viernes, 1 de mayo de 2026

Anotaciones sobre el origen del nombre del castillo de Baños de la Encina

1.- La abundancia hídrica, ¿realidad o ficción?

Contrariamente a lo que pueda parecer, enclavado en las estribaciones meridionales del macizo de la Sierra Morena de Jaén, el nombre del pueblo de Baños de la Encina no tiene su origen en la existencia de alguna therma o alhama renombrada e identificada, tampoco en la abundancia hídrica de su entorno o en la presencia de aguas mineromedicinales con propiedades terapéuticas reconocidas. Ninguna de esas situaciones se da ni se ha verificado documental o históricamente. En realidad, gran parte del conjunto histórico está horadado por un rosario de pozos particulares que, sin total certeza por su carácter privado, podría superar la cincuentena. A esa cantidad, se suma un número menor de pozos y alcubillas públicos que están repartidos por el frente sur del pueblo, de levante a poniente —véase Nuevo, Vilches, de la Serna, de la Vega y Charcones—, y al norte de la aldea vieja en localizaciones dispersas —Luzonas, del Cotanillo, Alcubilla y Pocico Ciego—. En todos los casos, estos veneros ofrecen agua salobre nada apta para el consumo humano como suministro potable. Por el contrario, en el pasado, algunos de ellos fueron excepcionales para la elaboración de pan.

Sin embargo, las aguas que manan de diferentes localizaciones de la periferia urbana, todas ellas en el piedemonte serrano, son de muy distinta calidad. Así ocurre con el pozo de Huerto Lucero o los manantiales de La Pizarrilla, el Pilar de la Virgen o la fuente del Barranco del Pilar. En una situación muy similar se encuentran las distintas fuentes históricas localizadas en el barranco de Valdeloshuertos —Cayetana, Socavón, Pacheca y Salsipuedes—, que son de las que tradicionalmente se suministró de agua potable la población de Baños. Pero, en todos los casos, son fuentes menores que apenas llegaban a asegurar el abastecimiento del conjunto de la vecindad. Así nos lo venía a confirmar el ingeniero Dupuy de Lôme (1924), mediante un estudio realizado en la década de los años veinte del pasado siglo[1].

Imagen que contiene exterior, edificio, roca, pasto

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Lámina 1. Pozo de la Vega (arriba) y fuente de la Cayetana (abajo).

Por otra parte, es una realidad que la fosa de La Campiñuela, la llanura que se derrama entre el la falla de Baños y la cuenca del río Guadiel, contiene un enorme acuífero, un reservorio hídrico del que sólo se ha podido extraer agua recientemente y mediante complejas técnicas de extracción, que la obtienen, quizá abusivamente, a más de cien metros de profundidad (sondeo y bombeo). Algo similar ocurre con la cuña de terreno que, de levante a poniente, barre la falda del pueblo y flanquea el exiguo e intermitente cauce del arroyo de los Huertos. Aunque hoy no pueda parecerlo, el lugar se corresponde con una antigua zona de inundación cíclica que acoge en su seno un buen número de zanjas (acequias) y zonas de encharcamiento, cuyo apelativo certifica un tiempo pasado como humedal fosilizado: Cantalasrranas, Renacuajares, Escarchales, Charcones y Valdeloshuertos. Geografía, por cierto, donde se contabiliza el mayor número de antiguas norias de la localidad. Con todo, hoy languidecen agotadas por una sequía crónica. De entre más de una veintena, es necesario significar algunas de ellas, las presentes en las huertas de Penecho, Zambrana, Fausto, Matigüelas, Antero y del Morito.

Imagen que contiene pasto, exterior, edificio, oveja

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Lámina 2. Pozo de noria del Morito (izquierda) y abrevadero del pozo de la Vega (derecha).

Un castillo rodeado de árboles

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Lámina 3. Noria de Antero (arriba) y noria de la huerta Zambrana (abajo).

Realmente, nos encontramos con un territorio donde las lluvias son escasas y, cuando llegan, tienen carácter torrencial, un entorno con escasos reservorios hídricos donde los pobladores han tenido que ingeniárselas históricamente para construir una amplia diversidad de ingenios e infraestructuras que les permitieran obtener, domeñar y almacenar el agua que necesitaban para producir alimentos, transformar las materias primas y sobrevivir (CANTARERO RODRÍGUEZ y CANTARERO QUESADA, 2020). Como ya nos avanza Araque Jiménez et alter (2005): ‘El agua, en un territorio sin regulación cárstica o nival que atenúe las fuertes oscilaciones estacionales mediterráneas, ha sido tradicionalmente uno de los recursos más apreciados por agricultores y ganaderos. Estos colectivos, desde luego, se aplicaron con tesón y esfuerzo para desarrollar mecanismos que resultaron efectivos en el intento de control de su carrera natural hacia el mar. No sorprende, por ello, ni la cantidad ni variedad de infraestructuras que todavía hoy se conservan: pozos, aljibes, alcubillas, albercas, abrevaderos y, de forma más reciente, balsas, pantanetas y grandes embalses, los cuales forman un conjunto espectacular que da buena muestra de cuanto decimos’.

Pese a todos estos argumentos, como por cierto ya nos adelantaba Dupuy de Lôme en su estudio, desde la vertiente cuantitativa el volumen de aguas de los veneros bañuscos es insignificante si se compara con fuentes y manantiales de la vecindad provincial, como es el caso de Sierra Mágina. Así es, en esta comarca cada pueblo se ha erigido sobre la generosidad de hontanales de enorme fecundidad. Valga como ejemplo los manantiales de la Fuenmayor y del Nacimiento del río Cuadros, en Torres y Bedmar respectivamente. O más cercanos a estos pagos bañuscos, en La Loma, las arcas de agua que han suministrado el abastecimiento potable de las ciudades históricas de Úbeda y Baeza o del reputado balneario de san Andrés, en Canena. Aún más próximos a nuestra localización, tenemos los veneros del barranco de Valdeazores, La Cerecilla y La Aliseda, este último soporte de un famoso balneario decimonónico y todos ellos en territorio del parque natural de Despeñaperros. Una comparativa crítica pone en cuestión la posible bondad hídrica del entorno bañusco y la existencia de un razonamiento hídrico que justifique el apelativo inmemorial del pueblo y su castillo.

2.- Los castillos edificados con la técnica en piedra seca: un referente histórico

Efectivamente, así es, no hay indicios sólidos de que el nombre del castillo, y por ende del pueblo, deriven de la presencia de un importante conjunto termal más allá de la existencia testimonial de algún pequeño balnea puntual, sencillo y familiar, como son los casos de las villae de la Virgen de la Encina (CHOCLÁN SABINA Y PÉREZ BAREA, 1988; MOYA GARCÍA, 1991) y Santa Amalia. Por el contrario, con los datos que se tienen, el apelativo de ‘baños’ podría derivar de la evolución fonética y errónea interpretación semántica de una voz árabe. Veamos. Con la toma de Toledo (1085), el frente de combate avanza y la frontera de Sierra Morena comienza a constituirse como una realidad más cercana. Castilla, en su primer contacto con el lugar, debió escuchar, y también asimilar, el nombre árabe con que era conocida la fortaleza del cerro del Cueto que, por entonces (siglo XII), se elevaba en el altozano que después sería germen histórico del núcleo urbano actual de Baños de la Encina reutilizando la ruina de antiguas fortificaciones históricas. Lejos de parecerse a las murallas que en la actualidad ostenta la fortaleza, su fisonomía evocaría la de otros castillos similares localizados en el entorno del desfiladero de Despeñaperros y puerto del Muradal. En uso durante el periodo emiral, estos fortines serranos, construidos mediante la técnica de la piedra seca y carácter ciclópeo, se cimentaban en estructuras murarias pretéritas originadas en las culturas del Bronce y reutilizadas durante el periodo ibérico: Castellón de las Sacerdotisas y castillos de la Niebla, Malaventura y Collado de los Jardines (CANTARERO QUESADA et alter, 2025). Con toda probabilidad, el castillo o fortín que recortaba el horizonte del Cueto hasta el siglo XII se sustentaba en la reutilización de las murallas erigidas durante el amplio periodo que va desde la Edad del Bronce al dominio romano (santuario funerario). Las diversas excavaciones arqueológicas realizadas en el interior de la fortaleza, también en las inmediaciones del castillo, han puesto de manifiesto la riqueza histórico-cultural del lugar y certifican que la presencia humana ha sido prácticamente constante, aunque con pequeñas interrupciones temporales, desde una etapa tardía de la Edad del Cobre hasta la edificación de las murallas actuales del castillo en las postrimerías del siglo XII. Valga como testimonio de esta afirmación el poblado argárico del Cueto, su pequeña torrus ibérica, el santuario romano, posiblemente relacionado con la ‘centuriación’ de la campiñuela, o los testimonios defensivos y funerarios de carácter emiral presentes en el Cueto (ARBOLEDAS et alter, 2014) que tras las excavaciones arqueológicas han quedado a la vista. En conjunto, la suma de todas estas estructuras ha dado forma a los diferentes horizontes históricos que han configurado el complejo que hoy es el castillo de Baños de la Encina.

Edificio de piedra

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Lámina 4.- Interior del castillo de Baños durante las excavaciones arqueológicas (2007). Autor: Sebastián Moya García.

Vista de una roca

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Lámina 5. Lienzo occidental del castillo de Malaventura (Despeñaperros).

En cierto modo, el fortín prealmohade del Cueto recordaría el aspecto que hoy presenta el castillo de Malaventura, un recinto defensivo adaptado a la fisonomía del terreno y cerrado mediante murallas formadas con sillares ciclópeos. En su interior alberga un patio o corral rodeado de diferentes y sencillos cobertizos para viviendas y estables, también llamados ranchos (CERVANTES SAAVEDRA, 1615)[2]. Si el apelativo del castillo de Baños hubiera derivado de la presencia de unos baños o termas, como ha venido defendiendo la historiografía clásica, hubiera sido uno más de los pueblos y ciudades que, bajo el apelativo de Alhamas o Alhamillas, salpican la geografía del sur peninsular. Pero no es el caso: ‘Los topónimos transmitidos por los reconquistadores cristianos casi nunca eran traducciones de topónimos árabes sino la castellanización de voces árabes, que a su vez podían ser palabras propiamente árabes o bien la arabización de topónimos preislámicos’ (TORRES JIMÉNEZ, 2003: 327).

Imagen que contiene roca, montaña, árbol, parado

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Lámina 6. Croquis distribución interior del castillo de Malaventura (LÓPEZ CORDERO et alter, 2025).

3.- Los orígenes fonéticos del apelativo: ḥiṣn Baniya

Por el contrario, con la información que hoy disponemos —y con el apoyo y buen criterio de la Doctora y amiga Ana Sánchez Medina[3] y Juan José Villar Lijarcio, amigo y natural de Bailén[4]—, esa voz, con la que debieron identificar almorávides y almohades el fortín que precedió al castillo actual y lugar de Baños, podría identificarse con ‘baniya’ o ‘bania’. La voz, cuya génesis está en el árabe clásico, en castellano vendría a traducirse literalmente como los fundamentos de una construcción, digamos las paredes de un edificio o corralón sin ningún tipo de cubierta. Lo que en arquitectura se entiende por ‘construcción en alberca’. El término, que por contacto con la soldadesca venida del norte evolucionó a ‘banio’ y, posteriormente, a ‘baño’, fue asumido por la lengua castellana, que lo conserva en su acepción 10 con esta otra interpretación: ‘Especie de corral grande o patio con aposentos o chozas alrededor, en el cual los moros tenían encerrados a los cautivos’ (DRAE). Por otra parte, como se puede comprobar, el vocablo tuvo una amplia difusión por todo el Mediterráneo. Así lo pone de manifiesto las referencias a los ‘baños’ de Argel, entendidos como presidio, tan popularizados por la comedia cervantina (Los Baños de Argel), aunque no fueron los únicos, también hay alusiones documentales a los de Trípoli, Túnez o Constantinopla (PÉREZ CASTRILLO, 2011). En este mismo sentido, más cercano en el tiempo y debido a la presencia gala en tierras africanas, el término, bajo la expresión ‘le bagne’, fue adoptado por los franceses para designar una colonia penal. Recuérdese ‘le Bagne de Toulon’, prisión que se popularizó por ser el lugar de encarcelamiento del ficticio Jean Valjean, el héroe de Los Miserables.

Los castellanos afincados al norte del frente de conquista, con Sierra Morena de por medio, iban realizando incursiones recurrentes en el tiempo con el fin de desbaratar el dominio andalusí del valle del Guadalquivir. Es el caso, a modo de ejemplo, de la conquista de Almería y por ende de Jaén, que llevó a buen término Alfonso VII en 1147. Por tanto, durante una larga etapa de contacto, el periodo que el macizo mariánico contó con el estatus de frontera, esta gente debió escuchar repetidamente esta voz, la de baniya, identificándolo con la existencia de un fuerte rudimentario, muy similar al de Malaventura, levantado sobre el cerro del Cueto. Las hordas ‘reconquistadoras’, a fuerza de pronunciarla con imprecisiones, provocarían la evolución del sonido y la distorsión semántica de la siguiente manera: Baniya > Banio > Bannos (en ciertas ocasiones Vannos) > y, finalmente, Baños con la consolidación de la virgulilla; de igual forma que lo haría su gentilicio bani-osco > bañusco, donde ‘bani’ es la raíz, árabe, y ‘osco’ la desinencia que indica procedencia, un gentilicio cuyo génesis se origina en el castellano más primitivo.

La primera interpretación semántica errónea de la que tenemos constancia, al menos mediante documento escrito, se recoge en el conocido popularmente como ‘Poema latino de Almería’, cuyo título cierto es Cantar de la conquista de Almería por Alfonso VII (1147). En unas estrofas se citan localizaciones de un marco geográfico inequívoco, el norte y centro de la actual provincia de Jaén, y en el verso 294 relata ‘Redditur et Bannos, castellum nobile quoddam’[5]. Como podemos apreciar, en una referencia irrefutable de la fortaleza bañusca, ya parece inducirse que el apelativo del castillo del Cueto podría tener su causa en la existencia de unos baños o termas. Sólo unos años después, profundizando definitivamente en el error y dando por sentado que el origen del nombre está en unas termas y no en la presencia de un presidio, mediante privilegio rodado expedido en Andújar el 8 de junio de 1155 —Facta carta in Anduger XIIII Kalendas Iuli Era I. C. LXXXXIII—, el rey citado más arriba, Alfonso VII, manifiesta ‘…otorgó a Abdelaziz de Baeza la aldea de Balneum (Baños), situada entre las de Folena y Bosogra, y más tarde le concedió también la aldea de Bailén, y la de Segral (Los Escuderos) con su castillo sobre el Guadalimar (Giribaile)’ (TORRES JIMÉNEZ, 2005: 35). Posteriormente, el arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada (1243), en su crónica De rebus Hispaniae o Historia Gothica (JIMÉNEZ DE RADA, 1989), relata, entre otros hechos, la batalla de las Navas de Tolosa y la inmediata conquista del territorio:

“Exinde procedentes quidam ex nostris castrum de Bilche fortissimum obsederunt. Nos vero die tertia post bellum, quarta scilicet feria venientes cepimus castrum Bilche, nec non et alia tria scilicet, Ferral, et Balnea, et Tolosam, quae usque hodie per Dei gratiam a fidelibus incoluntur”[6].

En el documento, redactado en latín, el castillo del Cueto vuelve a ser mencionado mediante el nominativo plural “Balnea”, es decir, Baños, consolidando en adelante la mala interpretación del origen del apelativo del castillo y lugar de Baños. Lo que realmente tuvo su génesis en un fuerte desvencijado, quizá un puesto de avanzada o un presidio de frontera, refugio de personas y bestias en lo más inhóspito de Sierra Morena, pasó a tenerlo en unas baños o termas que nunca existieron.

Como es de lógico entendimiento, en los siglos siguientes se fue acentuando el error semántico para aparecer citado de manera persistente con el apelativo Bannos. A modo de ejemplo, un escrito emitido en julio de 1411 por Benedicto XIII de Aviñón (RUIZ DE LOIZAGA, 2015: 408). Redactado en la diócesis de Tortosa, mediante el mismo se concede indulgencias a cuantos arrepentidos y confesados visiten anualmente la ermita-iglesia de Santa María, en Baños de la Encina (Jaén), devastada por los infieles sarracenos, con el fin de que contribuyan de alguna manera a su reparación (Reg. Aven. 337, fols. 264v-265r).

“…Cum itaque, sicut accepimus ruralis seu heremitica ecclesia beate Marie dell Enzina de Bannos, Gienensis diocesis, propter incursus infidelium sarracenorum destructa et devastata existit, nos cupientes ut ecclesia ipsa congruis honoribus frequentetur, et ut christifideles eo libentius causa devotionis confluant ad eandem seu reparationem ipsius…”[7].

4.- Conclusiones

¿Cabe la posibilidad de que la fortaleza primitiva de Baños, el edificio que precedió a las murallas que actualmente se levantan en el cerro del Cueto, se articulara como un presidio o fortín de apoyo al viajero, aislado y localizado en las estribaciones meridionales de Sierra Morena, en la retaguardia del frente de combate y protegido de las algaradas del norte tras la frontera natural de Sierra Morena? La afirmación es posible en su totalidad. Pero, con la victoria almohade en la batalla de Alarcos (1195), y pese a ella, se pone de relieve que la situación geomilitar en Sierra Morena, su seguridad, ya no es la misma de un siglo atrás: que la vanguardia castellana supere la barrera del macizo mariánico y campeé por la campiña andaluza es un hecho inminente y previsible, como muy pronto avanzaría la toma del castillo de Salvatierra por las huestes calatravas (1198), al norte del macizo serrano. Con estos argumentos, el califa Abu Yúsuf Yaacub al-Mansur, vencedor de Alarcos, ideó una magnífica estrategia militar, aunque el tiempo confirmaría que no fue suficiente, por la que creó una malla defensiva, a modo de capas superpuestas y comunicadas entre sí, integrada por castillos mayores (ḥiṣn) y torres menores (búrǧ) ampliamente repartidos por toda la geografía serrana (GUTIÉRREZ CALDERÓN, 2021). Fue el caso de las fortificaciones de Castro Ferral, Navas, Torre Albert, Burgalimar, Vilches, Giribaile, Linares, San Eufemia, Montizón, Ero, de la Estrella… y el propio de Baños o ḥiṣn Baniya, situado en la retaguardia, a la solana meridional de Sierra Morena.

Vista de una montaña

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Lámina 7. Emplazamiento del castillo de Burgalimar en el Castellón de las Tres Hermanas (El Centenillo) y cerramiento oriental.

Una montaña de roca

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Lámina 8. Muro suroccidental y torre del castillo de Burgalimar.

En un buen número, los fortines y castillos ya existían y sólo hubo que llevar a buen término una simple remodelación o ampliación. En otros casos, reutilizando el lugar, pero no las construcciones anteriores, se elevan de nueva planta castillos mediante la utilización de unas maneras de edificar novedosas. Promovidas por el califato almohade, se abandona la fábrica de sillería de tradición califal y se asume como aparejo oficial la tabilla o tapia de cal en sus diferentes versiones. Así ocurre con el fortín o presidio bañusco, que en las postrimerías del siglo XII y sin respetar las murallas existentes, se edifica de nuevas desde los cimientos siguiendo las pautas marcadas por el califato. En un análisis detallado de sus características arquitectónicas así se testimonia, pero también lo han certificado las muestras analizadas de C14 obtenidas de las agujas aún presentes en los mechinales del encofrado de torres y paños (MOYA GARCÍA, 2009). Su cronología, que oscila entre 1.120 y 1.230 d.C., junto con la situación geomilitar que sucedió a la batalla de Alarcos y las particularidades de sus murallas (AZUAR Y FERREIRA, 2014: 403), nos permite considerar almohade la fundación de los paños y torres del castillo que hoy se eleva sobre las riscas del cerro del Cueto.

Imagen en blanco y negro de un edificio

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Lámina 9. Castillo de Baños de la Encina (1969). Fuente: Ministerio de Información y Turismo, Archivo General de Simancas.

Por tanto, aquel fortín o presidio desvencijado, cimentado sobre las ruinas de las culturas anteriores, paso a convertirse en un centro neurálgico del nuevo andamiaje defensivo de Sierra Morena. Por las nuevas circunstancias geomilitares, mudó de ser un simple baniya aislado en la aspereza serrana a ḥiṣn Baniya, un castillo de notable envergadura que tenía bajo su control buena parte de las vías de comunicación que atravesaban el macizo mariánico, ya penetraran estas por los caminos identificados hoy como de El Hoyo, San Lorenzo o de La Plata (Burgalimar), del Puerto del Rey, el Muradal (Castro Ferral) y Camino de Olavide. La evolución fonética y el error semántico, que llevarían a interpretar el origen de su nombre en la existencia de unos baños o termas, es una historia de siglos que llevó a debates estériles durante el XX y gran parte del XXI, y a identificar erróneamente el castillo de Baños con Bûrǧ al-Hammam y Burgalimar. En realidad, la verdad iba por otro camino: Definitivamente, el castillo del Cueto, que es el de Baños, nada tiene que ver con Burgalimar, la ‘torre bermeja’ situada a tiro de piedra del poblado de El Centenillo y en el paraje de las Tres Hermanas, y su apelativo deriva de la voz ‘baniya’, que apelaba a un fortín o presidio bereber erigido sobre la ruina de las culturas precedentes y levantado en las estribaciones meridionales de Sierra Morena.

Un castillo en la calle

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Lámina 10. Castillo de Baños o ‘Hisn Baniia’, escalinata de subida al santuario romano.

5.- Bibliografía

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ARBOLEDAS MARTÍNEZ, L., ROMÁN PUNZÓN, J.M., PADILLA FERNÁNDEZ, J.J. y MOYA GARCÍA, S. (2014): “Poblamiento ibérico y romano en Sierra Morena Oriental: el castillo de Burgalimar (Baños de la Encina, Jaén)”. Zephyrus, LXXIII. Pág. 171-193.

ARCHIVO MUNICIPAL DE BAÑOS DE LA ENCINA (1981): “Abastecimiento de aguas potables en Baños de la Encina (Jaén). Anteproyecto”. Libro de feria y fiestas de Baños de la Encina. Pág. 10-12.

AZUAR RUIZ, R. y FERREIRA FERNANDES, I.C. (2014): “La fortificación del califato almohade, Las Navas de Tolosa (1212-2012)”. Miradas cruzadas. Pág. 395-420.

CANTARERO RODRÍGUEZ, J.F. y CANTARERO QUESADA, J.M. (2020): “Los senderos temáticos, una herramienta para poner en valor turístico la cultura del agua en Sierra Morena. El caso de Baños de la Encina, Jaén”. VIII Congreso virtual sobre historia de las vías de comunicación. Pág. 31-72.

CANTARERO QUESADA, J.M., LÓPEZ CORDERO, J.A., JIMÉNEZ RABASCO, F. y GONZÁLEZ CANO, J. (2025): “Los pasos históricos de Despeñaperros y el Muradal: arquitectura defensiva realizada en piedra seca”. Revista Castillos de Andalucía, 4.

CERVANTES SAAVEDRA, M. de (1615): Los Baños de Argel.

CHOCLÁN SABINA, C. y PÉREZ BAREA, C. (1988): “Prospección con sondeos estratigráficos en ermita de la Virgen de la Encina, Baños de la Encina, Jaén”. Anuario Arqueológico de Andalucía, tomo III Actividades de urgencia. Pág. 148-156.

GUTIÉRREZ CALDERÓN, M.V. (2021): Análisis arqueológico de la organización espacial del concejo de Baeza durante la Edad Media. Universidad de Jaén.

HUGO, V (1862): Les misérables. A. Lacroix, Verboeckhoven & Ce.

JIMÉNEZ DE RADA, R. (1989): Historia de los hechos de España. Alianza Editorial, Madrid. Introducción, traducción, notas e índices de Juan Fernández Valverde.

LÓPEZ CORDERO J.A., JIMÉNEZ RABASCO, F., CANTARERO QUESADA, J.M. y GONZÁLEZ CANO, J. (2025): ‘Arquitectura defensiva realizada en piedra seca en el Parque Natural de Despeñaperros. Argentaria, vol. 29. Pág. 1-12.

MOYA GARCÍA, S. (1991): “Actuación arqueológica en el yacimiento de la ermita de la virgen de la Encina, Baños de la Encina, Jaén”. Anuario Arqueológico de Andalucía, tomo III Actividades de urgencia. Pág. 251-257.

MOYA GARCÍA, SEBASTIÁN R. (2009): “Actuación arqueológica puntual en el castillo de Burgalimar de Baños de la Encina (Jaén), 2007-2009 (borrador)”. Anuario Arqueológico de Andalucía. Sevilla.

PÉREZ CASTRILLO, R. (2011): “Cautivos españoles evadidos de Constantinopla en el siglo XVI”. Anaquel de estudios árabes, Vol. 22. Pág. 265-278.

RUIZ DE LOIZAGA, S. (2015): “Documentos vaticanos referentes a la diócesis de Jaén en la baja edad media (siglo XV)”. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 212. Pág. 399-424.

TORRES JIMÉNEZ, J. C. (2003): “Orígenes del Bandolerismo serreño. Su incidencia en la despoblación secular de Sierra Morena (1282-1598)”. El Bandolerismo en Andalucía, Actas de las Sextas Jornadas. Lucena. Pág. 315-358.


[1] ‘… A pesar de tener Baños de la Encina unos 3.200 habitantes y debido a su riqueza olivarera varias fábricas de aceite que consumen un caudal importante de agua no tiene abastecimiento de agua propiamente dicho. Unas casas se surten de pozos situados dentro de la población a pesar de ser estos de malas condiciones higiénicas y otros vecinos van a buscar el agua a fuentecillas situadas fuera del pueblo, algunas a bastante distancia, y todas de caudal muy corto sobre todo en la época de estiaje'.

[2] ‘…Gente viene de tropel; / en el rancho nos entremos, / adonde a solas podremos / ver lo que el billete dice’.

[3] Profesora de la Escuela Oficial de Idiomas Axarquía, Vélez-Málaga.

[4] Archivero, Licenciado en Historia.

[5] ‘Ríndase asimismo Baños, fortaleza famosa’.

[6] ‘Nosotros, llegando al tercer día después de la batalla, es decir, el miércoles, tomamos el castillo de Vilches y además otros tres, a saber, Ferral, Baños y Tolosa, que hasta el día de hoy los habitan los fieles por la gracia de Dios, y allí nos detuvimos un día’. Traducción de Juan Fernández Valverde. Alianza Editorial, 1989.

[7] ‘… Puesto que, como hemos sabido, la iglesia rural o ermita de la Beata María de la Encina de Baños, en la diócesis de Jaén, ha sido destruida y devastada por las incursiones de los sarracenos infieles, deseamos que la iglesia sea frecuentada con los honores debidos, y que los fieles cristianos acudan a ella con devoción para que su restauración sea lo más pronto posible…’.


martes, 21 de abril de 2026

Romance de la Cueva de la Mona

En la plaza, recepción:

—Que sean buenas tardes. ¡Cuánta gente de bien vivir veo por aquí! ¿Ha ocurrido alguna desgracia? —Pregunta Policarpia al público—. Aquí no trabaja ni el Tato, —le dice en voz baja el más cercano.

—Que yo sepa, ni hoy es día de boda ni de entierro, —se persigna la Policarpia.

—Ah, ya sé. ¿No estaréis esperando a una que iba a llevar a los forasteros a ver la cueva de la Mona? Pues se ha escapado con el cura, —dice la Policarpia a carcajadas.

—Bueno, yo soy la Policarpia, la Polica pa los amigos, ¿sabéis? Que aquí estamos en confianza.

—Jajajajaja. Ayyyy que criaturicas. La cueva no es fácil de ver, eh, no se encuentra así como así. Yo voy para allá, a por tierra amarilla, que es de lo mejor para dejar las sartenes bien limpicas. No para las mías, que están que chillan, para las de mi nuera, que es poco guarrilla, ¿saben? —dice la Polica bajando la voz y haciendo un guiño—. A ver si les da un fregao, que falta les hacen —murmura entre dientes.

—Podéis veniros conmigo y así me echáis una mano, ¡qué una está baldá! Los años y la vida. ¡El Polico era mala gente! —¿Saben?

 

A la altura de la OJE:

            —Cucha, ¿sabéis que era este edificio? —Pregunta la Polica indicando los arcos. Espera respuesta (sería conveniente que llevara algún tipo de garrota o bastón).

            —Pues esto era el matadero viejo, ¡vamos!, la casucha de matanza. Se contaba que aquí, todos los años, se mataban más de 800 chivos, pero yo creo que la mitad eran gatos y ratas —dice con asco—.

 

A la altura de la Sindical:

—Se detiene de manera brusca y, con el bastón en alto, indica la puerta de la Sindical—. Sabéis que aquí, cuando yo era cría y con la feria, ponían una noria enana. Fijaros si era chica que la metían por la puerta de la Sindical, aunque antes esto fue Casa del Pueblo. Bueno, pues esta calle, la que sale a la derecha, no existía, esto era un barranco y una escombrera. ¡Vamos, un basurero!

—Echando a andar por la calle del Pilarejo—. Por debajo, en lo que ahora es carretera, sólo había una vereílla, pero la agrandaron y lo nombraron Camino Ancho. ¡¡Gente con cabeza!! También hicieron este muro y echaron la senda por arriba. ¡Ahora da gusto ir a por tierra amarilla para quitarle la tizne a las sartenes! ¡¡Ayyyy!!, cuánto ha llovido desde entonces

 

Camino de gravilla:

—¡No he andao veces este camino! Por aquí sembraba mi padre los garbanzos y las habas. ¡Mecachis!, tos los años nos las robaban.

—Avanzando el camino—. Mirad que cosas, a esto lo llaman arquitectura en piedra seca. Un bardal, digo yo. Eso sí, bien asentao, sin mortero ni cemento. Esto era obra de manos sabías y mucha paciencia, no como el mal bicho que me robaba las habas.

—¿Sabéis?, estas piedras hablan, cuentan historias de trabajo de sol a sol, de sudores, mucha penuria y miseria. ¡Ay, si yo hubiera cogido a la de las habas! —Con el bastón en alto.

            —Mirad, ¿veis eso que parecen escalones? Son bancales, se levantaban para sujetar la tierra y que el agua no se la llevara con las tormentas. ¡Vamos, se las iba a llevar otra vez, le corto las manos! Volviendo a los bancales, que me pierdo, los garbanzos eran duros como piedras, pero al menos calentaban el estómago.

—Cucha, ahora me viene a la memoria mi comadre, Juana, la Recorta. La pobre, que era muy chiquitica. ¡No le daban miedo las tormentas ni ná!, se pasaba las noches enteras en vela, reza que te reza. Dios la tenga en su gloria. Aunque no sé, era un mal bicho, ¿no sería ella quien me quitaba las habas?

 

A la altura del primer hueco en los setos (se ve la cueva del Grajo).

—Al hilo de las tormentas, ¿veis aquel camino? Llevaba a las fuentes del pueblo, de donde antes se bebía el agua, que en el pueblo no había ni una gota. Eran cuatro, la de la Cayetana, Socavón, la Pacheca y Salsipuedes. Se iba con burros y con el cántaro en la cintura. ¡Ay, que yo la tengo para perderla!

Bueno, ¿veis un huequecico por debajo del camino? Esa es la cueva del Grajo. Ahí se protegían los chiquillos, los que llevaban a pastar cuatro cabras, en días de tormenta. Ahí, to encogiicos, pa perder la vida con una mala chispa.

            —Oye, ¿tú sabes que son los chorchos? —pregunta con ironía al más cercano

(Espera a que haya respuesta o no)

            —Pues de eso también sembraba mi padre. Es el altramuz, una legumbre, como los garbanzos y las habas.

 

Junto al cartel bueno de las Dos Hermanas

—Bueno, pues ya casi estamos. No era pa tanto el viaje, ¿verdad? Aunque to el mundo la llama la cueva de la Mona, su verdadero nombre es de la Niña Bonita. ¡Si es que no hay na más que enteraos y la mitad son tontos!

—En verdad se trata de una cata minera, una mina, que perteneció al marido de Agustina, un hombre de muchos cuartos y pocas luces que babeaba a la primera palabra de su señora. La verdad es que la tipa es guapa, guapa. Eso es cierto. Con cuatro zalamerías lo convenció pa darle trabajo a los hermanos, que no es que sean vagos, no, son lo siguiente.

—Son muy daos a destripar chumbos, porque terrones bien poquitos.

—¡Ayyy, los hermanos! Que casi me pillan dándole a la sin hueso. Míralos, to tiraos. Seguro que medio borrachuzos —le dice al más cercano al oído—. Estos muy dados a la sombra y al vino, que al pico y la pala ná —reafirma como en un murmullo.

            —Al poco de casarse, Agustina enviudó y tuvo que ponerse al frente de los negocios del marido. Entre ellos esta ruina de mina. —En voz baja—, yo creo que están encontrando monedicas de los moros y lo callan. Por eso siguen cavando.

 

En la cueva de la Mona

            —Ea, pues ya estamos aquí. Miren, ahí tienen al orgullo de la familia.

(aparecen los hermanos recostados en la pared, holgazaneando)

—Ya está aquí esta petarda, yo creo que nos vigila. ¿Polica, dónde vas con esa gente? ¿A sacarles los cuartos?  —Le responde con desgana el primer hermano.

            —¡Anda, sacamuelas! Yo voy con ellos por darles compañía y un poco de conversación.

            —Hermano, ¡qué jartura de tía! No hay día que no nos joda la siesta —le comenta con desgana el hermano 2 al primero.

            —El hermano 1 se levanta y se dirige al grupo— ¿No querrán entrar a la mina? Por una perra chica les pico el billete y vamos para adentro.

—¿Ustedes saben que sacamos de aquí? Bueno, lo de sacar es un decir, que no sacamos ná ¿Pero saben qué extraemos? —Deja de hablar un momento y espera respuesta.

            —Galena argentífera, mucho de plomo y un poquito de plata. Mucho de ná y ningún parné, eso es lo que sacamos. Venga, ¿vamos unos pocos para adentro?, —pregunta el hermano 1.

            —A tiempo están de quedarse aquí, al solecico, que ahí sólo hay mosquitos y murciélagos. Con lo agustico que se está aquí, ¿verdad Polica? —Recomienda el hermano 2.

(Aparece Agustina)

—Bien agusticoooo que estáis, ¿no? —Vocea con genio Agustina

(Se levanta el hermano 2 y se pone firme el 1, cambian el talante y se ponen sumisos)

—¿Saben cuándo está agustico una servidora?, —pregunta la hermana dirigiéndose a los viajeros— Cuando estos vagos sacan una buena piedra de mineral y se ganan el jornal, que yo sí les pago a diario: 7 peseticas, ¡Ay, me llevan a la ruina! No hacen otra cosa que críar sombra y barriga.

—Hermano 1 afligido— Hermana, estábamos tratando con estas buenas gentes. Por unas perricas les íbamos a enseñar la mina. Por supuesto, los cuartos serían para ti.

            —Agustina los mira irritados y con pena— Vagos y mastuerzos, vaya tropa que trajo mi madre al mundo.

—Respira hondo y con porte elegante se dirige al grupo— Disculpen ustedes, me llamo Agustina, propietaria de la mina y hermana de estos verracos. Algunos piensan que una mujer sola no puede hacer nada, que cuando el marido muere todo se acaba. Yo perdí al mío, sí, pero no perdí la cabeza. Ni la voluntad ni la mina. Y aquí ando, sacándola adelante pese a tener dos hermanos inútiles. Lo cierto es que tengo otra mina, junto al río Grande, que va bien. ¡Si no fuera por aquella!

—Y ahora, que ya conocen mi historia y lustre, quiero que entren y la vean con sus ojos, de primera mano. Mis hermanos les mostraran el camino, uno por delante y otro por detrás, ellos conocen cada veta y los secretos que guarda. También saben de vino y baraja. ¡Mecachís!, lo único que desconocen son las ganas de trabajar —dice con pena.

—Se dirige a sus hermanos en tono serio y tajante— Id por delante y recordad, sois los guías, pero aquí la que manda soy yo. Que nadie se confunda.

 

En el interior de la cueva

(Entra un primer grupo y Agustina se lleva a la otra mitad a donde está el baldosín bueno de las Dos Hermanas, a contarle la historia, muy breve. Después lo hará con el otro grupo).

            —Nada más entrar, el hermano 1, que va por delante, da las instrucciones necesarias para el recorrido—. Vamos a entrar de uno en uno, en fila india, con el candilico encendido y con cuidado de no tropezar con nada. —Veréis que en todo el trayecto domina la pizarra y también hay pequeñas vetas de cuarzo. ¡Su madre lo duras que están!

            —Sin detenerse en el trayecto, al fondo hace una parada y se dirige al grupo—. Se cuentan muchas leyendas de esta gruta, que si fue lazareto para leprosos, que es un túnel que hicieron los moros para guardar sus tesoros y escapar en caso de asedio, que si comunica con las Salas Galiarda, que es un castillo romano, pasando por debajo del río… ¡¡todo chismes, ni una perrilla ha aparecido! El agujero lo hemos abierto mi hermano y yo a pico, pala y barrenando. Y no hemos encontrado nada, —afirma con pena.

—Ahora, cuando los primeros del grupo vean lo que les voy a enseñar, vamos pasando de uno a uno y lo ve el resto. Si os fijáis bien, en las paredes veréis la huella que dejaron los barrenos, una especie de taladro gigante. Queda como un hueco en forma de tubo pequeño partido por la mitad. Aquí nada de dinamita, ¡¡todo a pulmón, cof, cof!!

(Regresan sobre las mismas, haciendo el hermano 2 alguna broma sobre la presencia de murciélagos y fantasmas).

(Una vez todos fuera, los dos grupos, se reanuda la marcha).

Al pasar junto a la fuente de la cueva de la Mona, la Polica mete baza—, echen unos reales a la fuente, que dicen que da muy buena suerte. ¡Echen unas peseticas y pidan un deseo gordo! Baila cantarina alrededor de la gente.

 

Llegando a la tierra amarilla

—En fin..., ¡¡vaya día llevamos!! —dice la anciana sacudiéndose el delantal— No me distraigan más, que yo venía a por tierra amarilla y se me va a echar la noche encima. Ya verás, vuelvo de vacío.

—¡¡Leches, la tía quejica!!, Polica, ahí tienes tierra, reluce como el sol —le dice el hermano 1.

—La anciana se adelanta con entusiasmo, pero de pronto se para en seco— Pero y esto, maldita sea mi estampa ¿Quién ha enchironao la tierra? ¿Esta valla?  —Maldice la vieja.

—Jajajajaja. Polica, esto antes no pasaba. Pues te han jodido la tarde. Bajemos un poco más, creo que he visto algo más abajo.

—Un momento, un momento, que esta gente de fuera querrá saber por dónde andamos. A ver, los forasteros, ¿que os recuerda esto? —muestra un fósil marino y espera respuesta del grupo.

—Pues igual que estos, pero diminutos, los tenemos entre esta tierra, que realmente es una arenisca. Son crustáceos y microorganismos que fosilizaron entre los limos de un fondo marino.

—¿Mariiiiiinos? —se ríe la Polica—. Vaya tía chismosa esta Agustina. Restos son, pues claaaaaro, pero de alguna paella que se han zampao tus hermanos.

            —Que no, que no. Que todo este valle, hace unos 8 millones de años, era un brazo de mar, el mar de Thetis, —explica dirigiéndose al grupo.

—Jajajaja — se ríe la Polica a carcajadas.

            —Verás y como acaban de los pelos —dicen los dos hermanos a la vez.

—Sí señora, no se ría usted tanto, estos pequeños seres, sus caparazones, estaban formados con carbonato cálcico y se transformaron en calizas diminutas. Alguna cal para encalar portales se ha sacado de los fósiles mayores, que por aquí escasea.

            —¿Ustedes se lo creen? ¿Se imaginan los pececicos por nadando por aquí? Glu, glu, glu. Jajajaja, ¡¡vaya chismosa!!

            —Anda Polica, aquí tienes la tierra. Tira, tira, que la vais a liar —le dice el hermano 1.

—Que alegría, verás que contenta se va a poner mi nuera —dice socarrona mientras se agacha y mete un poco de tierra en su cubo.

            —Continúa el Paseo. De pronto, la anciana se adelanta y exclama con mucha alegría—. ¡Madre del amor hermoso, qué preciosidad! Bien verde y fuerte que está —dice dirigiéndose a unas matas de romero.

            —Ni que hubiera encontrado un tesoro, o un novio. ¡¡A su edad!! —Ríen a carcajadas los dos hermanos.

            —Mucho mejor, ¿ustedes saben, el romero es buen remedio para las rodillas?

            —¿Para tus rodillas? —le pregunta el hermano 1.

—Sí, sí. Romero, aguardiente y a macerar al sol, que así lo hacía mi madre. Luego, por la noche, unas buenas friegas y me levanto con 20 años menos.

 —Yo creo que se lo mete entre pecho y espalda de un buen lingotazo —dice Agustina, muy estirada.

—¿Alguien más tiene artrosis? Que he visto por ahí rodillas que parecían cebollas —se dirige al grupo con una mirada intensa.

            —El romero aguanta el mucho sol, el suelo de piedra y el frío, crece donde nada puede crecer, como la mala hierba. Vamos, como la Polica. Y ahora, que ya tienes la tierra para las sartenes y el romero para tus lingotazos, digo, para las rodillas, ¿podemos seguir con el paseo? Hoy se nos hace de noche —sentencia Agustina.

 

En camino al Pozo de la Vega

(Agustina se adelanta con paso firme hasta alcanzar el muro de pizarra que antecede a la Casa Vilches y queda a la izquierda)

Polica, mira, otro bardal de los que a ti te gustan. Este es muy bonito, de pizarra, y está bien firme. Y esa chimenea, ¿de qué es? —pregunta Agustina.

—¡¡Mira, no me digas que no lo sabes!! Es la chimenea de la Casa Vilches, un antiguo molino de aceite. ¡¡Ay, pues no he sisao yo aceite de aquí!! Eran unos despistaos —le responde la Polica.

—Venga, venga, vamos pa delante que no llegamos al pueblo. Mira, ya está ahí el Pozo de la Vega, enfrente nuestra —refunfuña el hermano.

(Siguen caminando hasta alcanzarlo).

—Veis como ahí está el pozo, no os íbamos a engañar —complementa la Polica.

—Eso, eso, hermana, que luego dicen que no contamos na más que cuentos.

—En realidad, este sitio era es un cruce de caminos muy importante. Por aquí pasaba el Camino que bajaba de la corte —explica Agustina.

—Sí, sí. Aquí el brocal con su babero de piedra, aquí una pileta y un pilón bien puestecicos. Bueno, bien puestecicos, la pileta la han hecho polvo. No hay más que gentucilla destructora.

—Por allí, el camino Cascarrillo, por ahí, el camino Linares o de las Viñas, y, por aquí…, pues por donde hemos venío. Venga, venga, que nos florean la tapa y, como nos descuidemos, también la cerveza —grita el hermano.

—¡Ayyyy, que vida tenía este pozo! —solloza la Polica recordando otros tiempos. En estos pilones bebían las bestias.

—En este circular de granito, las de labor, cabras y cerdos en la pileta rectangular de arenisca. ¿Veis las marcas de desgaste? Esto no es ni de la lluvia ni del viento. Siempre se ha dicho que era de afilar hachas y hocinos, pero no, la piedra de granito no afila. Lo han hecho los años y los hocicos de las bestias, aunque es posible que alguna navaja se afilara en la pileta de arenisca —añade Agustina.

—Na, que no hoy no ceno —lloriquea el hermano.

—Bueno, mañana más. ¡¡Pues no que me he quedado con gana de más charla!!

—Venga, venga…, que verás como no nos dejan ni un roalillo en la barra del bar pa echar una cerveza.

SALUDO AL PÚBICO Y THE END


Fotografías: Ayuntamiento de Baños de la Encina