martes, 18 de julio de 2017

Ermita de Santa Olalla

En el esquinazo norte del pueblo se erigían los hormazos mal pergeñados de la ermita de Santa Olalla, otrora elevada sobre el llano del Calvario Viejo, donde el Camino de San Lorenzo y el Cordel merino de Guarromán vienen a darse la mano y prosiguen como uno sólo hacia la villa vieja. Hay aún quien afirma que en su génesis y día fue torreón vigía, cuya función era, junto con la ermita de Santo Domingo, mediar entre la torre vieja del Santuario de la Virgen de la Encina y el mismo castillo. Con la desamortización del primer tercio, perdió capellanías y santero, derramó sus piedras por la cuerda y acabó en nada. Se dice que la imagen de la mártir emeritense tiene altar y devoción en casa de postín y que sus piedras buenas han acabado enderezando las esquinas de las casuchas y corralizas del entorno, mientras que los peores mampuestos y los ripios preñaron a la vera de la ruina una ancha era de pan trillar.

El Jacaero conocía bien el lugar por donde anduvo la ermita, pues no en vano vivió muchos años a su sombra y bajo la encomienda de su tío el Pelusa. El paraje, conocido con razón como Buenos Aires, ocupaba el punto de mayor altura del entorno siendo a juicio del Bermejillo la mejor posición para levantar un molino de viento al uso manchego. Y así, con decisión firme, se elevó con no pocos imprevistos y muchos dineros, pues la iglesia para la cosa de especular, aunque sea con escombros, es aventajada y sagaz. Y se erigió después el artilugio como si de una torre fuerte se tratara, con anchos muros, piedra arenisca de las canteras locales y tres pisos: el primero para bestias y carga, el segundo como almacén y el postrero, que era de adobes de barro colorao del Santo Cristo y mucho ventanuco para oler los vientos, para las faenas propias de la molienda. La industria hecha con madera fue comprada en la conquense Mota del Cuervo, que allí tienen mucha experiencia en como aparejar estos avíos; las enormes piedras, de granito gris y siguiendo los patrones de los empiedros y rulos utilizados en las caserías y almazaras, fueron obra de canteros y picapedreros del pueblo pedrocheño de Alcaracejos,que andaban más puestos en estos saberes.

No siendo suficiente razón tratar con el viento, andaban también indagando sobre molinos viejos o batanes, ya fuera en la Junta de los Ríos, a la sombra de Cerro Molinos y junto a la Picoza, en el río Grande; o ya fuera en el curso medio del Rumblar, por debajo de donde vierte aguas el arroyo de la Boquituerta. Así que, con estas componendas, decidieron visitar el segundo que decían andaba en ruinas más o menos decentes de enmendar.



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