¡¡¡Buenos tiempos!!!,
sábado, 4 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
Desde el otero
Hubo un tiempo, hace ya muchos años, que fui todo un hacha jugando al futbolín, pero como se jugaba en Baños, sin pasar la pelota entre los delanteros.
Por aquellos años era buen amigo de Joselito, el del “francés”. Allí, en el salón grande de su bar, que ha sido de todo, por entonces finado salón de baile, nos juntábamos algunos más, entre ellos Mario, mi tocayo José María, sobrino de la familia del estanco que vivía por entonces en Vallecas, y Javi, también foráneo que veraneaba al principio de la calle Mestanza.
Como decía, por aquellos años era muy bueno jugando al futbolín, pero un “matao” para el billar. Creo que aprendí mucho de Joselito que era verdaderamente bueno en este ocioso menester. También por aquellos años, según mejoraba en el juego, fui haciéndome a la estrategia de no aflojar, de no soltar amarras, de no comentar, de callarme hasta el final por muy bien que me fuera. Vamos, es lo que hoy llaman los futboleros y deportistas en general como no perder la concentración. Así, aunque no siempre, fui capaz de llegar a ganarle, como algo cotidiano, al “ruper”, de mi época, uno de los mejores del futbolín de “Ramoní”. Y también le gané a Joselito, aunque fuera en contadas veces, eso sí, en el futbolín viejo, el bueno.
Luego, cuando me fui a Jaén a estudiar llegue a formar una pareja invencible con mi buen amigo José María, “el torreño”, hijo del propietario de los autobuses de línea de Torres a Jaén. Yo en la defensa, machacando a porretazos, y él delante con una precisión tremenda. Fuimos ganadores del campeonato oficioso del Colegio Universitario, digo oficioso porque se nos retiraron todos antes de llegar a la final. Al hilo, hace relativamente poco tiempo, tuve un encuentro inoportuno con una pareja de entonces (de juego) que ofendida me decía que tenían que jugar con nosotros con casco de motorista en la cabeza.
Desde esos gastados años creo que la prudencia me ha ido acompañando en todas las facetas de la vida, no sonrío hasta que por fin, en lo que estoy, he llegado a buen puerto. Así me ha ocurrido con el desarrollo de la película del Capitán Trueno, hemos ido trabajando de manera callada, sin pausa, pero cuando ayer vi las fotografías de José María Valle donde un falso musulmán asomaba por encima de una almena de nuestro castillo, sonreí y me lo creí.
Por aquellos años era buen amigo de Joselito, el del “francés”. Allí, en el salón grande de su bar, que ha sido de todo, por entonces finado salón de baile, nos juntábamos algunos más, entre ellos Mario, mi tocayo José María, sobrino de la familia del estanco que vivía por entonces en Vallecas, y Javi, también foráneo que veraneaba al principio de la calle Mestanza.
Como decía, por aquellos años era muy bueno jugando al futbolín, pero un “matao” para el billar. Creo que aprendí mucho de Joselito que era verdaderamente bueno en este ocioso menester. También por aquellos años, según mejoraba en el juego, fui haciéndome a la estrategia de no aflojar, de no soltar amarras, de no comentar, de callarme hasta el final por muy bien que me fuera. Vamos, es lo que hoy llaman los futboleros y deportistas en general como no perder la concentración. Así, aunque no siempre, fui capaz de llegar a ganarle, como algo cotidiano, al “ruper”, de mi época, uno de los mejores del futbolín de “Ramoní”. Y también le gané a Joselito, aunque fuera en contadas veces, eso sí, en el futbolín viejo, el bueno.
Luego, cuando me fui a Jaén a estudiar llegue a formar una pareja invencible con mi buen amigo José María, “el torreño”, hijo del propietario de los autobuses de línea de Torres a Jaén. Yo en la defensa, machacando a porretazos, y él delante con una precisión tremenda. Fuimos ganadores del campeonato oficioso del Colegio Universitario, digo oficioso porque se nos retiraron todos antes de llegar a la final. Al hilo, hace relativamente poco tiempo, tuve un encuentro inoportuno con una pareja de entonces (de juego) que ofendida me decía que tenían que jugar con nosotros con casco de motorista en la cabeza.
Desde esos gastados años creo que la prudencia me ha ido acompañando en todas las facetas de la vida, no sonrío hasta que por fin, en lo que estoy, he llegado a buen puerto. Así me ha ocurrido con el desarrollo de la película del Capitán Trueno, hemos ido trabajando de manera callada, sin pausa, pero cuando ayer vi las fotografías de José María Valle donde un falso musulmán asomaba por encima de una almena de nuestro castillo, sonreí y me lo creí.
Fotografía: www.bdelaencina.com
La vida en papel: secando las tejas
En la fotografía José Díaz Fernández trabajando en el tejar, en este caso poniendo a secar las tejas; el molde toda una pasada. La foto está fechada a 21 de mayo de 1960 y realizada por el taller de “Niño Pepe”, de la calle Alfarerías 3, de Bailén.
La foto me ha llegado por mediación de Lore Rodríguez, pues este señor fue cuñado de su madre.
La foto me ha llegado por mediación de Lore Rodríguez, pues este señor fue cuñado de su madre.Textos para el folleto del Sendero del Bronce 1
La semana que viene recibimos los paneles que aportarán información e intepretación del Sendero del Bronce (Dehesa Santo Cristo), pero ya estamos preparando los textos que irán en el nuevo folleto de mano de este interesante sendero. Os dejo la introducción que acompañara al mapa/croquis del recorrido.
Corría el año de 1246 cuando el rey santo Fernando III de Castilla, tras reorganizar el concejo de la realenga ciudad de Baeza, hizo una serie de concesiones a su aldea de Bannos (Baños de la Encina). Entre estos privilegios está la concesión de un término privativo para usufructo de los vecinos sin obligación de pagar a cambio impuesto alguno a las arcas del concejo de Baeza; este terreno es el denominado en los textos del momento como defessa de Navamorquina. Para algunos cronistas este hecho tenía como causa que este rey hubiera nacido años atrás en el propio castillo de Baños (tomado y vuelto a perder en los años finales del siglo XII). Argumentos de mayor constatación histórica nos dicen que esta concesión forma parte de una estrategia del monarca cuyo objetivo era evitar el despoblamiento de unas tierras ásperas y poco fértiles, recién conquistadas, pero a la sazón control y defensa de los pasos de Sierra Morena entre la llanura manchega y la vega del Guadalquivir.
Posteriormente, este término privativo fue segregado en cuatro dehesas de las que la más cercana al núcleo urbano es la denominada del Llano. Una parcela que ronda las quinientas hectáreas y que cubre una estrecha franja de terreno entre el núcleo urbano de Baños de la Encina y los ríos Grande y Rumblar, alargándose hacia el nordeste hasta la altura del santuario de la Virgen de la Encina. Alejada del núcleo de la finca matriz, más al noroeste, y muy cercana al pueblo, casi tocando los ruedos de éste, fue perdiendo su uso como pastadero de invierno de oveja merina trashumante, ganándole terreno el ganado local: cabras, mulos y burros, colmenas y ganado porcino. Una sobreexplotación local excesiva (debido a la proximidad) llevó a la dehesa a una situación de quasi ruina ambiental. La reforestación llevada a cabo durante la década de los cincuenta del siglo XX, principalmente con coníferas, palio en parte la situación, pero, sesenta años después, el carácter alóctono de algunas de las especies introducidas (eucalipto rojo) está causando pérdidas de suelo irreparables y un agotamiento parcial de la mayoría de los veneros de agua tan presentes en la zona. Pese a ello la encina y su cohorte van muy despacio colonizando su viejo territorio haciendo que la primavera embriague de calor y olor este pellejo serrano: cantueso, romero, mejorana, jara pringosa, jaguarzo, jara estepa, retama, …
Tras la Desamortización Civil de Madoz (1885) y la subasta pública de los bienes del Común del concejo de Baños, los vecinos, acostumbrados a roturar las tierras serranas, sólo encontraron cobijo en los barrancos que desde el pueblo se dejan caer a la cuenca del Rumblar (Dehesa de Santo Cristo). Abancalaron los barrancos, detuvieron el agua y consiguieron que tierras muy ásperas les dieran de comer creando pequeños vergeles entre lomas peladas de cantueso y retama. Fue toda una revolución popular en las postrimerías del siglo XIX que, refrendado por dos decretos redactados por la Excma. Diputación Provincial, permitió la legal propiedad de los vecinos.
Por último, esta zona, antes que se construyera el embalse del Rumblar o de la Cerrada de la Lóbrega, fue nudo importante de las comunicaciones entre Baños y el sur manchego, como atestiguan los referentes culturales comunes (no en vano Baños de la Encina posee el único molino de viento de tipología manchega en Andalucía -siglo XVIII-). Caminos como el del Hoyo o de Los Llanos, San Lorenzo y la Cayetana surcan la dehesa salpicados de fuentes y pozos, y hasta casi se obtiene durante la Dictadura de Primo de Rivera la construcción de dos pasarelas metálicas que salvaran el paso de los ríos Rumblar y Grande. Cayeron irremediablemente en el olvido.
Al día de hoy, la dehesa del Santo Cristo se va constituyendo en un pulmón natural de gran calidad, inmediato al pueblo, con una carga histórica, arqueológica y etnográfica sobresaliente.
Corría el año de 1246 cuando el rey santo Fernando III de Castilla, tras reorganizar el concejo de la realenga ciudad de Baeza, hizo una serie de concesiones a su aldea de Bannos (Baños de la Encina). Entre estos privilegios está la concesión de un término privativo para usufructo de los vecinos sin obligación de pagar a cambio impuesto alguno a las arcas del concejo de Baeza; este terreno es el denominado en los textos del momento como defessa de Navamorquina. Para algunos cronistas este hecho tenía como causa que este rey hubiera nacido años atrás en el propio castillo de Baños (tomado y vuelto a perder en los años finales del siglo XII). Argumentos de mayor constatación histórica nos dicen que esta concesión forma parte de una estrategia del monarca cuyo objetivo era evitar el despoblamiento de unas tierras ásperas y poco fértiles, recién conquistadas, pero a la sazón control y defensa de los pasos de Sierra Morena entre la llanura manchega y la vega del Guadalquivir.
Posteriormente, este término privativo fue segregado en cuatro dehesas de las que la más cercana al núcleo urbano es la denominada del Llano. Una parcela que ronda las quinientas hectáreas y que cubre una estrecha franja de terreno entre el núcleo urbano de Baños de la Encina y los ríos Grande y Rumblar, alargándose hacia el nordeste hasta la altura del santuario de la Virgen de la Encina. Alejada del núcleo de la finca matriz, más al noroeste, y muy cercana al pueblo, casi tocando los ruedos de éste, fue perdiendo su uso como pastadero de invierno de oveja merina trashumante, ganándole terreno el ganado local: cabras, mulos y burros, colmenas y ganado porcino. Una sobreexplotación local excesiva (debido a la proximidad) llevó a la dehesa a una situación de quasi ruina ambiental. La reforestación llevada a cabo durante la década de los cincuenta del siglo XX, principalmente con coníferas, palio en parte la situación, pero, sesenta años después, el carácter alóctono de algunas de las especies introducidas (eucalipto rojo) está causando pérdidas de suelo irreparables y un agotamiento parcial de la mayoría de los veneros de agua tan presentes en la zona. Pese a ello la encina y su cohorte van muy despacio colonizando su viejo territorio haciendo que la primavera embriague de calor y olor este pellejo serrano: cantueso, romero, mejorana, jara pringosa, jaguarzo, jara estepa, retama, …
Tras la Desamortización Civil de Madoz (1885) y la subasta pública de los bienes del Común del concejo de Baños, los vecinos, acostumbrados a roturar las tierras serranas, sólo encontraron cobijo en los barrancos que desde el pueblo se dejan caer a la cuenca del Rumblar (Dehesa de Santo Cristo). Abancalaron los barrancos, detuvieron el agua y consiguieron que tierras muy ásperas les dieran de comer creando pequeños vergeles entre lomas peladas de cantueso y retama. Fue toda una revolución popular en las postrimerías del siglo XIX que, refrendado por dos decretos redactados por la Excma. Diputación Provincial, permitió la legal propiedad de los vecinos.
Por último, esta zona, antes que se construyera el embalse del Rumblar o de la Cerrada de la Lóbrega, fue nudo importante de las comunicaciones entre Baños y el sur manchego, como atestiguan los referentes culturales comunes (no en vano Baños de la Encina posee el único molino de viento de tipología manchega en Andalucía -siglo XVIII-). Caminos como el del Hoyo o de Los Llanos, San Lorenzo y la Cayetana surcan la dehesa salpicados de fuentes y pozos, y hasta casi se obtiene durante la Dictadura de Primo de Rivera la construcción de dos pasarelas metálicas que salvaran el paso de los ríos Rumblar y Grande. Cayeron irremediablemente en el olvido.
Al día de hoy, la dehesa del Santo Cristo se va constituyendo en un pulmón natural de gran calidad, inmediato al pueblo, con una carga histórica, arqueológica y etnográfica sobresaliente.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
La rafa del Polígono
Ahora que se plantea la posibilidad de realizar unas catas, o posiblemente un levantamiento, o quizá los dos, de un yacimiento arqueológico tan interesante, y por otra parte tan desdeñado, desconocido y cercano a nuestro pueblo, como es la rafa del Polígono-Contraminas, he creido interesante recuperar lo que el buen amigo Luís Arboledas decía sobre el mismo en su tesis doctoral "Minería y metalurgia romana en el Alto Guadalquivir: aproximación desde las fuentes y el registro arqueológico":
Localización
Esta gran rafa de casi un kilómetro de longitud se encuentra a escasos 500 metros al Sudoeste de la población de Baños de la Encina, entre los depósitos de agua y la carretera comarcal JV-5041, que pasa por encima del extremo sudoeste de la mina.
Ésta se encuadra entre los siguientes puntos de coordenadas UTM: extremo SW, x =431529 y = 4224000 y extremo NE, x = 432107 y = 4224789, dentro de la Hoja 905 (19-36) (Linares) del Mapa del Servicio Geográfico del Ejército a escala 1:50.000, 905 (1-1) (Baños-Villanueva de la Reina-Guarromán) y 884 (1-4) 1: 10.000 (Baños de la Encina) del Mapa Topográfico de Andalucía a escala 1:10.000 (Fig. 139 y 140).
Acceso
A esta mina se accede desde la localidad de Baños de la Encina por la carretera comarcal JV-5041, que une a esta población con Los Escoriales, tras recorrer 2.300 metros. También se puede llegar a pie bajando por la falda SW del cerro donde se levanta el castillo de Baños de la Encina.
Descripción
La rafa de la Mina El Polígono o Contraminas se abre a lo largo de más de un kilómetro, con una dirección SW-NE, en un terreno formado por las pizarras del Culm y parcialmente cubierto por los asperones triásicos (Fig. 139, 140, 141 y 142). La mineralización de cobre ocupaba los niveles superficiales, mientras que en profundidad se encontraba la de plomo. En los desmontes o escombreras se observa una gran concentración de minerales de cobre, fundamentalmente, malaquita y azurita, y se han hallado varios mallei de ranura central para el enmangüe (Domergue, 1987: 264) (Fig.142).
La fisonomía de la antigua explotación a cielo abierto de época romana no se parece en nada con la que debió de tener en su momento debido a la continua explotación a la que ha sido sometida, concretamente hasta los años sesenta del pasado siglo XX, de donde se extraería plomo a cierta profundidad, y su utilización como vertedero municipal. Los restos de galerías (Est. 7), de escombreras (dentro de la misma rafa) y de pozos (Est. 8) son testimonio de este último periodo de laboreo que sufrió esta mina (Fig. 140). En unos de los pozos aún se conserva la cabria o castillete empleada para la extracción del mineral y acceso de los mineros.
A escasos metros de la rafa minera se constata la existencia de trabajos de cantería para explotar el asperón triásico aflorante de color rojizo (Est. 5). La piedra de esta cantera se ha empleado hasta hace pocos años en la construcción de los edificios de Baños de la Encina.
También, posiblemente, de esta cantera fuera la piedra en la que se talló la estela sepulcral infantil de Q. Artulus o Q(v)artulus (Pastor et al. 1981), la cual fue hallada en el entorno de este lugar, donde se debería situar la necrópolis junto a una vía romana. Minería y Metalurgia romana en el Alto Guadalquivir. 396
Por la cronología de la estela, s. I y II d.C., podría estar relacionada con varios asentamientos rurales o villas de época romana, Alto y Bajo Imperial, de Las Mendozas I (J-BE-39), Contraminas (J-BE-44), Cerrillo Pico I y II (J-BE-45 y 46), La Lisarda (JBE-47) y Renacuajar (J-BE-48) (ver anexo nº 3) (Lizcano, et. al., 1990; Casado, 2001: 183-185), situadas en las cercanías, al Sureste, de la mina y entorno al camino de Baños a Andújar.
En las zonas aledañas a la explotación moderna se ha documentado la presencia de posibles restos de minería prehistórica, calicatas asociadas a pequeñas escombreras con elevada concentración de malaquita y azurita (Est. 9 y 10) (Fig. 143). De entre las escombreras se pudo recuperar una hoja de silex de filiación cultural claramente calcolítica (Fig. 144), por lo que pensamos en la posibilidad de que se trata de una mina de la Edad del Cobre ya que además se encuentra situada estratégicamente entre dos yacimientos calcolíticos, el Cerro del Tambor (J-BE-49) y el Castillo de Baños (J-BE-9) (ver anexo nº 3) (Contreras et al., 2004; 2005a).
Ambas estaciones (Est. 9 y 10) presentan fuertes concentraciones de malaquita y azurita. Hay presencia de estibina y vetas de cuarzo cristalino altamente compactas.
Estas vetas se desarrollan sobre pizarras que se hallan altamente fracturadas generando bloques de 2 a 20 cm. de diámetro (Contreras et al., 2004: 27; 2005).
Material arqueológico
Además del hallazgo de la estela sepulcral infantil, en esta mina se ha documentado una hoja de silex, un martillo minero con ranura central para el enmangüe40 (Fig 144 y 145) y, como señalábamos anteriormente, gran cantidad de mineral de cobre en las escombreras. Ante la abundancia de mineral cuprífero se decidió recoger varias muestras de mineral por cada estación para futuros análisis. En este caso, después de una selección previa de las mismas, se determinó realizarles un análisis de Isotopos de Plomo junto a otras muestras de minerales, escorias y objetos metálicos procedentes del cercano yacimiento argárico de Peñalosa (Contreras, 2000) y de la mina de José Martín Palacios (Baños de la Encina), con el fin de determinar la posible procedencia del mineral transformado en este poblado argárico (Hunt, 2006)41.
Fases cronológico-culturales
Los elementos documentados y analizados procedentes de esta mina señalan que ésta fue explotada en varios momentos, asociados a diferentes métodos de extracción:
Un primer periodo de explotación se produciría durante la Edad del Cobre, a través de la realización de pequeñas calicatas (Est. 9 y 10) con las que se beneficiaría los minerales ricos en cobre presentes en las zonas superficiales del filón. Esta cronología la proporciona el resto de hoja de silex hallado en una de las escombreras de estas labores mineras y su vinculación a dos yacimientos calcolíticos próximos (J-BE-9 y J-BE-49).
Los resultados de los análisis de Isótopos de Plomo realizados apoyan la existencia de una segunda fase de explotación durante la Edad del Bronce, ya que han determinado la consistencia entre los diferentes grupos de muestras recogidas de Peñalosa (básicamente de la Habitación VI) con los de esta mina y la de José Martín Palacios, dos de las minas del entorno que abastecerían de mineral este yacimiento minero-metalúrgico de la cuenca del Rumblar. Aunque este análisis no nos confirma de manera absoluta que una parte del mineral tratado en este yacimiento procediera de dicha mina, ya que la única certeza absoluta que se consigue con este método es la negativa, el saber que de cierta zona no viene el mineral (Hunt, 2006; Arboledas, 2006; Arboledas, en prensa).
Un tercer momento, y el primero de mayor explotación, se produciría en época romana republicana (s. II y I a.C) donde este filón se explotaría a través de una rafa o explotación a cielo abierto de más de un kilómetro. A este periodo podríamos asociar los martillos mineros de piedra documentados en los desmontes, aunque, a pesar de las tipologías que se han realizado (García Romero, 2002), sabemos que éste, no es un elemento material definitivo para adscribir esta mina este periodo. Sin embargo, vinculado a la explotación de la rafa en este periodo romano republicano, hallamos junto al extremo SW de la misma, dos asentamientos (Las Mendozas II (J-BE-40) y Marquesas (J-BE-43) donde vivirían los mineros y en los que se documenta, fundamentalmente, cerámica romana republicana de transporte y almacenaje (ánforas Dressel 1 y de tradición indígena) (Casado, 2001) y común de tradición ibérica (Lámina V y VI).
Además, debemos señalar la posibilidad de la existencia de otro momento en época Alto Imperial vinculado a las anteriormente mencionadas villas romanas, alto y bajo imperiales, emplazadas en la zona de vega pero muy cercanas a la mina42 y a la estela sepulcral infantil. Probablemente, éstas se dedicarían tanto a la actividad minera y agrícola de la rica llanura.
Otro hecho a destacar es la inexistencia de fundiciones en el entorno de esta explotación minera de gran envergadura. El último periodo, y segundo de mayor desarrollo del laboreo de esta mina, sería ya en el s. XX, y estaría vinculado a la explotación del plomo.
Tipo de yacimiento:Mina romana a cielo abierto.
Localización
Esta gran rafa de casi un kilómetro de longitud se encuentra a escasos 500 metros al Sudoeste de la población de Baños de la Encina, entre los depósitos de agua y la carretera comarcal JV-5041, que pasa por encima del extremo sudoeste de la mina.
Ésta se encuadra entre los siguientes puntos de coordenadas UTM: extremo SW, x =431529 y = 4224000 y extremo NE, x = 432107 y = 4224789, dentro de la Hoja 905 (19-36) (Linares) del Mapa del Servicio Geográfico del Ejército a escala 1:50.000, 905 (1-1) (Baños-Villanueva de la Reina-Guarromán) y 884 (1-4) 1: 10.000 (Baños de la Encina) del Mapa Topográfico de Andalucía a escala 1:10.000 (Fig. 139 y 140).
Acceso
A esta mina se accede desde la localidad de Baños de la Encina por la carretera comarcal JV-5041, que une a esta población con Los Escoriales, tras recorrer 2.300 metros. También se puede llegar a pie bajando por la falda SW del cerro donde se levanta el castillo de Baños de la Encina.
Descripción
La rafa de la Mina El Polígono o Contraminas se abre a lo largo de más de un kilómetro, con una dirección SW-NE, en un terreno formado por las pizarras del Culm y parcialmente cubierto por los asperones triásicos (Fig. 139, 140, 141 y 142). La mineralización de cobre ocupaba los niveles superficiales, mientras que en profundidad se encontraba la de plomo. En los desmontes o escombreras se observa una gran concentración de minerales de cobre, fundamentalmente, malaquita y azurita, y se han hallado varios mallei de ranura central para el enmangüe (Domergue, 1987: 264) (Fig.142).
La fisonomía de la antigua explotación a cielo abierto de época romana no se parece en nada con la que debió de tener en su momento debido a la continua explotación a la que ha sido sometida, concretamente hasta los años sesenta del pasado siglo XX, de donde se extraería plomo a cierta profundidad, y su utilización como vertedero municipal. Los restos de galerías (Est. 7), de escombreras (dentro de la misma rafa) y de pozos (Est. 8) son testimonio de este último periodo de laboreo que sufrió esta mina (Fig. 140). En unos de los pozos aún se conserva la cabria o castillete empleada para la extracción del mineral y acceso de los mineros.
A escasos metros de la rafa minera se constata la existencia de trabajos de cantería para explotar el asperón triásico aflorante de color rojizo (Est. 5). La piedra de esta cantera se ha empleado hasta hace pocos años en la construcción de los edificios de Baños de la Encina.
También, posiblemente, de esta cantera fuera la piedra en la que se talló la estela sepulcral infantil de Q. Artulus o Q(v)artulus (Pastor et al. 1981), la cual fue hallada en el entorno de este lugar, donde se debería situar la necrópolis junto a una vía romana. Minería y Metalurgia romana en el Alto Guadalquivir. 396
Por la cronología de la estela, s. I y II d.C., podría estar relacionada con varios asentamientos rurales o villas de época romana, Alto y Bajo Imperial, de Las Mendozas I (J-BE-39), Contraminas (J-BE-44), Cerrillo Pico I y II (J-BE-45 y 46), La Lisarda (JBE-47) y Renacuajar (J-BE-48) (ver anexo nº 3) (Lizcano, et. al., 1990; Casado, 2001: 183-185), situadas en las cercanías, al Sureste, de la mina y entorno al camino de Baños a Andújar.
En las zonas aledañas a la explotación moderna se ha documentado la presencia de posibles restos de minería prehistórica, calicatas asociadas a pequeñas escombreras con elevada concentración de malaquita y azurita (Est. 9 y 10) (Fig. 143). De entre las escombreras se pudo recuperar una hoja de silex de filiación cultural claramente calcolítica (Fig. 144), por lo que pensamos en la posibilidad de que se trata de una mina de la Edad del Cobre ya que además se encuentra situada estratégicamente entre dos yacimientos calcolíticos, el Cerro del Tambor (J-BE-49) y el Castillo de Baños (J-BE-9) (ver anexo nº 3) (Contreras et al., 2004; 2005a).
Ambas estaciones (Est. 9 y 10) presentan fuertes concentraciones de malaquita y azurita. Hay presencia de estibina y vetas de cuarzo cristalino altamente compactas.
Estas vetas se desarrollan sobre pizarras que se hallan altamente fracturadas generando bloques de 2 a 20 cm. de diámetro (Contreras et al., 2004: 27; 2005).
Material arqueológico
Además del hallazgo de la estela sepulcral infantil, en esta mina se ha documentado una hoja de silex, un martillo minero con ranura central para el enmangüe40 (Fig 144 y 145) y, como señalábamos anteriormente, gran cantidad de mineral de cobre en las escombreras. Ante la abundancia de mineral cuprífero se decidió recoger varias muestras de mineral por cada estación para futuros análisis. En este caso, después de una selección previa de las mismas, se determinó realizarles un análisis de Isotopos de Plomo junto a otras muestras de minerales, escorias y objetos metálicos procedentes del cercano yacimiento argárico de Peñalosa (Contreras, 2000) y de la mina de José Martín Palacios (Baños de la Encina), con el fin de determinar la posible procedencia del mineral transformado en este poblado argárico (Hunt, 2006)41.
Fases cronológico-culturales
Los elementos documentados y analizados procedentes de esta mina señalan que ésta fue explotada en varios momentos, asociados a diferentes métodos de extracción:
Un primer periodo de explotación se produciría durante la Edad del Cobre, a través de la realización de pequeñas calicatas (Est. 9 y 10) con las que se beneficiaría los minerales ricos en cobre presentes en las zonas superficiales del filón. Esta cronología la proporciona el resto de hoja de silex hallado en una de las escombreras de estas labores mineras y su vinculación a dos yacimientos calcolíticos próximos (J-BE-9 y J-BE-49).
Los resultados de los análisis de Isótopos de Plomo realizados apoyan la existencia de una segunda fase de explotación durante la Edad del Bronce, ya que han determinado la consistencia entre los diferentes grupos de muestras recogidas de Peñalosa (básicamente de la Habitación VI) con los de esta mina y la de José Martín Palacios, dos de las minas del entorno que abastecerían de mineral este yacimiento minero-metalúrgico de la cuenca del Rumblar. Aunque este análisis no nos confirma de manera absoluta que una parte del mineral tratado en este yacimiento procediera de dicha mina, ya que la única certeza absoluta que se consigue con este método es la negativa, el saber que de cierta zona no viene el mineral (Hunt, 2006; Arboledas, 2006; Arboledas, en prensa).
Un tercer momento, y el primero de mayor explotación, se produciría en época romana republicana (s. II y I a.C) donde este filón se explotaría a través de una rafa o explotación a cielo abierto de más de un kilómetro. A este periodo podríamos asociar los martillos mineros de piedra documentados en los desmontes, aunque, a pesar de las tipologías que se han realizado (García Romero, 2002), sabemos que éste, no es un elemento material definitivo para adscribir esta mina este periodo. Sin embargo, vinculado a la explotación de la rafa en este periodo romano republicano, hallamos junto al extremo SW de la misma, dos asentamientos (Las Mendozas II (J-BE-40) y Marquesas (J-BE-43) donde vivirían los mineros y en los que se documenta, fundamentalmente, cerámica romana republicana de transporte y almacenaje (ánforas Dressel 1 y de tradición indígena) (Casado, 2001) y común de tradición ibérica (Lámina V y VI).
Además, debemos señalar la posibilidad de la existencia de otro momento en época Alto Imperial vinculado a las anteriormente mencionadas villas romanas, alto y bajo imperiales, emplazadas en la zona de vega pero muy cercanas a la mina42 y a la estela sepulcral infantil. Probablemente, éstas se dedicarían tanto a la actividad minera y agrícola de la rica llanura.
Otro hecho a destacar es la inexistencia de fundiciones en el entorno de esta explotación minera de gran envergadura. El último periodo, y segundo de mayor desarrollo del laboreo de esta mina, sería ya en el s. XX, y estaría vinculado a la explotación del plomo.
Tipo de yacimiento:Mina romana a cielo abierto.
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