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lunes, 13 de diciembre de 2010

El Cable aéreo de El Centenillo (Baños de la Encina)

Las vicisitudes que hubieron de pasar los primeros directivos de la empresa minera de El Centenillo, en relación con las comunicaciones y el transporte de las cargas (tanto mineras como de suministros), debieron ser bastante dificultosas. Los primitivos transportes con acémilas de mulas por el pedregoso camino de herradura, tan sólo mejorarían en parte con la construcción de la pista de tierra a La Carolina. Como dejaba escrito el buen centenillero Francisco Pérez Rayo en sus “Añoranzas y recuerdos de El Centenillo”: “…causan asombro las añejas fotografías de aquellos tiempos, en las que se ven recuas de hasta cuarenta mulas tirando de un enorme carromato, todo de hierro, el legendario Carretón, cargado de voluminosas calderas…”

El 8 de noviembre de 1911, el ingeniero jefe del distrito minero hace saber que Arturo Gerald Romer, representante de la Sociedad New Centenillo Silver Lead Mining Cº Lt., ha solicitado autorización para la construcción de una nueva línea de transporte por cable aéreo entre las minas de El Centenillo y el apartadero de ferrocarril de Linares a La Carolina, situado entre los kilómetros 24 y 25 del mismo.

Al fin de este período, en 1913, se ponen en servicio tres cables aéreos de verdadera importancia: uno, desde las minas de "El Centenillo" a la línea del ferrocarril de Linares-La Carolina, entre sus kilómetros 24 y 25, con longitud de 12.500 metros, sistema Pahlig, accionado por motor eléctrico de 23 kilovatios. El segundo cable, también del mismo sistema, está destinado al servicio del grupo minero "El Guindo"; y se compone de dos tramos, de los cuales, el primero, va en línea recta desde la estación de carga de "El Guindo" hasta la estación motriz de "La Manzana", salvando 107 metros en longitud de 870, mientras que el segundo va desde la estación de "La Manzana" a la de descarga en la estación del ferrocarril de La Carolina, con longitud de 6.470 metros. Pertenece al tercer transporte aéreo a la sociedad "Minas de Castilla la Vieja y Jaén", destinado al servicio desde el grupo minero "El Sinapismo" a la mina "Rafaelito", y desde ésta al apartadero situado en el ferrocarril de Linares-La Carolina, a distancia esta última estación de unos 300 metros.

El cable aéreo de El Centenillo tenía una longitud total de de 12.500 metros y estaba dividido en dos tramos; uno, desde el grupo minero hasta la margen izquierda del río Grande, en la Pasada del Castaño, y otro, desde ésta al apartadero. En la Pasada, el cable cambiaba de dirección, formando un ángulo de 160º. Entró en servicio en 1913. Por la Estadística Minera de ese año, sabemos que era de sistema tricable, construido por la casa Eöhlig, de Colonia, accionado por un motor eléctrico A.E.G. de 23 kw que estaba alimentado por un central instalada en las minas que transformaba la energía de 2.100 V a los 120 V con los que funcionaba. La capacidad de los baldes era de 180 litros y su carga máxima de de 300 kg cada uno. Se desplazaban a 2,5 metros por segundo y la instalación estaba calculada para transportar 100 t diarias en jornadas de 10 horas. Estuvo en servicio hasta 1958 y, a partir de esa fecha, los transportes de mineral y materiales se realizaron por medio de camiones.

Este funicular de carga, conocido como El Cable (de cable aéreo), alcanzaba en un principio hasta la llamada “Pasada del Castaño”, en el río Grande, con un recorrido de casi 4 km. Sobre el año 1913 se prolongó en un total de 12 kilómetros rectilíneos, rozando cimas y soslayando profundos barrancos, hasta alcanzar la Estación-apartadero, en el primer tercio del ferrocarril Carolina-Linares (el Trenillo). Gruesos cables de acerado alambre, fijados en altas columnas, servían para el rodar de las acanaladas poleas de las que pendían las vagonetas. Éstas, a su vez, eran impulsadas por una ligera cuerda móvil que se deslizaba sobre otras poleas, adosadas a las mencionadas columnas metálicas.

La fuerza motriz del Cable, radicaba en la terminal de El Centenillo. Al principio, producida por máquina de vapor surtida de una vieja y voluminosa caldera que, semejando una locomotora varada, se resguardaba en un cobertizo anejo a la terminal. Su larga chimenea, que traspasaba el tejado, volvió a escupir espeso y negro humo veinte años más tarde, cuando el potente motor eléctrico viose privado de energía, en las restricciones de los cuarenta.

Un ágil y arriesgado operario, llamado “guarda-líneas”, vigilaba el buen estado de conservación del Cable. Su peligroso oficio, en un continuo encaramarse en columnas y vagonetas en marcha, estuvo salpicado de accidentes, casi siempre mortales; manteniéndose ocupado el empleo gracias a un atractivo sobresueldo.

A finales de los años cincuenta fue suprimido el ferrocarril Carolina-Linares, lo que llevó aparejado el desmantelamiento del viejo Cable del Centenillo.

Aún podemos observar las chapas de la techumbre de las naves, en las que aparece el sello del puerto británico de embarque, y la excelente factura de sus muros de pizarra, cuya fábrica se presenta al modo “espina de pez”.

Texto extraído de las siguientes Fuentes para su presencia en la web de "Paisajes Mineros de Jaén":

1.- “Historia de una ciudad: La Carolina, 1767-1967” de José Rubio González (1967).
2.- “Añoranzas y recuerdos de El Centenillo” de Francisco Pérez Rayo.
3.- “Minería en Sierra Morena: 1.- Desde el Argar a Linares; 2.- El distrito minero de La Carolina” de Francisco Gutiérrez Guzmán (2007).

Fotografía gentileza de la "Asociación de Amigos de El Centenillo"

lunes, 26 de julio de 2010

Texto del castillo de Baños para una recreación en 3D

Castillo de Burch al Hammam (Baños de la encina, Jaén)

La primera ocupación del Cerro del Cueto, donde se sitúa el castillo de la localidad jiennense Baños de la Encina, nos remonta a la Edad del Cobre (4.000 años). Desde este lugar la población ejercía el control de la mina de cobre del Polígono-Contraminas, a pie del vecino cerro del Gólgota. Asimismo, encontramos en el interior del castillo muros pertenecientes la Edad del Bronce y de la cultura Íbera, que también tienen continuidad fuera de sus muros. Roma plantó un mausoleo funerario, a modo de templo, en la corona artificialmente amesetada de su cota más elevada.

Heredero de las clásicas fortalezas bizantinas, que tuvieron su predecesor en los campamentos castrenses de Roma, es quizá su mejor testigo en toda Europa. De rara forma ovalada -adaptándose a las curvas de nivel del cerro- y tabiyya como principal componente (cal, chino de río, tierra y agua), está formado por quince torres cuadradas que avanzan desde el lienzo de muralla. En su interior presenta una complicada urbanística de época almohade (siglo XII) que, ya bajo control castellano, es alterada mediante la construcción de un reducido y bien defendido castillete o alcazarejo. Paralelamente, se reviste de piedra la torre cuadrada más al noreste, dando lugar a una estructura cilíndrica que se eleva en altura sobre las demás: la torre del homenaje o Almena Gorda.

Sobre la meseta central se sitúan los aljibes, dos naves excavadas en la roca y cerradas en altura por una doble bóveda de medio punto elaborada con ladrillo. Los muros laterales están construidos con la técnica del “opus signinum” para evitar filtraciones del agua embalsada; cada vez hay más investigadores que certifican un probable origen romano de este equipamiento hídrico.

Tierra roja libre de materia orgánica, chino de río, cal como aglutinante y agua es la fórmula mágica que ha permitido que este coloso, después de muchos siglos, siga perfectamente en pie.

Sobre el nivel del suelo, donde aparece un hormigón muy rico en piedra de considerable tamaño, que nivela la superficie, se van levantando sucesivas hiladas de este mortero, denominado por los musulmanes tabiyya o tapial. En realidad, no es otro material que el “opus caementicium” heredado de la arquitectura romana. En cada hilada de mortero se formaba vertiendo el material sobre un molde rectangular de madera o encofrado, a modo de cajón sin fondo ni tapa, que medía dos codos de altura y entre cuatro y seis codos de longitud (el codo equivale a 42 centímetros). Entre hiladas se situaban pequeños maderos (agujas) que sostenían el encofrado de madera y que, al pudrirse, funcionaban a modo de junta de dilatación. Podemos apreciar la huella que dejaron estos maderos en la sucesión de agujeros o mechinales que surcan todos los muros del castillo. El cajón se ayudaba de otros elementos complementarios, como el costal o vara vertical que evitaba que los cajones se abrieran; y el codal, que hacia lo propio impidiendo que se cerraran. El material se vertía en tandas, que eran apelmazadas con un pesado pisón de madera.

Acabados los muros, se remataban con un enlucido rico en cal decorado con elementos vegetales muy esquemáticos (ataurique), que protegía de las inclemencias meteorológicas.


sábado, 12 de junio de 2010

Sobre las Salas y el puente de los Charcones

Es evidente, como bien dices, que el puente existe. Se trata de un pequeño puente de piedra local formado por un solo ojo elevado sobre bóveda de medio punto. Muestra algunos datos de gran interés, como que está “cosido en una sola pieza”; es decir el arco de medio punto que salva el arroyo forma una sola pieza con el cimiento, también de piedra, el arco está trabado al enlosado de piedra que forman el cauce del arroyo y la cimentación. Esta es una solución bastante avanzada y compleja, más aún cuando estamos hablando de un puente tan pequeño.

Por otra parte, las paredes laterales del cauce forman un doble embudo cuyos extremos más delgados se unen en el propio puente.

No recuerdo con exactitud el año, pero pudiera ser en 1996 cuando, durante las obras de construcción de la depuradora, se reforzó con una capa de hormigón superior, parece ser que previniendo se hundiera por el peso de los camiones que debían pasar por encima con motivo de la construcción.

¿Origen romano?, la verdad que es bastante tentador. Podría darte la opción que entiendo más apropiada, pero se necesitaría mucha más información de campo para poder tomar una determinación. Voy a exponerte los argumentos que yo encuentro en pro y en contra. Es evidente que lo reducido del tamaño no aporta suficientes elementos para confirmar el estilo constructivo al que puede adscribirse.

La prueba más evidente para tomar posiciones en pro de su origen romano, es que cada día hay más adeptos, entre los que me cuento, que entienden que la muy nombrada vía romana de Cástulo a Sisapo, dos de los centros mineros más importantes a una y otra vertiente de Sierra Morena, se introducía por este punto en Sierra Morena, a través de Valdéloshuertos y el Marquiguelo, para seguir rumbo Escoriales, Cañada Real de la Plata por la Mojonera (Camino del Hoyo) para llegar a unirse al camino de la Plata, que desde Sisapo buscaba el Mediterráneo por Cartago Nova. Muestras que acompañan a este viario las va habiendo cada día en mayor numero: los restos de la Virgen de la Encina (el camino desde Cástulo pasaba a la actual Linares y por el cordel de Linares a Guarromán salvaba el Guadiel); los numerosos enterramientos que desde la Virgen van salpicando hasta llegar al “Prao”; el camino “romano”, si lo fuera; el reciente descubrimiento de un templo o mausoleo funerario situado en la cima del Cueto, posiblemente dedicado a una dama romana, Ilicia, al que habría que sumar el posible origen romano de los aljibes del castillo, en los que aparece la típica media caña tan presente en los edificio hídricos romanos; la parte central de la Fuente Cayetana, de seguro origen romano; la cultura material, que aparece a modo de testigo en Peñalosa; las Salas Galiarda, el castillete de Los Escoriales y la villae que se muestra a los pies del primero, posiblemente formando parte del aparato administrativo de gestión de las minas; los sarcófagos antropomorfos presentes en las cercanías de Santa Amalia, el Navamorquín o la Loma de las Sepulturas; etc., etc. En su tesis reciente, Luis Arboledas hace una firme apuesta por este camino.

En su contra, que el camino quizás pueda ser bajomedieval y no romano y, en consonancia, también lo sea el puente. Sin excavación arqueológica es demasiado arriesgado tomar una u otra determinación. Pero la prueba que puede aportar más argumentos a su origen romano es natural y no humana.

Todo el territorio que forma el eje Charcones, las Huertas, Cantalasranas, Huerta Zambrana hasta superar la carretera es un realidad un conjunto de tierras, al pie de la falla, que en origen se encontraban muy por debajo del nivel de su entorno. Yendo a evacuar a ese espacio todas las aguas del Llano, buscando el curso del Rumblar a través de Valdeloshuertos. No es de extrañar, por tanto, que todas estas tierras cuando no son inundables o lo eran, muestran suelos tremendamente fértiles, fruto de la deposición de material que ha ido colmatando estas “tierras bajas”. El estudio geológico que está realizando la Universidad de Jaén, en breve, nos debe avanzar más sobre el tema.

Es evidente que el bañusco medieval fue canalizando, dando orden, a la salida de las aguas, de manera paralela que fue roturando las tierras del llano, de la Campiñuela. Así fue creando una “zanja” que drenara las aguas hasta llevarlas a nuestro puente y a Valdeloshuertos. Zanja y puente sobreviven si hay quien los mantenga y limpie por interés propio. Cuando no hay rentabilidad o simplemente no hay “personas” presentes, una y otro (zanja y puente) desaparecen de obligación. Entiendo que realizando un ligero análisis de la situación actual de los pozos de los Charcones se pueden entender esta premisa.

¿Y dónde quiero llegar? Pues a lo siguiente, si el puente es romano, ¿cómo sobrevivió sin ser ocultado bajo los sedimentos desde, al menos, el Bajo Imperio a la llegada de los primeros musulmanes? Si el puente es bajomedieval, la respuesta es sencilla.

Bueno, pues pasamos a los “hilos”. Hace un par de años, reconociendo el valor que tiene el puente, ya sea romano o bajomedieval (en una guía antigua ya aparece una foto del puente), y el interés educativo y recreativo del paraje, nos pusimos a trabajar para recuperar todo el entorno. Pero entonces, la todopoderosa Consejería de Medio Ambiente dice que es de su propiedad y en buena sintonía nos proponen redactar ellos un proyecto porque el terreno es suyo. El esbozo de proyecto, en una palabra: “cojonudo”, pero el proyecto aún no se ha redactado. Conociendo las mimbres, cuando redactamos el proyecto de la “Verea de las Aguas a Peñalosa” aprobado ya por ADIT Sierra Morena para ejecutar en 2011, no nos olvidamos de cuantificar una pequeña partida, muy abstracta, pues la propiedad no es municipal, que contemplara actuación en Los Charcones. Entretanto, ¡ojalá llegue ese magnífico proyecto!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Torreón Poblaciones Dávalos

¿O quizá de "los Corvera", o de "los Carvajales"?

El edificio en cuestión, avanza dominando la Plazuela del Rosario y ofreciendo fachada a tres calles: la propia plazuela, donde se levanta la principal, Trinidad y San Mateo, antigua de la Iglesia. Junto con la Casa Consistorial, forman dúo como uno de los principales exponentes de la arquitectura civil de la localidad.

Se trata de una casona robusta, a modo de torre, achaparrada, totalmente edificada con aparejo regular de arenisca (procedente de las canteras locales) y gran tamaño, y láminas o lajas de pizarra local, presentes a modo de calzo, que resta rigidez al edificio ante cualquier movimiento de la cimentación. Como veremos, más que torreón nos encontramos con lo que parece ser la muestra testimonial de un quiebre de muralla mudado a casa torreón.

Su fachada principal, como decíamos abierta a la Plazuela del Rosario, oteando el principal camino que arribaba a la aldea de Baños (Camino Real), está estructurada en tres plantas. De abajo a arriba y situado en el centro del edificio, nos muestra un eje formado por dos vanos: un ventanuco que se sitúa en el último cuerpo y un sobrio balcón volado sobre tres ménsulas o canes que centra la planta segunda. En la planta baja se abren dos nuevos vanos, a la derecha del eje se asoma un sencillo y amplio ventanal, mientras que a su izquierda se sitúa la puerta principal, totalmente marcada por la moldura pétrea que forman jambas y dintel, que ligeramente avanzan sobre la línea de fachada. El dintel que la remata en altura, ya de época tardía, muestra en su parte central una cruz labrada que viene acompañada en ambos laterales por elemento floral.

En altura está rematada por una terraza que se alza sobre cornisa. La terraza cierra mediante una baranda corrida o balconada, también construida con arenisca local, que, a intervalos, presenta unas pequeñas ranuras que ayudan al drenaje de aguas de la cubierta que tiene como principales protagonistas unas expresivas gárgolas de cabezas antropomorfas o mascarones. Finalmente, la baranda remata en dos pináculos laterales troncopiramidales y uno central que asemeja un jarrón. Cornisa, pináculos y mascarones están ausentes en las fachadas laterales.

Mientras que la fachada a calle Iglesia está camuflada por una vivienda de época posterior, pero con una fuerte impronta popular muy condicionada en sus formas por el giro del eje viario, la de calle Trinidad se eleva sobre cuatro plantas. La fachada gira ahora sobre otro eje vertical formado por vanos desplazado hacia la derecha del edificio. El eje está compuesto por tres vanos adintelados desiguales, de abajo a arriba: puerta de sótano, ventanuco y balcón volado con elementos de buena forja. La última planta recibe la luz a través de una ventana que se acerca más a la escuadra del edificio, situándose en el mismo eje un mínimo ventanuco que permite la ventilación del sótano. La distribución lateral del eje de vanos y la ventana pequeña desplazada hacia la esquina denotan la identidad del edificio actual como parte de una muralla que quiebra en esta zona, más que como torreón, exento o no. Así, el ventanuco lateral favorece la visión de la escuadra, mientras el eje se integra en una muralla que tenía continuidad.

D. Juan Muñoz-Cobo, que fuera hasta su muerte cronista de la localidad, sitúa cronológicamente la edificación en el siglo XVII. Subraya que aquí nació el obispo electo de Buenos Aires y abad mayor de la colegiata de Olivares (Sevilla) don Bernardo Antonio Poblaciones-Dávalos y Galindo, siendo sus padres Don Bernardo Poblaciones y dola Elvira Galindo y Soriano, naturales de la Villa.

Aunque entendemos que el “torreón” debe gran parte de su apariencia actual a las modificaciones realizadas durante ese siglo XVII y el posterior (modificación de vanos), hay una serie de incógnitas que emanan de él y a las que no da respuesta esa cronología. Por otra parte, los últimos estudios urbanos realizados sacan a la luz una serie de elementos muy interesantes que directamente están relacionados con este inmueble. Veamos.

Es difícil entender que este torreón fuera edificado en la primera parte del siglo XVII o los últimos años del siglo anterior, siendo el núcleo urbano de Baños aldea bajo la jurisdicción del Concejo de Baeza, pues su levantamiento hubiera supuesto erigir un símbolo de poder, una afrenta a las competencias que la ciudad tenía por derecho. Con posterioridad, la nueva villa era regentada por un reducido núcleo de pecheros que debía su riqueza a una próspera actividad agrícola cuya mejor expresión física no era ya la construcción de una casa-fuerte, tipo torreón.

Entendemos que hay una serie de elementos, propios y ajenos al torreón, que certifican un origen anterior, posiblemente en la segunda mitad del siglo XV (no el edificio como tal) o ya en los primeros años del XVI:

1.- Los vanos inferiores, tanto la puerta del sótano como la puerta y ventana de la fachada a Plazuela del Rosario denotan que hubo una clara alteración de los muros originales para su creación.

2.- Puede apreciarse que los vanos que forman los ejes lineales que estructuran las dos fachadas vistas, han sido alterados, dando mayor tamaño a un ventanuco original, más pequeño, y que están organizadas a modo de línea de saeteras o pequeños ventanucos de control (más en la línea del que aparece desplazado hacia la escuadra en la fachada de calle Trinidad).

3.- Por otra parte, la edificación no está situada al azar, nada más lejos. Se encuentra en un otero, en un altozano que domina el territorio, en el punto de encuentro del Camino Viejo de Toledo con el núcleo urbano, en la “puerta” de entrada al conjunto bajomedieval dando paso libre al corazón de la vida social de la aldea: la Plaza Mayor.

En los últimos años, se han venido realizando distintos estudios de la estructura urbana del conjunto histórico que han permitido localizar algunos elementos de interés que se encontraban enmascarados entre una trama compleja, muy adulterada, pero en la que la huella monumental del pasado ha quedado bien reflejada. Así, en este sentido, pasamos a mencionar varios elementos de interés que pueden tener relación directa con el origen del “torreón”:

1.- Entre las actuales calles Las Eras, Huérfanos y Conquista se suceden una serie de grandes escalones o aterrazamientos del terreno, a modo de escarpas, que llegan a alcanzar hasta los cincos metros de altura. Aunque en las últimas décadas se han venido ocultando bajo nuevas edificaciones, aún tenemos algún testigo en el tramo medio de la calle Eras, apreciable desde Huérfanos. Se trata de grandes muros de piedra, de aparejo más o menos regular, apretados contra el corte realizado sobre la roca natural (en este tramo margas y arcillas) que corren paralelos a las curvas de nivel.

2.- Ascendiendo la calle Trinidad desde Eras, nos acompaña por nuestro flanco izquierdo un curioso edificio, se trata de la casona o palacete de los Guzmanes (la apelación, aportada por Muñoz-Cobo, tiene como causa que su propietario a finales del siglo XIX, el notario del momento, se apellidaba Guzmán). Cuando la lógica estructural recomienda una edificación que se sitúe rompiendo la curva de nivel (como ocurre en la actual avenida de Linares o en la propia calle Trinidad, en la acera contraria a Guzmanes), el edificio eleva su muro frontal siguiendo la pendiente de la calle, a modo de gran murallón continuo que arrancara en las escarpas de calle Las Eras y fuera a encontrarse con nuestro “torreón”.

En la reciente rehabilitación del edificio y adecuación como hospedería rural, se ha localizado la presencia de un posible cuerpo de guardia elevado sobre una puerta que cierra en arco de medio punto, a pie de calle, que daba paso a los actuales sótanos del edificio.

3.- En la Plaza Mayor, en la esquina noroeste, quebrando a la calle Bailén, volvemos a encontrar otro curioso edificio. Se trata de otra casona que se sitúa sobre un solar perfectamente rectangular y totalmente nivelado, sin embargo su planta se complica de tal manera que llega a presentar una cubierta a cinco aguas, como si se elevara utilizando una estructura anterior a modo de muralla corrida que quebrara en ese lugar.

4.- Prácticamente a su lado, la puerta de los patios de la “casa de las viudas”, cuya fachada principal viene a ofrecerse a la Plaza Mayor, se muestra como heredera de otra estructura inmueble anterior de carácter también complejo. Parece tratarse de un portillo.

En todos los casos estos elementos parecen testigos de una estructura inmueble anterior en la que se subraya un fuerte carácter defensivo ¿o fiscal?. Si analizamos la trama urbana a vista de pájaro, podemos observar con facilidad como cada uno de los elementos referidos forma parte de un todo que rodea la aldea bajomedieval a modo de un cerco o muralla defensiva y/o fiscal que va a encontrarse con el castillo.

En este estado de la cuestión es interesante valorar el momento en que pudo originarse este “cerco” y el papel que nuestro “torreón” desempeña, tanto individualmente como en el conjunto. En este sentido, entendemos que el cerco (aunque no la muralla/torreón que hoy apreciamos) pudo tener su origen en el marco bélico que se desarrolló durante la segunda mitad del siglo XV y que tuvo como protagonista la pugna por el cetro real de Castilla. El desenlace final permitió la subida al trono de Isabel de Trastámara. Posteriormente, los años de paz permitieron que el cerco se elevara como hoy lo conocemos y que el torreón se posicionara como casa-fuerte que controlaría el paso al corazón de la aldea (Plaza Mayor), a modo de inmueble para el cobro del portazgo/roda (documento de 1492 y firmado por los Reyes Católicos en el campamento de Santa Fe autoriza que se cobre la "roda" en el "puerto de Baños"). Por otra parte, analizando la situación del Pilar de San Mateo y la antigua configuración de la calle Iglesia y plaza, no sería extraña que también fuera el lugar de fiscalización del montazgo, impuesto que se debía pagar para tener derecho a los pastos del término privativo.

Con el tiempo, acabaría engullido por la nueva y creciente villa de los siglos XVII y XVIII que adultero, aunque no en exceso, la extrema sencillez de sus exteriores y recalificó su funcionalidad a casona de labor.

En este marco temporal, posiblemente los Corvera, larga y noble familia baezana, alcaides del castillo durante un tramo importante de la segunda mitad del siglo XV; y con seguridad los Carvajales, familia principal de Baeza que "heredaría" la alcaidía de la fortaleza con el tránsito de siglo, debieron desempeñar un importante papel en el desarrollo monumental y urbano de la aldea de Baños; y, como no, en la génesis de esta casa torreón o casa fuerte.



lunes, 26 de abril de 2010

La Red Patrimonia

Dejo el borrador de guión de un video promocional de la Red Patrimonia en el que he colaborado:
"El sol, la montaña, el agua… y el hombre han ido tallando en Andalucía pequeños rincones llenos de magia que desde muy pronto han mostrado las huellas de sus creencias, miedos, esperanzas, formas de vida y muerte...

Ya desde antiguo el hombre fue moldeando unos paisajes culturales donde la naturaleza, eternamente cautivadora, se fundió en un abrazo con la obra de los hombres.

Cazador, pastor y hortelano; nómada y constructor de ciudades alzadas bajo la escuadra y el cartabón; guerrero, minero y hombre de ciencia;… fue sumando conocimientos y edificando pequeños hitos culturales que le han permitido forjar un presente y un futuro con los pilares bien enraizados en la tradición.

Municipios unidos por un pasado cultural común que ha sido acunado por el trasiego de la historia, ofrecen hoy una experiencia singular...

“Pequeñas Ciudades, Grandes Emociones”: Red Patrimonia.

La Red Patrimonia agrupa a 22 experiencias municipales repartidas por seis provincias de Andalucía, desde oriente a occidente; salpicando desde la alta montaña de Sierra Nevada a las campiñas cordobesas; desde las sierras béticas a los escalones de Sierra Morena; núcleos de población pequeños con un gran corazón monumental y etnográfico que motea un excelente territorio natural.

Este programa es el resultado de un gran esfuerzo global de municipios, diputaciones y la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte, por promover el desarrollo sostenible en un destino turístico de calidad.

Recuperar la esencia monumental de los cascos históricos y la arquitectura tradicional, es la piedra angular de este programa de revitalización de Conjuntos Históricos de Andalucía.

La Red Patrimonia profundiza en lo más recóndito de estos pequeños-grandes hitos culturales para sacar de sus entrañas experiencias únicas que son fruto de un “paisaje cultural” excelente.

Pero el carácter excepcional de la cultura de estos pueblos no es ajena al territorio que la cobija. Es una tierra de multitud de colores que se van marcando en nuestra retina al mismo ritmo que se suceden las estaciones.

La alta montaña alpujarreña y velezana blanquea sus afilados picos en el horizonte antes de inundar de verde el réquiem primaveral. La Sierra de Castril, cara oculta de la reconocida Cazorla, va hilvanando frescor al son de su eje hídrico. El agreste pellejo de Sierra Morena oculta su bien más preciado: la explosión de color de su primavera que otea desde las alturas una campiña hilvanada de olivos.

La plácida penillanura pedrocheña simula ser trazo cartográfico dibujado por el tiralíneas pétreo de sus cañadas ganaderas. La Sierra Norte de Sevilla, moteada de excepcionales paisajes mineros, hilos de agua ocultos entre vergeles vegetales y viñedos históricos, se eleva sobre la cuenca del Guadalquivir hasta dar paso a la Meseta Finalmente, la Sierra de Aracena va marcando el ocaso solar sobre una sucesión de altivas alcazabas que se asoman entre castaños y alcornoques que ocultan las setas más sabrosas.

Nunca hubo lugar al capricho en la elevación de nuestros pueblos. En todo tiempo fue el encanto del lugar y el devenir de la obra de los hombres el principal argumento para trazar nuestras calles.

Enraizados en la más honda cultura constructiva mediterránea (Edad del Bronce), los pueblos del Barranco del Poqueira escalonaron sus casas de techos planos y pizarra, crearon callejas estrechas y laberínticas por las que el agua discurre a su antojo,… crearon núcleos urbanos tan integrados en la tierra que los cobija que simulan ser prolongaciones de la misma roca.

Pero, la mayor de las veces, nuestros núcleos urbanos son ahijados de etapas marcadas por la guerra y el control de los caminos. Empinadas calles aprietan sus casas contra una atalaya que se alza majestuosa sobre un río, un paso, un camino, un puente,…, a modo de eterno otero.

Carlos III nos trajo con la Ilustración un nuevo concepto de ciudad racional, formando un trazado rectilíneo cuyas manzanas de viviendas son la prolongación natural de las parcelas agrarias.

Fue el devenir cotidiano de los hombres quien dotó de pequeñas joyas arqueológicas y monumentales los trazados viarios de nuestros pueblos y sus entornos más inmediatos.

El poder vino a expresarse mediante castillos, alcazabas y cartujas; casas del Consistorio, tercias y pósitos; casonas de labor y palacetes; grandes obras públicas y edificios de carácter sacro que vinieron a erigirse sobre los cimientos de viejas mezquitas musulmanas; …

Pero el quehacer diario y la prosperidad, con la calma, vinieron a adueñarse de la cotidianidad: poblados de raíz minera y manufacturas vidrieras; zahúrdas, cañadas ganaderas de la Mesta, torrucas y majadas merinas; patios de armas mudados en cosos taurinos; molinas, aceñas, cortijos y almazaras de aceite; tribunas vitivinícolas y hasta molinos de viento al uso manchego vinieron a adueñarse de la vida monumental de nuestros pueblos.

Y como una constante, el agua siempre presente como hilo que dota de vida a los pueblos de la Red Patrimonia.

Unas veces asume su papel como constructor de relieves, ya sea modelando atractivos paisajes u hoyando las entrañas de la tierra formando rincones mágicos.

Otras, se deja conducir como hilo de vida a través de acequias y minas de agua para asomar mansa en fuentes, alcubillas, caños y lavaderos refrescando calles, plazas y lugares de mágicas leyendas.

Las más aparece embalsada siendo escenario potencial de un importante abanico de actividades al aire libre.

Pero nuestros pueblos, elevados sobre piedra, no dejan de mirar a la fértil tierra que los circunda como la más gratificante alacena.

Son nuestras sierras y campiñas inmensas bodegas de aceite, añejas barricas de vinos y anisados, excepcionales tahonas de panes y dulzainas, espléndidas dehesas de jamones, embutidos y quesos, grandes cotos de carnes de monte, … y la mejor huerta.

Así son los pueblos de la Red Patrimonia

Pequeños conjuntos artísticos nacidos al amparo de la más generosa naturaleza, donde cada día es una sensación y el visitante es un miembro activo de ese quehacer cultural cotidiano.

Pero nuestros pueblos no viven anclados en la memoria. Una buena red de puntos de información turística y el portal de la Red Patrimonia le avanzan toda la información necesaria:

Museos y centros de interpretación arraigados a nuestra tierra y dotados de las últimas tecnologías y la mejor atención humana…

Tradiciones con raíz, fiestas populares, romerías con atrezzo en el mejor escenario natural y mercados artesanales a la vera de castillos medievales…

El paisaje como escenario de las actividades más originales al aire libre…

Una gastronomía argumentada en los productos de la tierra, la caza, los guisos tradicionales y una repostería que tiene como protagonistas la miel, el aceite, la almendra, la canela o la matalahúga.

Y todo ello al amparo de mesones y restaurantes, hoteles y casa rurales que tienen lugar en verdaderos inmuebles catalogados como monumentos históricos.

La Red Patrimonia te ofrece una experiencia única, un conjunto de vivencias singulares nacidas de la memoria cultural y que tienen a sus gentes como principales actores y a ustedes como sus protagonistas.

Conjuntos históricos de la Red Patrimonia de Andalucía. Pequeñas ciudades y grandes emociones."




















jueves, 15 de abril de 2010

El molino de viento en un manual escolar

Como dice el amigo Paco Escalante, más o menos, los sueños, con esfuerzo y empeño, tienen la manía de llegar a cumplirse. Mucho hablar con gente, instituciones y empresas, mucho mandar correos electrónicos a todas partes, mucho atender a gente que la mayor de las veces te dices que nada de nada.

Pues sí, algunas cosas llegan a salir. Esta mañana me han remitido desde el grupo Anaya su nuevo libro de "Conocimiento del Medio", ahí en la página 173 (como se aprecia en la copia) muestran nuestro molino de viento ganándole la partida a sus hermanos manchegos.

Un argumento más para que sigamos luchando por su nueva recuperación.

El tiempo y una buen invierno/primavera parece que maduran inquietudes.