domingo, 27 de octubre de 2013

lunes, 23 de septiembre de 2013

Turismo paciente: Compuertas Parque Natural, la vida a la luz del Atlántico

http://www.andalucia.org/es/turismo-y-deporte/cadiz/compuertas-parque-natural/
 
Compuertas Parque Natural es una empresa dedicada al desarrollo de actividades turísticas y a la preñez de sensaciones en el marco de los espacios naturales de la provincia de Cádiz, tanto en la Bahía, como en Alcornocales o Doñana. La peculiaridad de estos espacios y su vinculación a la cultura, a la historia y a la propia vida de las gentes de esta tierra, los convierten en unas zonas de gran valor para el desarrollo de programas con amplio contenido interpretativo, educativo, lúdico, etc.
 
La propuesta  de Compuertas Parque Natural incide de lleno en estos valores y propone diferentes productos turísticos agrupados en Naturaleza, Cultura y Gastronomía. Así, entre su amplia oferta cuenta con rutas temáticas tan atractivas como "El muelle pesquero", en Rota, o la "Isla del asedio"; la visita a diferentes salinas activas, tanto de San Fernando como de Sanlúcar, para conocer la "cosecha" o pasear entre caños y esteros; introducirse en pequeños talleres de elaboración artesana, como el mimbre; navegar entre las artes del atún, en Barbate; o colarse en el hábitat de las algas, porque Cádiz huele a algas.
 
Además de estos contenidos, intentan en todo momento sumar valores al espacio natural. Es por ello que, durante el desarrollo de las visitas, ofrecen una sencilla degustación de productos de la zona que crean un ambiente muy agradable en este marco inigualable. Una copita de manzanilla o moscatel, un cartuchito de camarones, o unas tortas de aceite y polvorón de Sanlúcar  son un acompañante perfecto para la mañana o el atardecer en la salina.

 



viernes, 13 de septiembre de 2013

De música y otras cosillas

Uno se crío, musicalmente, en un revoltijo, entre un barullo de cintas de mi primo José María, donde igual alternaban los Chichos, que Bonie M o Los Puntos. A ellos se sumaron los pasodobles de “Los Esclavos” o las cansinas orquestas del primer “Emigrante”.

Pero, a hurtadillas, algunas tardes me cobijaba en el cuarto de mi chacho Vicente con un viejo radio casete que, jubilado del horno, me descubría extrañas melodías, todas ajenas a mi andurrear cotidiano. Allí, a mi antojo, me di de bruces con “Diario Pop” y arrabales. ¡“pa” qué contar!, mi primera banda señera fueron los inigualables “Tarik y la Fábrica de Colores”. Allí fui descubriendo, a migajas, el pasado más inmediato y el futuro que acechaba.

No tardé en colarme en “movidas” varias. Así, mi bisoñez se inclinó pa Vigo, mientras que mi corazón tiraba de Madrid y mi ardor al primer Euskadi que se aferró como hierro ardiente con la inmediata aparición de Kortatu.

Palurdete, cuando llegué a Jaén intenté disimularlo, más aún en temas musicales, donde mi buen aprender radiofónico me daba cancha. Pero, ¡ay de mi!, cuando en mi primer “Lagarto”, ya con la buena compañía de mi amigo Hilario, más puesto en estas cosas del rock, aparecí más de vacío que el bueno de mi amigo “José María” en una fiesta de cumpleaños. Aquello era todo intendencia: neveras y neveras de “bebercio” pa blincar con un poco de alegría y holgura económica.

Aquel año anduvieron de invitados, creo recordar, los M-Clan.

Bueno, pues andaron años y mudanzas y con tanta “hambre” pasada a la mínima que uno pudo pegarle un bocado a un mendrugo no dejó pasar la ocasión. Así, como cuando en un plan turístico hubo que jurar que las aguas el Guadalquivir fluían entre las Migaldías y el Tamujoso con más contundencia que las que afirman lo propio de la Sierra de María, hice las tretas que pude para encaramar a mi pueblo a la cartelera del rock patrio.

Abrió camino, muy flojete, “El Norte”, pero le sucedieron otros como “Buenas Noches Rose”, “La Frontera”, “Hermanos Dalton”, Tahúres Zurdos o el primer y auténtico Ska-p. Pero, en una de ellas, por mayo, anduvo por aquí Rosendo. Uno, en su papel, más estirao que un palo de polo y, en esas, a poco de comenzar el concierto, veo que de un coche foráneo se baja un patrullón cargado de neveras. Hilario, Marisol, “el negro” y alguno que otro de Linares; se me cayó un lagrimón.

¡Menuda noche!


domingo, 8 de septiembre de 2013

De mudanza

Cosas del aquí y allá, por estos días del ’82 andaba de mudanza.

Por entonces, los pocos que en mi pueblo brincaban la EGB tenían la correcta tendencia de ejercer el bachiller en la vecina localidad de Bailén. Era cosa de pura logística, pues a la mayor cercanía se sumaba la intendencia de transporte: ida y vuelta a pie de obra y en el minuto de fichar.

Pero, como decía, cosas del aquí y allá, que un servidor acabó haciendo las primeras en la ciudad minera y estrenando el Cástulo, cuando aún se nominaba mixto número 2 y los bocadillos del recreo siempre eran de “perrito caliente”, vendidos bajo la escalera del primero.

Comencé con mal pie, pero se ve que no era el izquierdo y acabé un año excepcional, y no solo en lo académico. Pero la suerte estaba echada desde el principio y con septiembre vendrían las mudanzas al María Bellido.

La víspera, un servidor, “ilustrado” y con mundo -ya verás-, incité a mi gente a escuchar la recién pirateada cinta de Leño. Los “merguis”, en la línea de subterfugio en la que andábamos, ofrecieron la vieja casa de sus padres en la calle Amargura, la que ahora es de Antonio, para el trapicheo.

Andábamos en esas por la azotea, pergeñando un viejo radio casete de Juanatos para darle marcha a la cinta. Pero nos tiraba el monte, eran muchos años en el Corralón saltando bardales. Así que, entre “corre, corre” y “qué tire la toalla” dimos el brinco al vecino de abajo, a olisquear (perdona Ani).

Poco vimos que no conociéramos pero, ¡ay!, qué en la alacena encontramos una orza de carne de monte en aceite, que paciente esperaba la visita de su ausente destinatario. Improvisando y a hurtadillas de Lola nos dimos una jartá. Terminó su andadura la cinta, y la sartén, y cada uno para su casa.

Creo que no llegó la noche y llegaron los primeros retorcijones. Primero leves y después achuchaíllos, tanto que no me valió, tuve que llamar la atención de mis mayores. Hospital de Linares, supuesta apendicitis aguda, uno callao como un muerto, los otros cagaos por si eran intoxicación.

Total, dos días sin comer, pues aunque era apendicitis parecía que no había llegado a mal puerto, y la mudanza que tuvo que retrasarse. De paso, evité el castigo como novato, pues en el revolicio explica tú que siendo nuevo no eras novicio.