lunes, 5 de enero de 2026

Sobre el origen del santuario de la virgen de la Encina, 1

La suerte de los que ya calzamos cierta edad es que, poso sobre poso, hemos acumulado un lecho de gratos recuerdos y un filón de conocimiento, aunque también se ha almacenado alguna cicatriz sin cauterizar. Pero con el tiempo, la memoria, desbordada por las arrugas, es como ánfora reseca y agrietada a la que se le escapan los recuerdos por las quebraduras lañadas. Los que persisten a la sombra otoñal, languidecen y se enmarañan de tal manera que no llegas a reconocer con certeza cuando sucedió cada trasunto. Hay situaciones en las que, casi sin quererlo, llegas a situar la vuelta por delante de la ida. No es que la amnesia sea generalizada, pero con el santuario de la virgen me ocurre un tanto así. Lo más probable es que fuera en romería cuando pisé por primera vez las inmediaciones de la ermita y hasta la propia iglesia, de hecho, hay prueba fotográfica de la situación, pero no es ese el recuerdo más profundo que tengo del lugar. Lo mismo yerro, pero andaban los ochenta en sus prolegómenos cuando me llegó la noticia de que dos paisanos, Andrés y Juanito, andaban hurgando por los alrededores de la ermita armados de picola, palustre y cucharro, concretamente en lo que ahora conocemos como la villa romana. Y uno, que ya intuía querencias por la Historia y poseía una bicicleta derbi Rabasa por estrenar, tarde con tarde me acercaba a olisquear cómo llevaban la faena. De entonces, aún guardo en cualquier rincón olvidado algún trocito de estuco coloreado.

Santuario de la virgen de la Encina y el enclave romano

La primera ocupación del lugar de la ermita se derramó con las ruinas de la villa que hoy mal se pueden apreciar. Aunque, por el contrario, hay autores que consideran que lo que allí derramó sus piedras, ya sea por el reducido tamaño de su balnea o por su localización geográfica, fue una statio o una caupona, es decir, una taberna económica donde los viajeros podrían dormir, comer y asearse.  Pero ¿sobre qué se cimentan las edificaciones actuales, las que hoy dan forma al complejo del santuario de la virgen de la Encina que observamos? Si nos hacemos eco de los datos arqueológicos, tanto Concha Choclán como Sebastián Moya nos indican que, en el siglo V, tras el periodo romano, el lugar fue abandonado y no volvió a ser ocupado hasta avanzado el XV, ¡¡mil años después!! En el XVII, el balnea sufre una importante remodelación, pues se construyó una vivienda o taller que sirvió de apoyo a la reedificación de la iglesia levantada en el primer tercio del siglo XVII (1621 según de la clave de su puerta).

Pese a ello, en el edificio aparecen algunas singularidades que nos permiten pensar en la existencia de algunas estructuras defensivas anteriores al siglo XV. Así sucede en la pared suroriental del patio, donde, en su cimentación, se observa un tramo de muro con disposición atizonada.  Esta manera de edificar, que es propia del califato omeya, es muy distinta a la forma de proceder renacentista y barroca que define la fábrica bañusca, que se caracteriza por la presencia mayoritaria de muros construidos a soga. Aunque, testimonialmente, también hay algún edificio levantado a soga y tizón, como ocurre en algunos paños de la ermita del Cristo del Llano. El testimonio a tizón del santuario nos evoca ciertas construcciones sorianas edificadas durante el siglo X bajo la dirección del general Galib: es el caso del castillo de Gormaz, la ermita de las Mezquitillas o las murallas primitivas de Medinaceli. Pero los sillares a tizón no sólo están presentes en la cerca del patio, piezas sueltas, quizá reutilizadas, aparecen en la torre del crucero y en los contrafuertes del paño noroccidental, que curiosamente coinciden con las estructuras más antiguas del complejo eremítico.

Cimentación atizona del patio
Sillares reutilizado en torre y contrafuertes

¿Pudo levantarse en el lugar algún tipo de edificación andalusí de carácter defensivo, caso de una torre de control o fortín? No es una certeza firme, pero en caso cierto estaría conectado visualmente con el fuerte califal que ocupaba la cresta del cerro del Cueto, el que dio cimientos al castillo almohade de Baños de la Encina. Aunque hoy arrasados y sin excavar, es posible que también existieran otros fortines y torres de control. Es el caso de la estructura que precedió a la ermita de Santa Olalla, hoy molino de viento de Buenos Aires, la cimentación de la ermita de Santo Domingo o Calera, erigida sobre la cabecera del arroyo de la Celada, y el fortín de origen romano del cerro del Salcedo.


Distribución territorial de fortines en el escalón de Baños

1 comentario:

  1. Muy interesante. Lo que no entiendo es lo de a tizón pues nunca había reparado en ello tras verlo en algunos edificios, me refiero a qué significa

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