viernes, 26 de marzo de 2010

El Sendero del Bronce 3

Los Guerreros del Bronce:
Hace 4.000 años, en concreto hacia el 1.800 antes de Nuestra Era, poblaciones provenientes del sureste andaluz (altiplano de Granada y Levante Almeriense), lo que se ha venido en llamar Cultura del Argar, se instalan en los piedemonte serranos. Su principal objetivo era la identificación de filones de cobre y la extracción del metal, tan necesario para esta cultura de la Edad del Bronce Medio.

Tras una primera fase de adaptación a la geografía local, llegan a un perfecto control del territorio mediante la creación de una serie de poblados diferenciados social, económica y funcionalmente, que les permiten la total vertebración de su ámbito. Su patrón de asentamiento se establece en amplias mesetas sobre cerros escarpados, teniendo la vega del río Rumblar a sus pies. La ubicación de estos poblados principales, Peñalosa, La Verónica y el Cerro de la Obra, responde a ejercer el máximo control sobre los sistemas de extracción, transformación y comercialización del metal, habiendo otros, de menores dimensiones, tributarios de los primeros.

Los metalotectos de los que extraían los minerales de cobre, apenas eran surcos o pequeñas galerías a cielo abierto, trabajadas siguiendo las vetas de esos filones metalíferos que, según las últimas investigaciones, se localizan en las proximidades de los poblados como la de Contraminas–El Polígono, frente al castillo de Baños, José Palacios, en Doña Eva, frente al poblado de Peñalosa, en la otra margen del río, o la de Siete Piedras, al oeste del cerro del Navamorquín.

El control del territorio se ejercía mediante la implantación de fortines, situados en lugares estratégicos, normalmente en altozanos con buena visibilidad desde los que vigilar los pasos desde el valle a la sierra. El fortín de Migaldías, excavado y restaurado, es un buen ejemplo para ser visitado en durante el trayecto de este sendero.

_______________________________

Hace muchísimo tiempo, antes de que los cuetuscos llegaran a estas tierras y lo plantasen todo de su árbol sagrado, el olivo, habitaba aquí un pueblo, algo diferente a nosotros, que como otros pueblos más allá de donde el río Ferrumblar se pierde en el horizonte -Almería, Murcia y norte de Granada-, lo que más les gustaba era buscar piedras azules y verdes para fabricar herramientas de metal que decían que eran más fuertes y duraderas que las hechas con piedra de sílex. Al principio casi no le hacían caso a las buenas tierras que ofrecían abundantes cosechas de verduras, legumbres y cereal, ni al agua que las hacía crecer.

Poco a poco fueron construyendo sus poblados cerca de las vegas del Ferrumblar y cultivando cerca también del río. Algunos de estos hombres, que decían que se iban de caza, lo que en realidad querían era adentrarse por los bosques al otro lado del río para seguir buscando rocas verdes y azules. Aunque no engañaron a las gentes del Bosque del Bronce, éstos les dejaron establecerse. Les llamaban Ferrumblaruscos, y a su pueblo Ferrumblar.

Al principio unos y otros se llevaban bien, pero tal era su deseo de controlar todos los sitios en donde había esas piedras, que pronto empezaron a pelearse y a quedarse con todas esas tierras para abrir grandes agujeros y sacarlas. Estaban tan obsesionados que trasladaron su poblado a la zona más alta del Bosque del Bronce, rodeándolo de murallas con bastiones y torres que los defendieran de los otros pueblos; se armaron también hasta los dientes: cuchillos, espadas, hachas y lanzas de bronce.


Peñalosa:
Los poblados de la Edad del Bronce de mayor importancia, asomados sobre espolones naturales a los ríos Rumblar y Grande, superaron la hectárea de extensión. Se trata de poblados en terrazas artificiales sobre las laderas de los cerros, adaptados al terreno. Por lo general eligen cerros escarpados con importantes defensas naturales y una única zona con facilidad de acceso que es la que refuerzan mediante una línea amurallada reforzada con torres y bastiones. El urbanismo muestra una serie de casas alineadas, de forma rectangular u ovalada, sobre cada terraza, con intrincadas calles, algunas pavimentadas, que sirven a su vez como acceso a las diferentes terrazas. Estas casas, realizadas con un zócalo de pizarra y techumbre plana de enrejado vegetal -encina y cañizo- y cubierta de lajas también de pizarra, estaban enlucidas con barro.

La parte superior del poblado, una auténtica acrópolis doblemente reforzada por sendas líneas de muralla paralelas, estaba habitada por las élites que eran los que en definitiva controlaban la producción y distribución del metal. Los datos arqueológicos muestran una jerarquización social marcadamente acusada sobre todo en la tipología y número de los elementos depositados como ajuar en las sepulturas y en las patologías observadas en los inhumados. Hasta el momento se han documentado dos puertas de acceso al poblado, al norte y sur respectivamente, reforzadas mediante bastiones laterales que son una verdadera trampa “conejera” para intrusos.

Por último cabe resaltar la presencia, dentro de la línea amurallada, de una cisterna de grandes dimensiones que abastecía agua tanto para uso domestico como para las diferentes fases del proceso de producción metalúrgica.

________________________


Las gentes del Ferrumblar levantaban sus poblados en lo alto de los cerros, y rodeados de murallas, para controlar a todos los que se acercaran y para que sus enemigos no pudieran atacarles. Pero como también necesitaban agua, siempre se instalaban cerca de algún río. Para construir las casas y las calles hacían grandes escalones sobre las laderas del cerro, como en Peñalosa.

Las casas, construidas con muros de piedra negra, la roca sagrada de los mazacotuscos, y con techos planos de ramas, tapados con piedras también planas, se revestían de barro rojizo al igual que los suelos. Como eran poblados dedicados fundamentalmente a fundir metal de cobre para que no les faltase el agua construyeron grandes cisternas que no solo les servía para el uso diario sino también para apagar los posibles incendios que se produjeran.
En la parte más alta del poblado vivía el jefe en el interior de una enorme torre que nadie sabía lo que contenía. Algunos viejos pastores, que desde las alturas oteaban el movimiento de estas gentes, afirman que allí almacenaban el trigo y las armas fundidas con las piedras verdes y azules. Pero nadie lo sabe bien ya que quien se atreve a pasar por su estrecha puerta, ésta lo atrapa llevándolo hasta los infiernos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario