jueves, 26 de julio de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
De hienas y zorras...
Andaban otros tiempos, tiempos en los que la liturgia previa a un concierto era tan orquestada como la propia asistencia al evento,… y por aquellos días Dr Feelgood aterrizó con ganas de agradar por la ciudad de la calle Elvira, el Cebollas y el de Enfrente de la PPO. En esas, le colocaron de retahíla al Pitos de 091, a Amparo Sánchez,…y a Los Enemigos. ¡Ay!, Los Enemigos, ¡todo un acontecimiento al que nos apuntamos sin dudar!
Preparamos con detalle los prolegómenos. La bebida no era problema, pese a estar cortillos de peseteo, junto al auditorio, en Armilla, había un gran supermercado que nos podría, debería, proveer de alpiste a bajo precio. Después habría que colarla en la fiesta pero eso era ya un mal menor. Más problemático era el desplazamiento. A tiro de piedra de Almanjáyar, en Cartuja Alta, era de obligado cumplimiento algún que otro trasbordo y un rato a pie, sin problemas, ¡bendita e imprudente juventud!
En destino y ataviados de los pertrechos necesarios decidimos que fuera Sergio el elegido para penetrar en el recinto, con premeditación y alevosía le iríamos pasando el condumio a través de la reja. Buen amigo entre los que los haya, en temas de ciencia era como meter a la zorra en el gallinero, la cabra tira al monte. Y así fue.
El estraperlo fue complicado, pues aunque la valla era de rejas el continuo trasiego de vigilantes nos obligó a buscar rincones a espaldas del trasiego y a actuar con paciencia. Pero toda faena tiene su oreja y en los preámbulos ya estábamos colando la portería con telarañas en los bolsillos pero más anchos que largos ante el cercano acontecer que entendíamos benigno.
La primera media hora nos dijimos torpes de libro, no había quién encontrara al buen amigo y la sed ya medraba. Dejamos momentáneamente la búsqueda y pateamos un rato las balas de 091. En esas, superada la primera hora del trance, el de Arbuniel llegó a primera fila renqueante y con un codo dislocado. De la tragantía ya nada se supo. ¡Ay de nosotros qué, cómo ahora, dejamos el morral en manos de hienas! (y el apelativo no va por Sergio que era más de zorro viejo).
domingo, 24 de junio de 2012
Al hilo...
...interesante enlace, ¡a buenas horas mangas verdes!
http://blogplazavieja.blogspot.com.es/2012/01/las-huertas-historicas-de-ubeda-en.html
http://blogplazavieja.blogspot.com.es/2012/01/las-huertas-historicas-de-ubeda-en.html
sábado, 23 de junio de 2012
... pues me parece una burla, y un fraude
Bastantes días atrás asistía perplejo y con una cara de tonto que no me cabía en el cuerpo a un anuncio de un reconocido refresco. La marca propietaria del susodicho, actor principal de estas cosas de la globalidad, viene apuntando de manera constante a la bondad de las gentes, a la ingenuidad de lo diario, a la sencillez de lo cotidiano; ¡vamos!, a lo más hondo del corazón de las buenas gentes. Los recovecos de la mente quedan para anuncios de productos más exclusivos, “ya se sabe”.
A un servidor, vencido en cien mil batallas, eterno defensor de lo pueblerino, de las relaciones económicas, sociales y territoriales a las que deben dar cobijo esas cuatro casas mal repartidas, pero entendidas éstas no como bonitos chalés pareados que semejan alcobas de diseño abundantes en plantas y maceteros con aire de grandeza. Como diría mi buen amigo Antonio al hilo de los pueblos de Albarracín “las plazas son para que abreve el ganado, para recogerlo en días importantes o de abrigo, para llenarlas de murmullos y voces, para que “la tierra respire en los sitios del común”; no para que mueran aplastadas bajo el asfalto”. Las nuestras han muerto, y ya huelen.
A un servidor toda esta campaña publicitaria le parece una burla.
Días después leí en el “Ideal” que a un pueblo convecino nuestro, Espeluy, lo han tocado con la varita. Sus calles y plazas darán lustre y sonrojo a aguerridos y cansados oficinistas de entre semana huérfanos de lo rural.
¿Aún hoy es posible creer en la generosidad de nuestros pueblos?, ahora qué han sido mutilados en la picadora de la globalidad.
Hace por estos días veinte años, los mismos que cumplía por entonces la edición de un buen estudio socioeconómico de la provincia de Jaén (1972), que la coyuntura vino al dedillo para invertir en actualizar datos y llegar a las conclusiones del momento. Mano a mano, durante un año, Vicente, Egidio y un servidor fuimos acumulando material y números y aunque no éramos los encargados de llegar a conclusiones, las fuimos sacando. No eran tiempos de bonanza, pero la provincia vivía con intensidad años de crecimiento continuado en número de pies de olivar, un aumento desenfrenado que entendíamos que no pintaba bien, pese a la coyuntura local. Pipiolo que hasta bien poco atrás se habían dedicado a desempolvar manuales de geografía humana, de economía,…, de historia, no entendía como, a largo plazo, podía ser bondadosa esta caminata hacia las estructuras del monocultivo, sostén de comunidades pisoteadas por los nuevos imperialismos financieros. De todas formas nos es que fuéramos muy listos, pues ya lo decían nuestros abuelos con palabras mucho más sencillas y con más sentido práctico, “no eran nada bueno poner todos los huevos en las misma canasta”, y yo añado que aún es peor si no somos nosotros quiénes la cogemos fuerte por el asa.
Puede que alguno también llegara a las mismas conclusiones, de ahí que el análisis, la publicación, durmiera y siga durmiendo el sueño de los justos mientras los planes estratégicos reparten flores y más flores.
Bueno, pues pasados veinte años, después de recrearnos con el caramelo de las vacas gordas que nos pusieron en la boca, han llegado las flacas. Y ahora no solo hemos dado un paso atrás, también hacia al lado. Los pueblos ya no son las estructuras económicas, y productivas, que eran. Ahora son meros distribuidores de productos transformados. Mi padre, tirando a lo suyo, decía “te das cuenta, por la noche, día a día, huele menos a pan, y eso no es bueno, nada bueno”. Y es que, entre todos, hemos acabado con el mercado local entendido como sistema productivo.
Tampoco cobijan las mismas estructuras territoriales, el común ha mermado al amparo del egoísmo privado e ideas mesiánicas: caminos, dehesas, baldíos, ruedos, etc. ¡Y qué decir de las sociales! No, definitivamente no, los pueblos ya no son pueblos, con seguridad son otra cosa.
Y mientras, un día sí y otro también, a toda página seguimos anunciando la creación de una nueva y potente industria de jabón que utiliza el aceite de oliva como materia prima, con una extraordinaria plantilla formada por dos personas, ¡vamos!, la nueva revolución del desarrollo ¿local, rural, sostenible?
Lo siento, pero todo esto me parece una burla.
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