sábado, 14 de febrero de 2026

Breve reseña histórica del Castillo de Baños, 1

El sol de otoño estaba bajando, como una bola de oro, entre lanudas nubes carmesí sobre los olivares y las polvorientas llanuras sin caminos, cuando pasamos a la fortaleza árabe ahora en ruinas. Su interior era una explanada ovalada, ahora usado como cementerio, como demostraban los montones de rica tierra roja que había por todas partes[1].

En 1875, tras una visita al pueblo, el pastor británico H. J. Rose nos relataba el castillo como una ruina decadente, postal muy propia para la época. No teniendo utilidad de mayor calibre, la fortaleza daba entonces asiento al camposanto de la localidad y ofrecía su solar a la muerte. El clérigo no supo ver que, bajo los túmulos, el castillo ocultaba cuatro milenios de fecunda historia. Siendo uno de los castillos más emblemáticos de al-Ándalus, por su antigüedad e imponente y bien conservada arquitectura militar, ha sido lugar de rodaje de diversas películas y reportajes musicales. Declarado Monumento Nacional (1931) e incluido en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, fue génesis de un Conjunto Histórico Artístico, el de Baños de la Encina, certificado por Orden Ministerial (1969). Como epílogo, es uno de los edificios bereberes más sobresalientes de la Península Ibérica, junto a la Giralda o la Torre del Oro, y uno de los conjuntos fortificados hispano-andalusíes mejor conservados de todos los tiempos.

Localizado en las estribaciones meridionales de la Sierra Morena de Jaén, en la esquina sur del pueblo de Baños de la Encina, el castillo se alza imponente sobre el Cerro del Cueto, un relieve residual formado por rocas detríticas de la Cobertura Tabular: conglomerados y areniscas rojizas. Muy usada en la arquitectura local, la arenisca es conocida como piedra de asperón. Bajo esta, que funciona como cimentación natural del castillo, aparecen pizarras de las Facies Culm de Los Pedroches (Macizo Ibérico). En su ladera sur, el hundimiento de la falla de Baños da paso a la fosa de Bailén y pone en contacto las rocas del Macizo Ibérico de Sierra Morena con la Depresión del Guadalquivir. Al mediodía, rompiendo el horizonte, queda la cordillera Bética.

Prehistoria Reciente y Antigüedad

Contrariamente al criterio de H. J. Rose, el Cerro del Cueto muestra hoy su prolífica historia. Poblado desde el Calcolítico debido a la riqueza minera de su entorno, cobre y galena argentífera (plomo y plata), las diferentes excavaciones arqueológicas realizadas en el castillo lo han venido a certificar. Han sacado a la luz placas de arquero, en arcilla, aunque realmente utilizadas como pesas de telar, fuentes de paredes abiertas y herramientas de piedra usadas en la cercana mina del Polígono-Contraminas, que fue explotada desde la etapa final de la Edad del Cobre[2]. Pero será con el cambio de milenio, en torno al 1950 a.C., cuando en la cuenca del río Rumblar se configure un impresionante emporio minero. Poblados centrales, mayores de 1 ha y localizados en posiciones estratégicas, administraban una enorme actividad metalúrgica mientras gestionaban el territorio y el comercio de los metales. Con esta finalidad se apoyan en otros dos tipos de enclaves: fortines de comunicación y filones mineros. En este complejo sistema de organización territorial, el Cerro del Cueto desempeñó un papel protagonista. Allí se levantó uno de aquellos poblados centrales, quizá uno de los mayores debido a su posición estratégica a caballo entre la campiña y la sierra, a modo de atalaya dominante frente a las minas de cobre del Polígono-Contraminas. El poblado, su acrópolis o ciudadela amurallada, ocupaba la mitad meridional del castillo, mientras que viviendas, calles y corrales se disponían en terrazas escalonadas derramándose por la ladera. Como testimonio de aquella cultura de la Edad del Bronce (1950-1450 a.C.), conocida como Argárica o del sudeste, en el interior del castillo podemos apreciar, en su esquina sur, algún muro de mampostería (1,20m de ancho), presencia de su cultura material, restos de actividades metalúrgicas y varios enterramientos bajo el firme de lo que fue el suelo de sus viviendas.

Tras una presencia testimonial durante el periodo ibérico, que se manifestó en un pequeño cuartel para control de las vías de comunicación que penetraban en el interior de la sierra, será en la etapa romana cuando el lugar del Cueto vuelva a desempeñar un papel principal. En la meseta superior, a poniente de los aljibes, se ha documentado un edificio monumental: un santuario. Gestado posiblemente con la centuriación de las tierras de la campiña, fue agente activo en su colonización mediante villae y asentamientos rurales. La escalinata que da acceso al pódium, varios capiteles de adscripción imperial y las losas de piedra de su solería, que serían reutilizadas en el pavimento de una calle almohade, subrayan el protagonismo que desempeñó el alto del Cueto durante los primeros siglos de nuestra era. El carácter sacro del monumento certifica una creencia popular: se sugería que en días de lluvia y escorrentía aparecían diminutas figuras de barro, posiblemente de terracota.




[1] COLECTIVO PROYECTO ARRAYANES (2011): Linares 1875. H.J. Rose. Un clérigo inglés en el distrito minero. Linares.

[2] MOYA GARCÍA, S. R. (2009): 'Actuación arqueológica puntual en el castillo de Burgalimar de Baños de la Encina (Jaén), 2007-2009', Anuario Arqueológico de Andalucía. Sevilla.