Cada septiembre, la fiesta de los Esclavos mantiene viva en Baños de la Encina la devoción al Santo Cristo del Llano. Su histórica conmemoración se celebraba el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Cruz; con posterioridad, las celebraciones pasaron a otras fechas de septiembre. Pero, la documentación existente, ¿qué nos permite saber sobre sus comienzos y por qué recibió la cofradía el nombre de «Esclavitud»?
Para comprender la configuración histórica de estas fiestas conviene tener presente que en Baños de la Encina existieron antiguamente dos corporaciones religiosas diferenciadas, cada una vinculada a una de las principales devociones de la villa: la Esclavitud del Santo Cristo del Llano y la cofradía dedicada a Nuestra Señora de la Encina. La conmemoración principal de la virgen, patrona de la localidad, giraba en torno a su romería, que tenía lugar el día 9 de mayo. Complementariamente, una segunda festividad tenía lugar el 8 de septiembre, Natividad de Nuestra Señora. Por su parte, la celebración vinculada al Santo Cristo tenía como fecha señalada el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. La tradición local recuerda asimismo que la Virgen de la Encina permanecía durante el año en su santuario de Los Cañuelos y era trasladada al pueblo con motivo de las celebraciones de septiembre, comenzando su novena al día siguiente de su llegada.
La referencia más clara que recoge este trabajo se encuentra en el testamento que Elvira Galindo, fallecida en 1708, otorgó en 1696. Mediante escritura de capellanía dispuso también la fundadora «…que el primer fruto de aceituna de las fincas que dejaba para tal fin se saque a almoneda o subasta al mayor postor y el producto se ponga a censo y sus rentas sean para la Esclavitud del Santo Cristo del Llano, como ayuda a las fiestas y demás gastos de dicha asociación»[1]. El documento acredita que por entonces ya existían una entidad con ese nombre y unas celebraciones a su cargo. No precisa, sin embargo, cuándo se fundó la cofradía ni quién instituyó la fiesta. En cualquier caso, la noticia apunta hacia la existencia, en la última década del siglo XVII, de un culto organizado en torno al Santo Cristo del Llano y la Santa Cruz.
La denominación de «Esclavitud» merece especial atención. En las cofradías de los siglos XVII y XVIII, el término podía emplearse en sentido devocional, expresando la entrega o sometimiento espiritual del fiel a Cristo, a la Virgen o al Santísimo Sacramento: «los “esclavos a lo divino” son los fieles que aceptan de forma voluntaria vivir al servicio de una devoción en particular»[2]. Desde esta perspectiva se ha explicado tradicionalmente el nombre de la Esclavitud del Santo Cristo del Llano y, por extensión, el de la actual fiesta de los Esclavos.
En este sentido, resulta especialmente interesante una marca lapidaria localizada en el dintel de la casona de los Delgado de Castilla, situada en la calle Isidoro Bodson, n.º 1, que fue morada de don Pedro García Delgado, fundador del santuario del Cristo del Llano. En el cargadero de piedra que corona el acceso, y ocupando su clave central, se encuentra tallado el escudo de la familia, flanqueado por los anagramas de Cristo y de la Virgen María. Sobre el cristograma IHS, situado a la izquierda e inscrito en un medallón circular, puede distinguirse la representación de un pequeño yugo, elemento que reviste un particular interés desde el punto de vista simbólico. Dentro de la tradición cristiana, el yugo simboliza principalmente la aceptación voluntaria de Cristo, la obediencia a sus enseñanzas y el compromiso de seguir su camino. Su significado no debe interpretarse, por tanto, en un sentido negativo asociado a la opresión o al sometimiento forzoso. Por el contrario, en el lenguaje religioso, «tomar el yugo de Cristo» expresa la voluntad consciente de ponerse a su servicio y vivir conforme a sus enseñanzas. Esta interpretación encuentra su principal fundamento en los Evangelios[3], donde Cristo invita a sus discípulos a tomar sobre sí su yugo, afirmando que «mi yugo es suave y mi carga ligera». A partir de este pasaje se desarrolla una simbología de especial fuerza: aceptar el yugo de Cristo supone someter de manera libre la propia voluntad a la suya, pero entendiendo esa entrega como una vía de liberación espiritual frente al pecado y las cargas mundanas.
Sin
embargo, como veremos, en el caso de Baños de la Encina existe otra
circunstancia, posiblemente complementaria, que aconseja profundizar en la
cuestión: la posible presencia o influencia de la Orden de la Santísima
Trinidad, cuya actividad estuvo históricamente vinculada, entre otras
funciones, a la redención de cautivos prisioneros de la Berbería, denominados
también como «esclavos».
Para
acercarnos a esa cuestión, hay que mirar más allá de la celebración: al
hospital de la Sangre de Christo, edificio situado en una encrucijada de
caminos; al nombre de la calle Trinidad; y a las cruces de la Orden que aún se
muestran en numerosas casas del pueblo. La Orden de la Santísima Trinidad
combinaba la hospitalidad con el rescate de «esclavos» en manos de los infieles.
Esa coincidencia hace plausible una vinculación entre los trinitarios y la
antigua Esclavitud del Santo Cristo del Llano, pero exige leer cada testimonio
en su justa medida. La investigación, a modo de hilo introductorio, comienza
con el recuerdo de una vecina, Manuela, cuya casa aún conserva parte del
antiguo conjunto hospitalario, en concreto sus bóvedas de cimentación y bodegas.
La
historia posterior de las celebraciones ayuda también a explicar por qué la
actual fiesta reúne advocaciones y fechas que originalmente estuvieron
separadas. Según recoge la tradición local, las cofradías del Santo Cristo del
Llano y de Nuestra Señora de la Encina terminaron fusionándose en el siglo XIX.
Con aquella unión se habría producido también una reorganización del calendario
festivo: la celebración de la Virgen, tradicionalmente vinculada al 8 de
septiembre, pasó al 19 de septiembre, mientras que la del Santo Cristo,
anteriormente celebrada el día 14, pasó al 20 de septiembre. Posteriormente, al
21 de septiembre se incorporó la festividad de San Mateo, bajo cuya advocación
está la parroquia, configurándose así la secuencia de los días 19, 20 y 21 que
caracteriza actualmente a las fiestas de los Esclavos.
También
se ha conservado una interesante práctica vinculada a la novena de Nuestra
Señora de la Encina: la organización de los cofrades en nueve coros o grupos,
correspondiendo tradicionalmente a cada uno de ellos acompañar a la Virgen
durante uno de los nueve días. La memoria local recuerda igualmente que, tras
las celebraciones, San Mateo acompañaba a la Virgen hasta el paraje del Pozo
Nuevo - San Marcos, que en su tiempo tuvo ermita, lugar donde se producía la
despedida de que la imagen de la virgen, que regresaba entonces a su santuario
(ORTIZ, 2026)[4].
[1] Consultado el 05 de octubre de
2026 en https://diegomunozcobo.blogspot.com/2006_09_19_archive.html
[2] LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, M. L.
(2013): “Imágenes rescatadas, fieles esclavos: un lenguaje devocional entre
simbolismo y realidad”, Chronica Nova, 39. pp. 115-146.
[3]
Evangelio de San Mateo 11,
28-30.
[4] Consultado el 23 de septiembre de
2026 en http://mispropiascosas.blogspot.com/2026/09/fiesta-de-los-esclavos-de-banos-de-la.html

