sábado, 19 de agosto de 2017

Sobre Amargura, Desengaño y Cotanillo

Desde el Carril y porque no lo vieran más transeúntes de los que debieran, cogió por la Amargura, amago de calle buena y pendiente de espanto que se trazó con la bonanza que aún campaba un siglo antes, dando esquinazo a Mestanza y Cotanillo. Unos lustros después de su génesis, la vía fue cortada en perpendicular, a media cuesta, por la traviesa del Desengaño, como lo fueron sus aspiraciones económicas y la ilusoria prosperidad del momento. Era barrio de pecheros chicos y medianos, de grano y aceituna, crédulos hijos de la Ilustración, del trabajo y las creencias fisiocráticas, venidos a mucho menos por las guerras (y por los que de siempre con estas tragedias pescan en revuelto), el despotismo y unas esperanzadoras desamortizaciones que, antes de nacer, fenecieron bajo el egoísmo de agrimensores y subastadores públicos. El latifundismo irracional en nupcias con un caciquismo desgarrador y el rentismo de provincias avanzaban de forma irreversible.

Viejo camino de la ermita de Santa Olalla, la calle daba ahora cobijo a casas de piedra buena, con entrada a pie llano, sótano, cámara, cuadras y gallinero, pozo, estercolero y huerto, anchas estancias y varias alcobas. Dejando de lado la estrechez del Cotanillo...





Fotografía Cotanillo: José Pablo Morales Rodríguez

martes, 18 de julio de 2017

Sobre el cucharro de Alfarnate

Existía  la costumbre   entre los vecinos próximos al molino — hoy  casi imposible  de practicar en las modernas almazaras— de acudir por las mañanas con su rebanada de pan para tostarlo en la fogata de la caldera, untarlo con ajo y empaparlo después en aceite nuevo sumergiéndolo en una de las tinajas: eran los  apetitosos  y  nutritivos   “tostones” de aquellos tiempos. Las calorías  aportadas al organismo  por una de estas tostadas eran suficientes para que la persona estuviera  alimentada  durante todo el día, ocupada  en las duras faenas agrícolas,…

Tampoco  me olvido del   delicioso  y sencillo “hoyo de aceite” - “cucharro” en  el cercano Alfarnate y otros lugares—   que los niños pedían por las mañanas  al “maestro de molino”, y en ausencia de éste a sus madres, llenase su oquedad vaciada  de miga  con un chorreón del mismo hasta quedar el pan  empapado, y todo sazonado con una  pizca de sal  para que estuviera más sabroso…  El  “hoyo de aceite”  es uno de los más exquisitos y sanos  manjares de nuestra gastronomía andaluza - mejor  si lo acompañamos de  tomate y un pedazo de bacalao-,   que convendría no cayera en el olvido, relegado, como lo está siendo,  por la antinatural  e insana bollería tan rica  en el colesterol que nos sobra y obstruye nuestras  arterias desde la niñez.

http://www.mondron.es/22.html


Ermita de Santa Olalla

En el esquinazo norte del pueblo se erigían los hormazos mal pergeñados de la ermita de Santa Olalla, otrora elevada sobre el llano del Calvario Viejo, donde el Camino de San Lorenzo y el Cordel merino de Guarromán vienen a darse la mano y prosiguen como uno sólo hacia la villa vieja. Hay aún quien afirma que en su génesis y día fue torreón vigía, cuya función era, junto con la ermita de Santo Domingo, mediar entre la torre vieja del Santuario de la Virgen de la Encina y el mismo castillo. Con la desamortización del primer tercio, perdió capellanías y santero, derramó sus piedras por la cuerda y acabó en nada. Se dice que la imagen de la mártir emeritense tiene altar y devoción en casa de postín y que sus piedras buenas han acabado enderezando las esquinas de las casuchas y corralizas del entorno, mientras que los peores mampuestos y los ripios preñaron a la vera de la ruina una ancha era de pan trillar.

El Jacaero conocía bien el lugar por donde anduvo la ermita, pues no en vano vivió muchos años a su sombra y bajo la encomienda de su tío el Pelusa. El paraje, conocido con razón como Buenos Aires, ocupaba el punto de mayor altura del entorno siendo a juicio del Bermejillo la mejor posición para levantar un molino de viento al uso manchego. Y así, con decisión firme, se elevó con no pocos imprevistos y muchos dineros, pues la iglesia para la cosa de especular, aunque sea con escombros, es aventajada y sagaz. Y se erigió después el artilugio como si de una torre fuerte se tratara, con anchos muros, piedra arenisca de las canteras locales y tres pisos: el primero para bestias y carga, el segundo como almacén y el postrero, que era de adobes de barro colorao del Santo Cristo y mucho ventanuco para oler los vientos, para las faenas propias de la molienda. La industria hecha con madera fue comprada en la conquense Mota del Cuervo, que allí tienen mucha experiencia en como aparejar estos avíos; las enormes piedras, de granito gris y siguiendo los patrones de los empiedros y rulos utilizados en las caserías y almazaras, fueron obra de canteros y picapedreros del pueblo pedrocheño de Alcaracejos,que andaban más puestos en estos saberes.

No siendo suficiente razón tratar con el viento, andaban también indagando sobre molinos viejos o batanes, ya fuera en la Junta de los Ríos, a la sombra de Cerro Molinos y junto a la Picoza, en el río Grande; o ya fuera en el curso medio del Rumblar, por debajo de donde vierte aguas el arroyo de la Boquituerta. Así que, con estas componendas, decidieron visitar el segundo que decían andaba en ruinas más o menos decentes de enmendar.



domingo, 16 de julio de 2017

Amargura y Desengaño

Desde el Carril y porque no lo vieran más transeúntes de los que debieran, bajo por la Amargura dando esquinazo a Mestanza y Cotanillo, amago de calle buena y pendiente de espanto que se trazó con la bonanza que aún campaba un siglo antes. Unos lustros después la vía fue cortada en perpendicular, a media cuesta, por la traviesa del Desengaño, como lo fueron sus aspiraciones económicas y la ilusoria prosperidad. Era barrio de pecheros chicos y medianos, de grano y aceituna, crédulos hijos de la Ilustración, del trabajo y las creencias fisiocráticas, venidas a muchos menos por las guerras (y por los que siempre con estas tragedias pescan en revuelto), el despotismo y unas esperanzadoras desamortizaciones que, antes de nacer, fenecieron bajo el egoísmo de agrimensores y subastadores públicos. El latifundismo desgarrador y el rentismo de provincias avanzaban de forma irreversible.



miércoles, 12 de julio de 2017

Territorio, turismo y senderos temáticos: el caso de Baños de la Encina, Jaén

Mi última publicación en relación con el desarrollo de la práctica turística en Baños de la Encina (Jaén): http://uvadoc.uva.es/handle/10324/24334
"La segunda mitad del siglo XX fue para los municipios de la Sierra Morena de Jaén, y en general para todo el agro provincial, un periodo crítico que acarreó la total desaparición de las labores económicas tradicionales y, en gran medida, de la cultura material a ellas vinculada. Se modificó así, cuando no se arrasó, un paisaje cultural modelado durante siglos..."