lunes, 11 de enero de 2010

Baños, portada de folletos turísticos (1)

La transición de milenio fue un momento decisivo para el turismo rural en nuestra Comunidad Autónoma, Andalucía. Hasta entonces, aunque había una normativa en materia de casas rurales del año 1994, era muy limitada. Fue en este momento cuando se llegó a tener conciencia de que el turismo rural podía constituirse como un sector empresarial interesante para el medio rural andaluz, no sólo desde la vertiente económica, también desde la social, la cultural y la ambiental.

La Consejería de Turismo y Deporte se puso manos a la obra y elaboró lo que dio en llamar “Plan Senda”. Se trataba de la elaboración de un diagnóstico del sector y, en base al mismo, propuso un conjunto de estrategias que debían regir medidas en materia legislativa, de ordenación y fomento del sector durante el primer lustro del siglo XXI. Gran parte de la legislación en la materia aún subsiste y regula la actividad turística en el medio rural mediante un decreto de 2002, que ya habría que ir modificando, al menos en parte. Y la verdad, las medidas que se tomaron a raíz de este Plan, pudiendo ser mejores, fueron aliciente suficiente para que nuestra Comunidad Autónoma, en número de establecimientos, sea al día de hoy la que mayor número presenta de España en un equilibrio con Castilla y León.

Quizá faltó un mayor compromiso con el patrimonio inmueble rural, fruto seguramente de una escasa relación con otras Consejerías, principalmente Cultura. Bajo mi punto de vista, este fue uno de los pocos equívocos, se edificó demasiado nuevo cuando se tenía que haber incentivado la restauración. Una orden de subvención posterior, de 2008, sobre conjuntos arquitectónicos singulares ha venido a paliar en cierto sentido este error, aunque no ha venido de la mano de una nueva categorización que ayudara a su comercialización. Todo vendrá.
Bueno, pues este Plan Senda tenía como pautas para iniciar su aplicación, proceder a la difusión de sus estrategias entre el tejido que formaba el sector: debía llegar a empresarios, promotores, emprendedores, trabajadores, asociaciones y administraciones locales. Para ello se dispuso de la edición del propio Plan, la realización de encuentros informativos y la difusión de los principales objetivos mediante la edición de un folleto promocional. Y ahí estaba nuestro pueblo: la portada mostraba nuestro castillo desde Cerro Moyano y el interior tenía como fondo nuestra “playa” del Tamujoso.


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