaptado a la fisonomía del terreno y cerrado mediante
murallas formadas con sillares ciclópeos. En su interior alberga un patio o
corral rodeado de diferentes y sencillos cobertizos para viviendas y estables,
también llamados ranchos (CERVANTES SAAVEDRA, 1615)[2]. Si el apelativo del
castillo de Baños hubiera derivado de la presencia de unos baños o termas, como
ha venido defendiendo la historiografía clásica, hubiera sido uno más de los
pueblos y ciudades que, bajo el apelativo de Alhamas o Alhamillas,
salpican la geografía del sur peninsular. Pero no es el caso: ‘Los topónimos
transmitidos por los reconquistadores cristianos casi nunca eran traducciones
de topónimos árabes sino la castellanización de voces árabes, que a su vez
podían ser palabras propiamente árabes o bien la arabización de topónimos
preislámicos’ (TORRES JIMÉNEZ, 2003: 327).
Lámina 6. Croquis
distribución interior del castillo de Malaventura (LÓPEZ CORDERO et alter,
2025).
3.- Los orígenes fonéticos del apelativo: ḥiṣn
Baniya
Por el contrario, con la información que
hoy disponemos —y con el apoyo y buen criterio de la Doctora y amiga Ana
Sánchez Medina[3]
y Juan José Villar Lijarcio, amigo y natural de Bailén[4]—, esa voz, con la que debieron
identificar almorávides y almohades el fortín que precedió al castillo actual y
lugar de Baños, podría identificarse con ‘baniya’ o ‘bania’. La voz, cuya
génesis está en el árabe clásico, en castellano vendría a traducirse literalmente
como los fundamentos de una construcción, digamos las paredes de un edificio o
corralón sin ningún tipo de cubierta. Lo que en arquitectura se entiende por
‘construcción en alberca’. El término, que por contacto con la soldadesca
venida del norte evolucionó a ‘banio’ y, posteriormente, a ‘baño’, fue asumido
por la lengua castellana, que lo conserva en su acepción 10 con esta otra interpretación:
‘Especie de corral grande o patio con aposentos o chozas alrededor, en el cual
los moros tenían encerrados a los cautivos’ (DRAE). Por otra parte, como se
puede comprobar, el vocablo tuvo una amplia difusión por todo el Mediterráneo.
Así lo pone de manifiesto las referencias a los ‘baños’ de Argel, entendidos
como presidio, tan popularizados por la comedia cervantina (Los Baños de
Argel), aunque no fueron los únicos, también hay alusiones documentales a
los de Trípoli, Túnez o Constantinopla (PÉREZ CASTRILLO, 2011). En este mismo
sentido, más cercano en el tiempo y debido a la presencia gala en tierras
africanas, el término, bajo la expresión ‘le bagne’, fue adoptado por los
franceses para designar una colonia penal. Recuérdese ‘le Bagne de Toulon’,
prisión que se popularizó por ser el lugar de encarcelamiento del ficticio Jean
Valjean, el héroe de Los Miserables.
Los castellanos afincados al norte del
frente de conquista, con Sierra Morena de por medio, iban realizando incursiones
recurrentes en el tiempo con el fin de desbaratar el dominio andalusí del valle
del Guadalquivir. Es el caso, a modo de ejemplo, de la conquista de Almería y
por ende de Jaén, que llevó a buen término Alfonso VII en 1147. Por tanto, durante
una larga etapa de contacto, el periodo que el macizo mariánico contó con el
estatus de frontera, esta gente debió escuchar repetidamente esta voz, la de baniya,
identificándolo con la existencia de un fuerte rudimentario, muy similar al de
Malaventura, levantado sobre el cerro del Cueto. Las hordas ‘reconquistadoras’,
a fuerza de pronunciarla con imprecisiones, provocarían la evolución del sonido
y la distorsión semántica de la siguiente manera: Baniya > Banio > Bannos (en ciertas
ocasiones Vannos) > y, finalmente, Baños con la consolidación de la
virgulilla; de igual forma que lo haría su gentilicio bani-osco > bañusco,
donde ‘bani’ es la raíz, árabe, y ‘osco’ la desinencia que indica procedencia,
un gentilicio cuyo génesis se origina en el castellano más primitivo.
La primera interpretación semántica errónea
de la que tenemos constancia, al menos mediante documento escrito, se recoge en
el conocido popularmente como ‘Poema latino de Almería’, cuyo título cierto es Cantar
de la conquista de Almería por Alfonso VII (1147). En unas estrofas se
citan localizaciones de un marco geográfico inequívoco, el norte y centro de la
actual provincia de Jaén, y en el verso 294 relata ‘Redditur et Bannos,
castellum nobile quoddam’[5]. Como podemos apreciar, en
una referencia irrefutable de la fortaleza bañusca, ya parece inducirse que el
apelativo del castillo del Cueto podría tener su causa en la existencia de unos
baños o termas. Sólo unos años después, profundizando definitivamente en el
error y dando por sentado que el origen del nombre está en unas termas y no en la
presencia de un presidio, mediante privilegio rodado expedido en Andújar el 8
de junio de 1155 —Facta carta in Anduger XIIII Kalendas Iuli Era I. C.
LXXXXIII—, el rey citado más arriba, Alfonso VII, manifiesta ‘…otorgó a
Abdelaziz de Baeza la aldea de Balneum (Baños), situada entre las de Folena
y Bosogra, y más tarde le concedió también la aldea de Bailén, y la de Segral
(Los Escuderos) con su castillo sobre el Guadalimar (Giribaile)’ (TORRES
JIMÉNEZ, 2005: 35). Posteriormente, el arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de
Rada (1243), en su crónica De rebus Hispaniae o Historia Gothica (JIMÉNEZ
DE RADA, 1989), relata, entre otros hechos, la batalla de las Navas de Tolosa y
la inmediata conquista del territorio:
“Exinde procedentes quidam ex nostris
castrum de Bilche fortissimum obsederunt. Nos vero die tertia post bellum,
quarta scilicet feria venientes cepimus castrum Bilche, nec non et alia tria
scilicet, Ferral, et Balnea, et Tolosam, quae usque hodie per Dei gratiam a
fidelibus incoluntur”[6].
En el documento, redactado en latín, el
castillo del Cueto vuelve a ser mencionado mediante el nominativo plural “Balnea”,
es decir, Baños, consolidando en adelante la mala interpretación del origen del
apelativo del castillo y lugar de Baños. Lo que realmente tuvo su génesis en un
fuerte desvencijado, quizá un puesto de avanzada o un presidio de frontera,
refugio de personas y bestias en lo más inhóspito de Sierra Morena, pasó a
tenerlo en unas baños o termas que nunca existieron.
Como es de lógico entendimiento, en los
siglos siguientes se fue acentuando el error semántico para aparecer citado de
manera persistente con el apelativo Bannos. A modo de ejemplo, un
escrito emitido en julio de 1411 por Benedicto XIII de Aviñón (RUIZ DE LOIZAGA,
2015: 408). Redactado en la diócesis de Tortosa, mediante el mismo se concede
indulgencias a cuantos arrepentidos y confesados visiten anualmente la
ermita-iglesia de Santa María, en Baños de la Encina (Jaén), devastada por los
infieles sarracenos, con el fin de que contribuyan de alguna manera a su
reparación (Reg. Aven. 337, fols. 264v-265r).
“…Cum itaque, sicut accepimus ruralis seu
heremitica ecclesia beate Marie dell Enzina de Bannos, Gienensis
diocesis, propter incursus infidelium sarracenorum destructa et devastata
existit, nos cupientes ut ecclesia ipsa congruis honoribus frequentetur, et ut
christifideles eo libentius causa devotionis confluant ad eandem seu
reparationem ipsius…”[7].
4.- Conclusiones
¿Cabe la posibilidad de que la fortaleza primitiva
de Baños, el edificio que precedió a las murallas que actualmente se levantan
en el cerro del Cueto, se articulara como un presidio o fortín de apoyo al
viajero, aislado y localizado en las estribaciones meridionales de Sierra
Morena, en la retaguardia del frente de combate y protegido de las algaradas
del norte tras la frontera natural de Sierra Morena? La afirmación es posible
en su totalidad. Pero, con la victoria almohade en la batalla de Alarcos
(1195), y pese a ella, se pone de relieve que la situación geomilitar en Sierra
Morena, su seguridad, ya no es la misma de un siglo atrás: que la vanguardia
castellana supere la barrera del macizo mariánico y campeé por la campiña
andaluza es un hecho inminente y previsible, como muy pronto avanzaría la toma
del castillo de Salvatierra por las huestes calatravas (1198), al norte del
macizo serrano. Con estos argumentos, el califa Abu Yúsuf Yaacub al-Mansur,
vencedor de Alarcos, ideó una magnífica estrategia militar, aunque el tiempo
confirmaría que no fue suficiente, por la que creó una malla defensiva, a modo
de capas superpuestas y comunicadas entre sí, integrada por castillos mayores (ḥiṣn)
y torres menores (búrǧ) ampliamente repartidos por toda la geografía
serrana (GUTIÉRREZ CALDERÓN, 2021). Fue el caso de las fortificaciones de
Castro Ferral, Navas, Torre Albert, Burgalimar, Vilches, Giribaile, Linares,
San Eufemia, Montizón, Ero, de la Estrella… y el propio de Baños o ḥiṣn Baniya,
situado en la retaguardia, a la solana meridional de Sierra Morena.
Lámina 7. Emplazamiento del castillo de
Burgalimar en el Castellón de las Tres Hermanas (El Centenillo) y cerramiento
oriental.
Lámina 8. Muro suroccidental y torre del
castillo de Burgalimar.
En un buen número, los fortines y
castillos ya existían y sólo hubo que llevar a buen término una simple
remodelación o ampliación. En otros casos, reutilizando el lugar, pero no las
construcciones anteriores, se elevan de nueva planta castillos mediante la
utilización de unas maneras de edificar novedosas. Promovidas por el califato
almohade, se abandona la fábrica de sillería de tradición califal y se asume como
aparejo oficial la tabilla o tapia de cal en sus diferentes versiones. Así
ocurre con el fortín o presidio bañusco, que en las postrimerías del siglo XII
y sin respetar las murallas existentes, se edifica de nuevas desde los
cimientos siguiendo las pautas marcadas por el califato. En un análisis
detallado de sus características arquitectónicas así se testimonia, pero
también lo han certificado las muestras analizadas de C14 obtenidas de las
agujas aún presentes en los mechinales del encofrado de torres y paños (MOYA
GARCÍA, 2009). Su cronología, que oscila entre 1.120 y 1.230 d.C., junto con la
situación geomilitar que sucedió a la batalla de Alarcos y las particularidades
de sus murallas (AZUAR Y FERREIRA, 2014: 403), nos permite considerar almohade la
fundación de los paños y torres del castillo que hoy se eleva sobre las riscas
del cerro del Cueto.
Lámina 9. Castillo de Baños de la Encina
(1969). Fuente: Ministerio de Información y Turismo, Archivo General de
Simancas.
Por tanto, aquel fortín o presidio desvencijado,
cimentado sobre las ruinas de las culturas anteriores, paso a convertirse en un
centro neurálgico del nuevo andamiaje defensivo de Sierra Morena. Por las
nuevas circunstancias geomilitares, mudó de ser un simple baniya aislado
en la aspereza serrana a ḥiṣn Baniya, un castillo de notable
envergadura que tenía bajo su control buena parte de las vías de comunicación que
atravesaban el macizo mariánico, ya penetraran estas por los caminos
identificados hoy como de El Hoyo, San Lorenzo o de La Plata (Burgalimar), del
Puerto del Rey, el Muradal (Castro Ferral) y Camino de Olavide. La evolución
fonética y el error semántico, que llevarían a interpretar el origen de su
nombre en la existencia de unos baños o termas, es una historia de siglos que
llevó a debates estériles durante el XX y gran parte del XXI, y a identificar
erróneamente el castillo de Baños con Bûrǧ al-Hammam y Burgalimar. En
realidad, la verdad iba por otro camino: Definitivamente, el castillo del Cueto,
que es el de Baños, nada tiene que ver con Burgalimar, la ‘torre bermeja’ situada
a tiro de piedra del poblado de El Centenillo y en el paraje de las Tres
Hermanas, y su apelativo deriva de la voz ‘baniya’, que apelaba a un fortín o presidio
bereber erigido sobre la ruina de las culturas precedentes y levantado en las
estribaciones meridionales de Sierra Morena.
Lámina 10. Castillo de Baños o ‘Hisn
Baniia’, escalinata de subida al santuario romano.
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[1] ‘… A pesar de tener Baños de la
Encina unos 3.200 habitantes y debido a su riqueza olivarera varias fábricas de
aceite que consumen un caudal importante de agua no tiene abastecimiento de
agua propiamente dicho. Unas casas se surten de pozos situados dentro de la
población a pesar de ser estos de malas condiciones higiénicas y otros vecinos
van a buscar el agua a fuentecillas situadas fuera del pueblo, algunas a
bastante distancia, y todas de caudal muy corto sobre todo en la época de
estiaje'.
[2] ‘…Gente viene de tropel; / en el
rancho nos entremos, / adonde a solas podremos / ver lo que el billete dice’.
[3] Profesora de la Escuela Oficial de
Idiomas Axarquía, Vélez-Málaga.
[4] Archivero, Licenciado en Historia.
[5] ‘Ríndase asimismo Baños, fortaleza
famosa’.
[6] ‘Nosotros, llegando al tercer día
después de la batalla, es decir, el miércoles, tomamos el castillo de Vilches y
además otros tres, a saber, Ferral, Baños y Tolosa, que hasta el día de hoy los
habitan los fieles por la gracia de Dios, y allí nos detuvimos un día’.
Traducción de Juan Fernández Valverde. Alianza Editorial, 1989.
[7] ‘… Puesto que, como hemos sabido,
la iglesia rural o ermita de la Beata María de la Encina de Baños, en la
diócesis de Jaén, ha sido destruida y devastada por las incursiones de los
sarracenos infieles, deseamos que la iglesia sea frecuentada con los honores
debidos, y que los fieles cristianos acudan a ella con devoción para que su
restauración sea lo más pronto posible…’.