domingo, 16 de julio de 2017

Amargura y Desengaño

Desde el Carril y porque no lo vieran más transeúntes de los que debieran, bajo por la Amargura dando esquinazo a Mestanza y Cotanillo, amago de calle buena y pendiente de espanto que se trazó con la bonanza que aún campaba un siglo antes. Unos lustros después la vía fue cortada en perpendicular, a media cuesta, por la traviesa del Desengaño, como lo fueron sus aspiraciones económicas y la ilusoria prosperidad. Era barrio de pecheros chicos y medianos, de grano y aceituna, crédulos hijos de la Ilustración, del trabajo y las creencias fisiocráticas, venidas a muchos menos por las guerras (y por los que siempre con estas tragedias pescan en revuelto), el despotismo y unas esperanzadoras desamortizaciones que, antes de nacer, fenecieron bajo el egoísmo de agrimensores y subastadores públicos. El latifundismo desgarrador y el rentismo de provincias avanzaban de forma irreversible.



miércoles, 12 de julio de 2017

Territorio, turismo y senderos temáticos: el caso de Baños de la Encina, Jaén

Mi última publicación en relación con el desarrollo de la práctica turística en Baños de la Encina (Jaén): http://uvadoc.uva.es/handle/10324/24334
"La segunda mitad del siglo XX fue para los municipios de la Sierra Morena de Jaén, y en general para todo el agro provincial, un periodo crítico que acarreó la total desaparición de las labores económicas tradicionales y, en gran medida, de la cultura material a ellas vinculada. Se modificó así, cuando no se arrasó, un paisaje cultural modelado durante siglos..."

El Cerro del Cueto desde Valdeloshuertos

La tierra se quebranta. A cada paso, según se avanza, se levanta bruscamente el polvo del camino, te envuelve, te reseca el aliento. La pesada atmósfera te aplasta contra el suelo, te agacha cuanto puede. El aceite de la jara, el ládano achicharrado, te viste de una calma chica, te envuelve de un aroma pesado, en un viento avaro, holgazán, que no hace ni un solo intento por desperezarse… chirría metálico el sonido de la chicharra, nos arropa un eterno ánimo de siesta.

Julio 2017


jueves, 6 de julio de 2017

Memento homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris

Pie en tierra, la ajedrezada solería de la nave escenifica el complejo juego de la vida, donde el libre albedrío apuesta por colgar de un hilo la eternidad del alma. En los escaques blancos y negros se dirime la apuesta de cada uno.


Fotografía: Rafael Alarcón Sierra. Ermita del Santo Cristo del Llano, Baños de la Encina.

sábado, 1 de julio de 2017

Sobre los serranos

A la espalda del humilladero se elevaba un murete con tres hilás de piedra y remate redondeado, de sillares perfectamente labrados, que abierto de tramo en tramo a modo de acceso cercaba en redondo todo el conjunto de la ermita. En su interior y a modo de sacro preámbulo, un magnífico empedrado hacías las veces de lonja o pórtico del santuario, lugar destinado a diversas ceremonias, procesiones y romerías relacionadas con el Cristo aunque, como justa extensión de lo que era y daba de sí el entorno, acababa una y otra vez como corral de bestias y de cuando en cuando como apeadero de serranos. Y así era, siendo aquellos pastores, serranos trashumantes (de la Serranía de Cuenca y el Señorío de Molina), gente bronca y de poco gastar en lo que no fuera más que necesario, de cuando en cuando se veían en la obligación de pergeñarse pan, aceite, algo de vino, patatas o cualquier otro avituallamiento, y con ese motivo aunque sin mucha querencia, se acercaban al pueblo, más por el ayuno de vino y por saber del mundo que por socializar. Y por ahorrarse unos reales en cuestión de fonda, alargaban los chatos de la noche hasta donde les daban de sí o les dejaban, y hasta sus alcances intentaban unirlos con el vasillo de aguardiente, que algunos apodaban como alcarreño, y la sobá de aceite que, casi con la amanecida y en el horno, se abrochaban entre pecho y espalda. Escasas eran las veces que enlazaban lo uno con lo otro en noches tan largas y duras como las de aquellos inviernos, y se veían abocados a encontrar soluciones de urgencia. Así que, amagando de devotos y si encontraban la ermita abierta a horas tan imprudentes, intentaban dormir en suelo sagrado y de balde, a cubierto de cualquier inclemencia y esperando las primeras luces.